“Perfumar la chancha”
Cuando se realizan esfuerzos para alcanzar una meta o lograr un objetivo y estos resultan infructuosos, un amigo describe la situación como "perfumar la chancha", porque todo ese trabajo fue en vano. La historia social y personal está llena de muchos empeños que no alcanzaron el propósito determinado, pero que dejaron grandes enseñanzas y experiencias que en ocasiones no son aprovechadas.
La Constitución Política de Costa Rica establece que el gasto en educación tiene que ser de un 8%, rubro que no ha logrado cubrirse. Surgen así las voces que claman desde muchos sectores para que ese mandato constitucional se cumpla, aunque para llevarlo a cabo no se pueda seguir "raspando la olla".
Probablemente se crea que más disponibilidad de recursos económicos implicaría una mejoría en la calidad educativa. ¿Para qué más dinero si a lo mejor lo que realmente se necesita es una adecuada administración de los recursos que siempre serán insuficientes?
Parece ser una máxima entre los empresarios que las inversiones nunca se hacen con el dinero propio sino con el ajeno. Así, si hay pérdidas, serán otros los que pagan la factura. Pienso que en la administración pública sucede lo contrario: se invierte el dinero propio y mal, y con ello todos pagamos la factura. Una madre de familia afirmaba que el dinero para la educación de sus hijos lo veía como una inversión y no como un gasto. Creo que a como están las costas, en Costa Rica el dinero que se destina a la educación es más un gasto que una inversión. ¿El porqué de esta afirmación? Solo lea el informe del "Estado de la educasion" (sic) o investigue los resultados en las pruebas PISA y en las pruebas estandarizadas.
Al igual que ciertos personajes bíblicos, algunos gremios se rasgan las vestiduras porque el dinero para las becas no alcanza. Es cierto, ese "gasto" no alcanza para todo el estudiantado. ¿Pero si se invierte en quienes sí aprovechan esos recursos? Me refiero a aquellos estudiantes que están dispuestos a retribuir con buenas calificaciones y disciplina esa ayuda económica que reciben de nuestros impuestos. No solo hay que recibir, también hay que dar ¿Es razonable gastar en aquella persona que repite tres veces sétimo, dos veces octavo y termina abandonando el sistema educativo? ¿Y si esos recursos se invierten en enseñarles un oficio para que se ganen la vida honradamente? Hacen falta albañiles, carpinteros, choferes de autobús, taxistas, panaderos, cogedores de café, etc. Todos ellos oficios muy nobles.
Hace algunos años un jerarca manifestó que no le importaba en qué gastaban los estudiantes el dinero de las becas, siempre y cuando se mantuvieran en el sistema. Tenía razón, permanecen en el sistema, pero sin estudiar. En definitiva, al estudiantado hay que apoyarlo económicamente para que logre avanzar en su proyecto de vida, pero hay que pedirle resultados. Esto lo aprendí hace mucho en carne propia, porque las becas me ayudaron a financiar mis estudios.
Hay quienes sí invierten el dinero de la beca en educación: pasajes, libros, fotocopias, la merienda, etc. Pero hay también quienes lo gastan en la factura del celular, el pago del cable, el arreglo de las uñas, el tinte de moda…o en la dosis de droga.
Por lo pronto, recomiendo una reforma constitucional para cambiar la palabra "gasto" por "inversión". Tal vez con ese cambio se racionalice el uso los recursos públicos destinados a la educación y a las becas, para que realmente sean una inversión y no un gasto, porque si no, será como "perfumar la chancha".