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Vecina de Hatillo pasó del sueño de tener casa propia a vivir una pesadilla

Por Rebeca Ballestero | 1 de Ene. 2026 | 5:11 am

Joven denuncia graves fallas en construcción de su casa y enfrenta el proceso con valentía

Maryann Chavarría Zúñiga, de 29 años, creció en Hatillo, pero decidió cumplir el sueño de tener casa propia en Grecia. Estudia Nutrición y trabaja como diseñadora digital en Heredia.

Chavarría es una joven completamente normal, pero su historia podría ser la de muchos otros costarricenses. Aunque ha demostrado valentía, resiliencia y optimismo, afirma que la pesadilla que ha vivido no se la desea a nadie.

La joven empezó el 2025 con el sueño de tener su casa propia, usó todo su presupuesto, compuesto por ahorros y un préstamo bancario. Se asesoró y contrató a un ingeniero recomendado, quien a su vez le recomendó al maestro de obras. Estaba tranquila, porque tomó todas las previsiones del caso para que su proyecto de vida saliera bien.

Sin embargo, su historia no tuvo un final tan feliz y aquí es donde la joven ha buscado hacer conciencia sobre los riesgos que se viven en estos procesos y llama a la gente a estar bien "abispada" cuando ponen en manos de alguien su proyecto de vivienda.

Desde el mes de construcción la joven empezó a notar inconsistencias, pero los encargados de construcción le dijeron que era normal. Meses después, ya no eran inconsistencias, eran paredes caídas, tuberías rotas, muebles dañados, paredes descuadradas En fin, una casa inhabitable.

"Yo le dije (al ingeniero): 'Quiero construir esta casa. Mi presupuesto, honestamente, es de ¢50 millones. Quiero saber si alcanza'. Yo ya tenía el lote comprado. Él me dijo que sí, que lo podíamos hacer. Él fue quien me recomendó al maestro de obras y me dijo que era un hombre muy honrado y tranquilo. El banco me aprobó ¢43 millones y el resto, para llegar a los ¢50 millones, salía de fondos propios y de los ahorros que yo tenía", relató Maryann.

Con una actitud que define como una mezcla de lágrimas y esperanza, Maryann ha documentado el proceso en TikTok, donde ha encontrado desahogo y apoyo.

"A veces es una lloradita y a seguir, porque si uno deja la casa así, los daños son mayores y no es habitable", dijo.

El proyecto inició en febrero del 2025, pero al mes siguiente ya notó las primeras alertas: Observó huecos debajo de las paredes y, aunque expresó su preocupación, tanto el ingeniero como el maestro de obras le aseguraron que "así se trabajaba" y que todo quedaría correctamente relleno con concreto y lastre.

La promesa de entrega para junio nunca se cumplió. El 25 de junio, durante una visita familiar para cortar zacate, ocurrieron más señales de alerta: la cochera estaba excesivamente empinada, con un desnivel de aproximadamente metro y medio. Ese mismo día, su madre sufrió una caída en el lugar.

El verdadero alcance del problema se hizo evidente en agosto, cuando su tío —maestro de obras— llegó a la construcción. Fue entonces cuando descubrieron una cadena de fallas graves: una tapia colapsada, muebles de cocina caídos, tuberías quebradas que inundaban la casa en segundos, paredes descuadradas y una estructura comprometida desde sus bases.

Hasta ahora, Maryann ha invertido más de ¢20 millones adicionales en reparaciones urgentes y, según un peritaje técnico que pagó como parte del proceso legal, los daños podrían alcanzar casi ¢40 millones. La demanda por incumplimiento de contrato fue presentada en octubre, luego de que el ingeniero se negara a asumir las reparaciones y rechazara continuar el proceso cuando se le planteó formalizar un nuevo acuerdo.

"Cuando nos dimos cuenta de todos los errores, tuve una reunión con el ingeniero, donde admitió no saber de algunos errores y conocer otros, pero no habérmelos dicho a mí. En esa reunión habíamos quedado, de palabra, en que él se iba a hacer cargo de las reparaciones. Yo hablé con una amiga abogada y me dijo que hiciera un nuevo contrato y que lo firmara. Cuando llegué donde él con el contrato, ahí me dijo que ya no, que si ya empezábamos con abogados eso no le gustaba. Entonces empezamos con el CFIA a intentar conciliar. La idea era que él se hiciera cargo, al menos, de los errores más grandes. Resulta que él no quiso y ahí fue cuando tuvimos que pasar a lo legal", contó.

Pese a todo, Maryann decidió no rendirse. Hoy, aunque aún no puede vivir en su casa, continúa con las reparaciones junto a su tío y un ayudante, mientras ella, su madre y su hermano pasan largas jornadas trabajando en la vivienda. Incluso tuvo que dejar el alquiler en Grecia y regresar a vivir con su mamá en Hatillo.

"Con la reparación, al inicio empezó un grupo de unas ocho personas a hacer lo más importante, que era el muro de contención, porque básicamente eso es lo que sostiene la casa. Cuando se terminó el muro de contención, quedaron mi tío, que es maestro de obras, y un ayudante de él. Ahorita que yo estoy de vacaciones del trabajo, paso aquí metida todo el día; mi mamá también y mi hermano.

Sinceramente ha sido bastante duro. Por ejemplo, en octubre, cuando intentamos negociar en el CFIA, yo no me podía levantar de la cama. No comía. Bajé como cinco kilos. No iba a la universidad, no tenía fuerzas para nada, porque en ese tiempo se había caído el muro que hicieron mal esos trabajadores antiguos", afirmó.

Para poder continuar con las reparaciones, ella y su madre venden queques todos los fines de semana. Quienes deseen colaborar pueden contactarla al número 8780-3456.

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Sobre no haber contratado desde el inicio a su tío, Maryann lo ve hoy como una lección de vida.

"Creo que eso fue una lección personal. Yo tenía el pensamiento de que uno no hace negocios con la familia. No era que hubiera pasado una experiencia rara con mi tío ni nada por el estilo; no, era simplemente que yo tenía ese pensamiento. Además, en ese entonces mi tío estaba con una construcción de casa. Él me había dicho: 'Faltan unos meses, espérese' y pues me ganó la desesperación".

Por encontrarse en una etapa legal del proceso, la joven no puede revelar los nombres del ingeniero ni del maestro de obras denunciados.

Aun así, su historia refleja no solo las consecuencias de una mala praxis constructiva, sino también la fortaleza de una joven que, pese a todo, se mantiene firme, optimista y decidida a salir adelante.

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