100 años de la tragedia del Virilla: 248 muertos en el peor accidente ferroviario de Centroamérica

Accidente del río Virilla. Imagen tomada de internet
Este sábado 14 de marzo se cumplen 100 años de la tragedia del Virilla de 1926, considerada el peor accidente ferroviario del que se tenga registro en Costa Rica y Centroamérica.
El hecho ocurrió a eso de las 8:17 a. m. del 14 de marzo de 1926, cuando un tren de pasajeros que transportaba feligreses hacia una feria de beneficencia en Cartago descarriló al ingresar al llamado Puente Negro, sobre el río Virilla, lo que provocó la muerte de 248 personas y dejó al menos 93 heridas.
El tren estaba compuesto por seis vagones. Crónicas de la época relatan que tres vagones lograron cruzar el puente, pero los otros terminaron fuera de control.
Uno quedó suspendido en parte sobre el abismo, mientras que otro fue lanzado al precipicio y el último se destrozó contra la estructura del puente ubicado en el límite entre Tibás y Santo Domingo de Heredia.
El puente tenía 48 metros de longitud y una estructura elevada sobre un sector donde el río se encuentra a unos 60 metros de profundidad, lo que agravó la magnitud del desastre.
Sobrepeso y exceso de velocidad
Según recopiló la Universidad Nacional, investigaciones posteriores apuntaron a varios factores que contribuyeron al accidente.
Entre ellos, se determinó que el tren viajaba a una velocidad superior a la recomendada para ese tramo, el cual incluía una curva antes de ingresar al puente.
Además, se detectó reventa de boletos y sobrecarga de pasajeros. Cada vagón estaba diseñado para transportar 52 personas, pero en promedio viajaban unas 130, lo que elevó considerablemente el peso del tren.
También se determinó que no hubo controles efectivos sobre la cantidad de pasajeros ni supervisión adecuada por parte de las autoridades o de la empresa ferroviaria.
Tras el accidente, tanto el maquinista como la compañía ferroviaria Northern Railway Company, así como los organizadores del viaje y funcionarios gubernamentales, intentaron desligarse de responsabilidades.
Hoy, un siglo después, la tragedia permanece en la memoria histórica del país y el recuerdo de las víctimas se observa en una placa conmemorativa se ubica en el parque de Santo Domingo de Heredia, mientras que un monumento de mayor tamaño se encuentra en el cementerio de Alajuela.
Historiadores de la UNA señalan que el accidente ocurrió en una Costa Rica aún mayoritariamente rural, durante la segunda administración del presidente Ricardo Jiménez Oreamuno, en un periodo de transición social y económica que precedió las reformas sociales de mediados del siglo XX.