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Opinión: El anillo del Nibelungo

Por Agencia / Redacción | 22 de May. 2018 | 4:32 am

La tradición oral germánica y escandinava cosecha el mito de los Enanos, seres terrestres asociados con el talento y la artesanía, pero incapaces de conservar sus inventos.

Wagner desarrolla en su monumental ópera Der Ring des Nibelungen, mediante cuatro obras escritas a lo largo de más de veinticinco años, la historia de poder alrededor del anillo labrado por el Enano Alberich (el Nibelungo): un anillo que permitiría a su dueño conquistar la Tierra. Incluso Wotan, el señor de todos los dioses, entra en el juego que barrunta sobre generaciones de traición, combates, asesinatos, suicidios, actos altruistas y desengaños amorosos. Al final, mueren los dioses con su ciudad, Valhalla. La sociedad colapsa.

Wagner produjo su opus basado en las versiones más extendidas del mito. Alberich habría forjado la joya partir de oro robado, y al perder el anillo bajo engaño, lo maldijo mediante una terrible runa, que le ocasionaría la perdición a quien fuese su poseedor. Así, en líneas generales…

Los Nibelungos y los Wotans de la historia

Por supuesto, semejante alegoría demanda interpretación socioeconómica. George Bernard Shaw propuso que Der Ring des Nibelungen no es sino una sátira a la sociedad industrial, sus abusos y sus peligros, desde la óptica socialista. Otros se han referido a los personajes de la obra como "arquetipos" inconscientes de la mente, desarrollados a partir del gradual congelamiento en las relaciones humanas, que llevan a la "individuación": una suerte de retroceso de la sociedad, que irremediablemente la destruye.

La literatura universal también recrea, por motivos que no son para explorarse aquí, la idea de ciertos seres metafóricamente bajos de estatura, hábiles, sagaces y transformadores del mundo.

La capacidad de desarrollar tecnología o una escuela de pensamiento, no garantiza necesariamente la habilidad de conservarla, administrarla, sacarle provecho.

Consideremos precisamente a los alemanes, quienes desde su pequeño país tienen la reputación de desarrollar, con rigidez y método, saltos tecnológicos que luego son usurpados por los gigantes comerciales y vendidos al mundo. Gigantes que precisamente son gendarmes en los portales del mercado mundial. Quis custodiet ipsos custodes?

El anillo del Solidarismo

Especulemos. Alguien maldijo el Sindicalismo mundial con una terrible runa. ¿Sería Hoffa en sus últimos instantes, o quizás mientras adivinaba la inminente traición que lo borró en cuerpo y legado?

Lo cierto es que en Costa Rica, por creernos centro-izquierda, hemos admitido entrada al Sindicalismo y a otros movimientos sociales mal tropicalizados, que concluida su histórica obra social hoy conducen al saqueo de nuestros tesoros, a la destrucción de los sistemas que conforman nuestra forma pacífica de vida: esas ciudades de nuestra idiosincrasia. Como el acabose del Valhalla. Pero también tenemos nuestra propia joya, natural, forjada desde nuestro razonamiento y nuestras raíces.

El Solidarismo es nuestra propia creación; anillo que nadie nos ha usurpado, construido de materia que no hemos robado, porque se nutre de nuestra idea como pueblo; anillo formado por eslabones: las manos de empresarios y obreros en la cadena de valor. No incorruptible, pero sin maldecir, porque somos un pueblo que en el fondo bendice y respeta al guayacán que se levanta, rompe montaña y muestra a sus semejantes cómo forjar prosperidad y repartir riqueza.

Randall Marín
Profesor universitario

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