Pantallas y títulos
Desde que tengo memoria he escuchado de la importancia de la calidad educativa. Después de treinta años de "conocer por dentro" los esfuerzos hechos por mejorar los procesos de aprendizaje, ¿podría afirmar que se ha mejorado esa calidad en esas últimas tres décadas? Definitivamente no. Menos desde que un "extraño de pelo largo" vino a proponer que fuera la "cola la que moviera al perro".
Ni los doscientos días efectivos de clases (que no son efectivos), ni la actualización de los programas de estudio, ni las "mejoras" al Reglamento de Evaluación (¡tan permisivo!), ni los cambios en la política educativa o curricular han permeado en una mejora sensible de la calidad educativa. Tampoco el dinero invertido en "compus, tables e interné" con tal propósito. Todavía estamos esperando que la ruta educativa que tanto ha ofrecido la actual ministra, salga de su mente iluminada y por fin, tengamos acceso a los derroteros que orienten el quehacer del MEP al menos en los próximos dos años, porque es casi seguro, como ha sucedido tantas veces, que con un nuevo gobierno aparecerán nuevas ocurrencias.
Problemáticas relacionadas con infraestructura de escuelas y colegios, los nombramientos y salarios, la capacitación docente, el acceso a internet y muchos otros, son temas de nunca acabar y es muy probable que nos acompañen de aquí a la eternidad, si no llegan a la esfera de quienes toman las decisiones, personas que se interesen realmente por mejorar la calidad de nuestra educación. Estos valientes han de "comerse la bronca" planteando cambios que sí ataquen desde la raíz, esas limitaciones antes mencionadas y muchas otras más.
Existen en la WEB distintos canales informativos, en los que expertos en diferentes temáticas ofrecen sus opiniones tendientes a hacer que el público meta se enriquezca y mejore su conocimiento en tópicos muy variados. Una de estas plataformas informáticas pone a disposición del público los vídeos "Aprendamos Juntos" con los que BBVA quiere "ofrecer a la sociedad las herramientas para enfrentar los grandes retos del futuro". En uno de esos vídeos, el doctor en neurociencia Michel Desmurget expone cómo afectan las pantallas (de todo tipo) la capacidad de aprendizaje de las jóvenes generaciones, pues entre otras cosas, alteran la capacidad de concentración, las habilidades lingüísticas y verbales, la socialización, la comunicación y el sueño entre otras.
¿Da lo mismo leer de una pantalla que de un texto impreso? Según la opinión del experto antes citado no, definitivamente no. Para él, lo mejor es dar libros, y cultivar el hábito de la lectura tan venido a menos. Otra recomendación que ofrece es la de limitar el tiempo de exposición de los niños a las pantallas, esto con la finalidad de que el desarrollo cerebral no se vea tan alterado (imagino que muchos padres y madres no querrán renunciar a la denominada "chupeta electrónica"). Por otra parte, Desmurget desmitifica al denominado "nativo digital", tan alabado y admirado en este siglo XXI para reducirlo a un mero consumidor de redes sociales o un simple usuario de mensajería de texto. La informática de verdad, requiere realmente de aquello que "si natura no da, Salamanca no presta".
Este doctor en neurociencia de origen francés, también comparte la opinión de la catedrática sueca Inger Enkvist, para quien la mejora educativa debe estar sustentada en la calidad docente, la cual no siempre depende de los títulos que posea el candidato a maestro o profesor. Pienso que está más que demostrado (informalmente) que la "titulitis" no ha sido el mejor criterio para llevar a las aulas a las personas idóneas para encargarlas de la educación de las jóvenes generaciones; menos aún si esta profesión no goza del prestigio social de antaño (al menos en nuestro país). Mayor dificultad si se toma en cuentea que para llevarla a cabo no se ofrecen las condiciones adecuadas junto con los nombramientos y la retribución económica pertinente en tiempo y forma.
Se impone, por tanto, actualizar la manera en que se eligen a los profesionales en educación, para que además de ser expertos en su asignatura, se incluyan criterios que tomen en cuenta las llamadas habilidades blandas (creatividad, pensamiento crítico, proactividad, capacidad para la enseñanza), las habilidades socioemocionales (empatía, compasión, buen humor, gestión emocional, resiliencia, etc.), la comunicación asertiva y la virtud de la abnegación.
Para iniciar con la mejora de la calidad educativa propongo simplemente dos cosas muy razonables: la próxima vez que un niño le pida a sus padres un teléfono móvil, denle un libro y explíquenle por qué; y la segunda: impleméntese lo antes posible las pruebas de idoneidad docente acompañadas pruebas psicométricas, porque la "titulitis" no ha dado buen resultado.
Docente y Psicólogo