Una salida para Israel
En 1995 fue asesinado Isaac Rabin, Primer Ministro de Israel, tras entonar "La Canción de la Paz" junto con una multitud reunida en una plaza en Tel Aviv al grito de "Sí a la paz, no a la violencia". El asesino era un israelí de extrema derecha que, como muchos en su país, se oponía a los planes de paz con Palestina que necesariamente incluían concesiones de Israel para la contraparte.
Algunos años antes Rabin había dicho una frase extraordinaria: "Debemos combatir el terrorismo como si no hubiera proceso de paz, y trabajar por la paz como si no hubiera terrorismo." La frase es extraordinaria en parte por quien la pronunciaba. Rabin estuvo dedicado a la lucha armada durante casi tres décadas, incluyendo su participación en el ejército clandestino hebreo durante el mandato británico en Palestina, y su papel como actor principal en la Guerra de Independencia y en la Guerra de los Seis Días. Es decir, no era alguien que rehuía el combate. Pero, paradójicamente, durante su período como Primer Ministro fue clave en pasos importantes en el camino hacia la paz, tales como los denominados Acuerdos de Oslo en 1993 y un Tratado de Paz con Jordania, al punto que le merecieron el Premio Nobel de la Paz en 1994.
Pienso que en aquella famosa frase Israel puede encontrar luz para acometer el inmenso reto que tiene hoy con su guerra en Gaza. Debería tomar la iniciativa en este momento –sí en medio de una cruenta guerra– de presentar un plan de paz agresivo con Palestina, sobre la conocida premisa de dos estados. Una iniciativa así es una locura casi peor que la irracionalidad de Hamas de lanzar el ataque del 7 de octubre, y que la violenta incursión armada en Gaza con sus terribles daños colaterales.
Pero me parece que es la locura que puede neutralizar el efecto de la trampa en que ha caído Israel erosionando cada vez más su caudal de apoyo de la comunidad internacional. Aunque debe mantener el imperativo de reducir al mínimo posible las consecuencias de sus ataques para la población civil, y a mi juicio debe también resistirse a toda caracterización de la guerra como una venganza en lugar de un acto de legítima defensa, Israel no puede "moderar" el nivel de su combate con Hamas.
La campaña para la desactivación de esta agrupación debe ser decisiva. Pero paralelamente Israel haría bien, en este mismo momento, en presentar un plan real y ambicioso de paz con Palestina, convocando a actores importantes del escenario internacional que provean apoyo, credibilidad y sí, presión, hacia una solución definitiva. Si Israel presenta un plan creíble y pragmático pudiera abrirse el camino a una paz duradera, por quimérico que parezca.
Pero aún si la iniciativa topara con pared con los palestinos algo se habría ganado. Se habrá descubierto ante el mundo la responsabilidad de Palestina en el conflicto, principalmente ante sus propios habitantes. Hamas quedaría sin rastro de legitimidad. Pero en cualquier caso Israel habrá recuperado o mantenido su estatura moral en el conflicto y la legitimidad de su propia postura, en este momento ambas amenazadas. Claro que hay obstáculos que parecen insalvables. Por ejemplo la gran pregunta de cuál sería el interlocutor de Israel en un proceso de paz con Palestina, la complicada política interna en Israel, las voces que dirán "ya se intentó" (Camp David, 2000, con Ehud Barak). Pero la gravedad de la situación amerita ejercitar la creatividad al máximo y estar dispuestos a tomar riesgos.
Viene a la mente un pasaje de la Biblia del que la frase de Rabin parece hacer cierto eco. Se trata de la época de la restauración de Israel en Jerusalén en el siglo IV A.C. tras el destierro en Babilonia, en la que el pueblo enfrentaba oposición. "A partir de aquel día la mitad de mi gente trabajaba en la obra, mientras la otra mitad permanecía armada con lanzas, escudos, arcos y corazas… Tanto los que reconstruían la muralla como los que acarreaban los materiales no descuidaban ni la obra ni la defensa. Todos los que trabajaban en la reconstrucción llevaban la espada a la cintura." (Neh 4:16-18)
Contrariamente a lo que diría la intuición, la obra de construcción, en este caso de una paz duradera, no es incompatible con la lucha. Israel no puede sino combatir el terrorismo procedente de Gaza con todo, como si no hubiera proceso de paz posible, pero simultáneamente podría procurar avanzar hacia la paz con Palestina, como si no hubiera terrorismo.