Rigo, el hombre que encontró la felicidad en medio del dolor
En 1992 sufrió de un coma diabético y un paro cardiaco. Quedó postrado en una cama y sin hablar
"Hoy yo no cambiaría un día de los que vivo. Ni si quiera por uno de esos días en los que aparentaba gozar de buena salud.
Antes podía hablar y caminar más rápido, pero me he dado cuenta de que no era feliz. Tampoco tenía la paz que hoy disfruto.
A mis 23 años, mi vida cambió. Iniciaba mi carrera como oficial de tránsito y estaba recién casado, pero nunca imaginé que iba a sufrir de un coma diabético. Una diarrea mal tratada me produjo una fuerte deshidratación, por la cual convulsioné y pasé a un estado de paro respiratorio.
Mi salud se complicó. Un principio de diabetes originó un coma que me dejó 6 meses en la unidad de cuidados intensivos del Hospital San Vicente de Paúl en Heredia. En ese periodo de coma, yo vi a un hombre con un manto blanco que extendía su mano hacia mí.
Posteriormente inicié un proceso de recuperación que tardó medio año. En mi familia nadie se lo esperaba. Yo era el hijo mayor y de la noche a la mañana, todo cambió.
Quedé postrado en una cama y perdí mis facultades para hablar. Mis manos quedaron retorcidas, mis brazos y piernas estaban entumidos, mis pies encorvados y los dedos quedaron apuñados. Todos los músculos quedaron rígidos.
Hoy solo les puedo decir que gracias a Dios estoy aquí. Por medio de un alfabeto me comunico con las personas. Lo llevo a todas partes y despacio voy señalando cada una de las letras de las palabras que quiero expresar. También he diseñado un lenguaje con mis amigos y familiares, usando una hoja con letras.
Cuando parpadeo con mis ojos una vez, eso significa que sí. Para decir que no muevo un poco la cabeza. Aunque mi mamá con una mirada ya sabe lo que quiero decir.
El mayor de mis sufrimientos era el sentirme vacío y solo. Aunque estaba rodeado de mi familia, yo tenía que ocultar mi dolor.
Tras siete años de padecer la parálisis, guardé mis pensamientos en lo más profundo de mi corazón. Mi mundo interior era horrible: lleno de resentimientos, tristezas y sufrimientos por un cuerpo inservible. En medio de mi enfermedad, la mujer que era mi esposa decidió partir cuando mi hijo Rodrigo Alonso estaba pequeño.
Mi mamá dice que Dios me ha devuelto dos veces: cuando reviví del coma y luego de una cirugía donde me quitaron una hernia de más de 3 kilos, que me dejó complicaciones y 25 puntadas en un costado…
En mi corazón se había terminado el deseo de vivir. El 1° de agosto pensé en suicidarme, sin embargo, mi hermano me invitó a una reunión en la que unos hombres me recibieron con gran amabilidad y me ayudaron a mejorar mi relación con Jesús.
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Yo creo que él era quien extendía su mano sobre mí en el Hospital. Hablo con él siempre y tuve que pedir perdón y perdonar a muchas personas para tener paz. También su poder se ha manifestado de muchas maneras, por ejemplo mi hermana no podía tener hijos y yo le pedí a Dios por eso. Ahora soy padrino.
Los problemas siguen dándose pero he aprendido a entregárselos a Dios, él me da la fortaleza para caminar sobre ellos. Empecé a tener fe y dejé de usar una silla de ruedas. Hoy camino por mis propios medios y hasta puedo andar en bicicleta por mi barrio en San Joaquín de Flores.
Además disfruto al máximo el poder compartir con mis nietos Alexander y Samanta. Sin temor a equivocarme, no cambiaría un día de los que vivo hoy por uno de esos días en lo que creía tener buena salud. En ese entonces yo estaba muerto en vida…
Sí se puede salir adelante. Hoy soy verdaderamente feliz".
