Su hijo podría ser el hostigador y no la víctima: Preste atención a estas señales

La violencia en la casa puede influir

14 de Jul. 2024 | 5:12 pm

Con la viralización de casos de bullying o acoso escolar de unos estudiantes a otros en el país, resulta importante aprender a reconocer si un menor está teniendo estos comportamientos fuera de la casa y agrediendo a sus compañeros.

De acuerdo con Paola Vargas, psicóloga clínica, cada caso es distinto, pero hay rasgos de personalidad a los que hay que prestarle atención porque podrían indicar que un menor es un "matón".

"Pueden ser víctimas en su casa de violencia, repitiendo patrones aprendidos", compartió Vargas.

Estas son algunas señales, según la psicóloga:

  • Tiene comportamientos de manipulación.
  • Disfruta riéndose de sus compañeros en clase.
  • No sigue reglas.
  • Es rebelde y desafiante con la autoridad.
  • Le causa placer hacer daño.
  • Busca ser el centro de atención.
  • Es prepotente.
  • Siempre quiere tener la razón.
  • Es un líder negativo.
  • No pide disculpas.
  • No tiene empatía.
  • Usa a los otros para sus fines personales.

Para los padres no será sencillo reconocer que su hijo es un hostigador, por lo que es esperable que el encargado niegue la situación.

Es importante corregir la conducta y hacerle entender a su hijo que ese comportamiento no es aceptable. En la mayoría de situaciones es necesario ser acompañado de un profesional en psicología que pueda brindarle herramientas para modificar su conducta, explicó la experta.

¿De dónde?

Según la especialista, es importante tomar en cuenta diferentes factores que pueden causar que un joven se convierta en un estudiante agresor.

Es relevante observar el contexto social, la influencia de medios de comunicación, los rasgos de personalidad y los patrones de crianza.

Existirán hostigadores que tengan rasgos o presencia de psicopatía, sociopatía o una conducta antisocial, por ejemplo. Habrá otros que sean modelados por el contexto en el cual se desarrollan, si la violencia está presente en el día a día, se verá normalizada, explicó Vargas.

Otro aspecto que puede influir es el contenido que se consume en redes sociales, programas de televisión y series, ya que si el eje central es la violencia, se integrará en su cotidianidad y relaciones interpersonales.

"Si bien es cierto, la crianza tiene influencia, no es el único factor determinante para que la persona se comporte de esa manera", manifestó.

¿Qué es el bullying?

De acuerdo con el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), el bullying es una forma de violencia entre estudiantes en el ambiente educativo.

Es una forma de discriminación de unos estudiantes hacia otro y otros por sus características o su forma de ser: orientación sexual, identidad de género, nacionalidad, situación migratoria, etnia, sexo, condición socioeconómica, condición de salud, discapacidad, creencias religiosas, opiniones, prácticas basadas en estigmas sociales, embarazo, entre otras, se explica.

El acoso escolar se manifiesta en comportamientos o conductas repetidas y abusivas con la intención de infligir daño por parte de una o varias personas hacia otra, presenciada por observadores o testigos. Puede darse violencia de tipo verbal, física, psicológica, de índole sexual, material o cibernética.

Características

La Unicef definió las características del bullying para que se diferencie de otras formas de comportamiento agresivo que podrían ser similares:

  1. Es intencional: De uno o varios compañeros hacia otro para causar dolor y sufrimiento.
  2. Relación desigual o desequilibrio de poder: La víctima se percibe vulnerable, desprotegida y sin los recursos del agresor o de la agresora.
  3. Repetida y continuamente: No es un episodio aislado.
  4. En relación de pares o iguales: Entre estudiantes.

Cabe resaltar que el objetivo de la intimidación es lograr dominio y control sobre otro niño usando agresión física, verbal o psicológica. Explican que quienes hacen bullying lo hacen porque ven al otro como un objetivo fácil de intimidar.

Algunas veces es provocado por adultos usando frases o palabras que pueden sonar graciosas, pero que estigmatizan como: ‘gordito', ‘flaquita','negrita', ‘retardado', ‘tartamudo', ‘mongólico', detalla Unicef.

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