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¡No a la coalición de cúpulas politiqueras! ¡Sí a la gran coalición popular!

Por Agencia / Redacción | 2 de Nov. 2024 | 4:18 am

Lo que hace pocos años hubiese sido impensable, hoy se revela con toda su putrefacción. El partido que fundó José Merino para denunciar la corrupción y las miserias de los grupos tradicionales de poder, hoy se abraza con la representación primordial de la impunidad y el clientelismo: el Partido Liberación Nacional.

Atemorizados en sus privilegios antiguos por las diatribas ensordecedoras e inconsistentes de los miércoles, se proclaman defensores de la institucionalidad democrática y sacan a relucir una supuesta identidad común socialdemócrata y progresista: ideologías vaciadas de contenido, más allá de la aplicación machotera del recetario keynesiano. No hay, en su diálogo de cúpulas, cabida alguna para la realidad obrera. Réplica el fracaso ideológico de los supuestos socialdemócratas y progresistas que, doquier en otras latitudes, con tal de aferrarse al poder, pactan con el liberalismo y se entregan a una espiral de incoherencias.

Llenan su agenda de todo menos de mejorar efectivamente la vida de la clase obrera: cualquier excusa les va bien para destruir fuentes de empleo, encarecer costos de producción, vender al mejor postor la cultura local, el sentimiento patriótico y la institución familiar. Truncan cualquier cuestionamiento o debate, pues se unen para tachar de "retrógrado" o de "ultraconservador" a cualquiera que ose levantar una bandera de valores y principios y a cualquiera que se atreva a afirmar la identidad católica en la herencia cultural de nuestro pueblo.

El Gobierno Chaves Robles ha fracasado en garantizar la seguridad y la paz en nuestra Patria, y no se ha interesado en combatir las situaciones de exclusión socioeconómica que aún dividen y ofenden a la salud de nuestra sociedad costarricense, pero muy mal haríamos en volver a oír los cantos de sirena de estos tagarotes oportunistas que pretenden hoy unirse y presentarse como la coalición necesaria para salvar el país, salvarlo para sus bolsillo y para sus tradicionales privilegios.

¡No, señor Miguel Guillén! ¡No, señor Ariel Robles! ¡Ustedes no representan el clamor popular de unidad, paz y prosperidad! No pueden representarlo porque no sienten con el pueblo, no hablan con los obreros, viven encerrados en sus burbujas de cristal.

Sí es impostergable una nueva y gran coalición popular, una forma por la gente que lucha, vive y sufre todos los días en las bases del pueblo que sostiene, con su trabajo diario, a la Patria. Una coalición que derrote por igual la fría insensibilidad tecnocrática de Zapote, como el oportunismo rastrero, politiquero y corrompido de las camarillas de Cuesta de Moras. La nueva unidad popular sólo podrá salir adelante sin estas rémoras. ¡Qué se vayan todos! El desorden, la inseguridad y el narcodominio actuales sí pueden ser derrotados por una fuerza colectiva con una moral superior, de unidad patriótica y popular, pero no por las camarillas mediatizadas, rémoras ideológicas de siempre, con la socialdemocracia en la lengua y el bolsillo propio a reventar mientras el país sufre hambre e indigencia.

Una coalición entre el P. L. N. y el F. A. sería la coalición de la hipocresía. ¡Y debemos derrotar a los hipócritas!
Por una auténtica coalición del pueblo, con liderazgos nacidos, enraizados y probados en sus buses, nos jugaremos el pellejo, pero contra una coalición de figurines sin más arraigo que el de sus camarillas de despacho, esperen el más digno y justo desprecio de la rabia obrera y popular.

Economista agrícola

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