Trabajo, cuido y pobreza expulsaron a más de 13.600 jóvenes y adultos de las aulas en 2025

Educación Modalidad Jóvenes y Adultos
Si tiene solo unos segundos, lea estas líneas:
- En 2025, más de 13.600 estudiantes de Educación para Jóvenes y Adultos abandonaron las aulas, lo que representa una tasa de exclusión del 18,1%, muy por encima del promedio nacional, según datos del MEP.
- El abandono responde principalmente a factores socioeconómicos, como la necesidad de trabajar, el cuido de hijos o familiares, además de condiciones como transporte, violencia, desmotivación y dificultades académicas.
- El fenómeno se refleja en historias como la de estudiantes que deben pausar sus estudios por responsabilidades familiares, mientras regiones como Liberia concentran los niveles más altos de exclusión por empleo informal y movilidad laboral.
Más de 13.600 estudiantes dejaron las aulas de Educación para Jóvenes y Adultos en 2025, con una tasa de exclusión del 18,1% marcada por el trabajo, el cuido familiar y la pobreza, según datos del Ministerio de Educación Pública (MEP).
Se trata de 13.638 alumnos de los 75.200 que se matricularon en esta oferta académica ese año.
Este nivel de enseñanza está dirigido a mayores de 15 años que buscan concluir la educación primaria o secundaria en colegios nocturnos, Institutos Profesionales de Educación Comunitaria (Ipec), Colegios de Educación a Distancia (Coned) y Centros Integrados de Educación de Adultos (Cindea).
El abandono en la modalidad de Educación para Jóvenes y Adultos responde a múltiples factores, aunque las autoridades educativas señalan que las causas socioeconómicas son las más determinantes. A ello se suma el cuido de hijos o familiares, una carga que recae especialmente en los estudiantes jóvenes adultos que combinan estudio y responsabilidades familiares.
El MEP ha identificado también otros factores que inciden en la permanencia estudiantil. Entre ellos se encuentran los que ocurren dentro del sistema educativo, como las dificultades para avanzar en las materias, el ausentismo recurrente, la desmotivación y el acoso escolar, condiciones que reducen la permanencia del estudiante en las aulas y pueden provocar su abandono.
Entre los factores externos al aula figuran los problemas de transporte, la violencia intrafamiliar, las barreras idiomáticas y el consumo o la posesión de sustancias ilícitas.
Datos del MEP también revelan que la brecha con otros niveles educativos es marcada: en primaria y preescolar la exclusión es inferior al 1%, mientras que en la Educación para Jóvenes y Adultos supera ampliamente el promedio nacional, que en 2025 fue del 1,9%.
Un rostro detrás de las cifras
Detrás de las cifras hay historias como la de Cintia Hernández, quien suspendió sus estudios durante varios meses para asumir el cuido de sus dos hijos. Durante ese periodo, la educación pasó a un segundo plano, aunque su intención de retomar se mantuvo.

Cintia Hernández, retomó sus estudios en el CINDEA La Paz-San Rafael
Con apoyo familiar y docente, logró reincorporarse al Cindea La Paz–San Rafael, en Alajuela. El acompañamiento fue clave para evitar el abandono, incluso en materias complejas como Matemática.
Desde inicios de 2026 cursa noveno año y mantiene como meta convertirse en enfermera, mientras combina estudios y responsabilidades de maternidad.
Liberia registra el mayor abandono en esta modalidad
La Dirección Regional de Educación de Liberia concentra los niveles más altos de exclusión en la modalidad de Educación para Jóvenes y Adultos.
La directora regional, Rosberly Chévez, indicó que la necesidad de generar ingresos a corto plazo es uno de los principales factores asociados a la deserción en esta región. En muchos casos, los estudiantes abandonan el sistema al acceder a empleos temporales o informales, aunque estos sean inestables.
A ello se suma la movilidad poblacional. Chévez señaló que algunos estudiantes, incluida población extranjera, interrumpen sus estudios al trasladarse en busca de trabajo, sin dejar registro.
Esta situación se repite en otras regiones del país, donde la necesidad de ingresos rápidos y la inestabilidad laboral inciden directamente en la permanencia educativa.
Frente a este panorama nacional el MEP aplica mecanismos de detección temprana y acompañamiento para reducir la exclusión en esta modalidad. Entre ellos figuran becas, apoyos de transporte y comedor estudiantil, así como la evaluación de condiciones académicas para definir adecuaciones curriculares.
En casos complejos, el MEP coordina con la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) y el Instituto Mixto de Ayuda Social (IMAS), además de acciones focalizadas en centros educativos vulnerables mediante mapeos territoriales y apoyo interinstitucional.