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Reportaje Especial

Santos Bonilla: El niño que se quemó el 97% del cuerpo y hoy es un joven deportista lleno de sueños

Cilindro de gas explotó cuando tenía 2 años y medio.

5 de Dic. 2021 | 9:07 am
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Todo ocurrió en el 2005, cuando tenía 2 años y medio. En ese momento, se encontraba con su mamá y sus hermanos en su casa, en Barrio Luján.

"Mi mamá ese día pidió un cilindro de gas. Siempre tenía la costumbre de sacarnos de la casa mientras lo instalaban, pero ese día no. El muchacho lo puso mal y el gas se empezó a esparcir por toda la casa y cuando mi mamá encendió la cocina, explotó el gas y la casa se incendió", detalló.

En la misma desesperación, la madre de Santos corrió por su hijo más pequeño, quien tenía pocos meses en ese momento.

Su otra hija, la mayor -de 3 años- se quemó en el 67% del cuerpo, pero quien llevó la peor parte fue Santos.

"Una tía sacó a mi hermana de la casa, pero yo andaba buscando a mi mamá y nos separaba una llama, yo por ir donde ella, me tiré a la llama. Mami dice que en ese momento perdió la conciencia", detalló.

Santos fue rescatado y estuvo en situación crítica en el Hospital Nacional de Niños (HNN). Era un caso muy complejo y los doctores no creían que sobreviviría, pues sus quemaduras eran de tercer grado.

Dice mi mamá que los doctores le decían que yo ya estaba muerto, que firmara para desconectarme, pero ella no quiso.

Los médicos sabían que, si el niño se quedaba en Costa Rica, tenía pocas probabilidades de vida, así que se hizo una campaña para recaudar fondos y en cuestión de días lo enviaron con su padre, para ser atendido en un hospital especializado, en Estados Unidos.

"A los 3 días de estar allá, llamaron a mi mamá para decirle que yo estaba bien, que estaba vivo, pero que me habían tenido que quitar una pierna porque me dio una gangrena. Me quitaron la piel quemada. Me amputaron el pie derecho, me quitaron del talón para abajo" explicó.

El proceso fue extenso y las intervenciones médicas se extendieron casi durante un año. Luego, iba constantemente a operaciones y análisis.

"Me hicieron injertos de piel, tengo varios parches. Hay partes del cuerpo que no las siento. Todavía voy a citas al hospital México", detalló.

Los estudios y el apoyo

Si hay algo que Santos tiene muy presente es el día que ingresó al kínder. Sus amigos, los bomberos, tuvieron una gran idea para que sus compañeros entendieran lo que había pasado.

"Me acuerdo que los mismos bomberos y el HNN hicieron un video conmigo, les dijeron a mis compañeros que yo había tenido un accidente, para que los chiquitos no se asustaran y no me hicieran bullying", expresó.

Este joven de 19 años reconoce que nunca se sintió excluido, sus compañeros siempre jugaban con él y lo apoyaron en todo lo que hacía.

Desde el primer día que me di cuenta que había tenido un accidente, sinceramente nunca me he sentido mal. Yo sé que las cosas pasan por algo y como dicen mis compañeros, Dios tiene un propósito para mí. Siempre me he aceptado y nunca, nunca he tenido un rechazo de nadie", dijo con orgullo.

Precisamente, este año concluirá sus estudios de secundaria y espera ingresar a la universidad a estudiar ingeniería en sistemas.

El sueño de ser futbolista

Hace algunos meses, recibió una invitación para ser parte del Sporting FC, donde logró debutar en setiembre anterior, en fútbol adaptado. 

"Siempre he jugado bola, en el cole. Ahorita juego como mediocampista. Debuté contra Curridabat. El día que entré un compañero me dijo 'tranquilo que aquí todos lo vamos a querer, todos lo vamos a apoyar'. Con las muletas el primer día no sabía cómo utilizarlas y uno de los jugadores me ayudó. Empecé a muletear, a trotar y luego a correr y me dijo 'eso que usted hizo, por lo menos un mes se hubiera tomado otra persona'. Me sentí muy emocionado", afirmó.

Uno de sus máximos sueños es ser parte de la Selección de Fútbol Adaptado.

"Yo le estoy poniendo demasiado. Yo quiero jugar con la selección. Después de debutar les dije a mis compañeros 'quiero jugar en la selección", apuntó el vecino de Grecia.

Según este joven de 19 años, siempre recibe lindos comentarios, porque sus allegados valoran lo valiente que es y el hecho de que esté vivo, cuando los pronósticos decían lo contrario.

"Casi todo el mundo me dice lo mismo, que soy una bendición de Dios, que no me sienta mal. Yo nunca me he sentido mal", manifestó.

Finalmente, envió un mensaje a todos los jóvenes para que disfruten su vida:

Que valoren lo que tienen. Uno se ve en estas situaciones, sin una pierna. Que no estén encerrados en un cuarto con un teléfono, que salgan a correr, que se diviertan con las demás personas, que no pasen solo metidos en el teléfono y que aprovechen el deporte, que hagan cosas que otras personas no pueden hacer, como yo, que no puedo jugar en un equipo profesional.

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