Sobrevivientes de cáncer relatan impacto de resoluciones de la Sala IV en su vida

Hay días en que Marlon Zumbado olvida que hace pocos años escuchó una de las noticias más duras de su vida. A sus 57 años sigue dando clases de turismo, trabaja, hace planes y acude a sus controles médicos con la esperanza de que todo continúe igual.
Cada vez que recibe los resultados de sus exámenes y ve que los niveles del antígeno prostático permanecen en cero, recuerda que hubo un momento en que pensó que el cáncer podía arrebatarle todo.
Hoy está convencido de que un recurso de amparo cambió su historia.
Su caso no es aislado. Según datos de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), los pacientes con cáncer de próstata ocupan el segundo lugar entre quienes más acuden a la Sala Constitucional para reclamar acceso a medicamentos, únicamente superados por quienes padecen cáncer de mama.
Las historias de quienes recurrieron a esa vía cobran relevancia en momentos en que el Gobierno acusa a cuatro magistrados de la Sala Constitucional de dar un "golpe de Estado" por prorrogar el nombramiento de los magistrados suplentes y poder tramitar 124 expedientes que estaban varados.
Detrás de cada expediente hay personas que esperaban una oportunidad para seguir viviendo.
Hace dos o tres años, Marlon comenzó a notar unas ampollas en la piel. En ese momento nunca imaginó que ese sería el inicio de un camino que terminaría con un diagnóstico de cáncer de próstata.
Tras varios estudios, los médicos confirmaron la enfermedad.
Entre las opciones para controlar el avance del cáncer estaba un medicamento que podía ayudar a frenar la enfermedad y disminuir el riesgo de metástasis. Cuando consultó por ese tratamiento en la Caja, la respuesta fue negativa.
Lejos de resignarse, buscó ayuda. Fue así como llegó a la Asociación Nacional Segunda Oportunidad de Vida (ANASOVI), donde recibió orientación para presentar un recurso de amparo ante la Sala Constitucional.
La respuesta llegó rápido. Poco tiempo después comenzó a recibir el medicamento que necesitaba. Desde entonces, su vida cambió.
Los controles médicos muestran resultados positivos y su oncóloga incluso valora la posibilidad de darle una pausa al tratamiento para observar su evolución.
Marlon sigue trabajando como docente y dice sentirse fortalecido.
"Gracias a todo eso sigo aquí"
Erick Kruger tenía 66 años cuando recibió otro diagnóstico devastador. El cáncer de próstata ya estaba en etapa cuatro, el tratamiento comenzó casi de inmediato.
En apenas tres semanas inició la quimioterapia en el Hospital Calderón Guardia. Después apareció una nueva posibilidad: un medicamento de alto costo que podía complementar el tratamiento.
Sin embargo, una junta médica de la CCSS decidió no aprobarlo. Un amigo le habló entonces de los recursos de amparo ante la Sala Constitucional. Presentó el suyo.
Después del proceso, recibió una resolución favorable y, poco tiempo más tarde, el medicamento llegó.
Hoy sus controles muestran una reducción significativa del antígeno prostático.
Aunque reconoce que no puede afirmar científicamente que el medicamento sea el único responsable de su evolución, está convencido de que marcó una diferencia.
"Gracias a todo eso yo sigo aquí".
Su historia también deja otro mensaje que considera importante.
Kruger insiste en separar el proceso para obtener el medicamento del trato que recibió dentro de la Caja.
Cuenta que desde el primer momento fue atendido con rapidez, inició la quimioterapia sin demoras y, una vez que la Sala Constitucional resolvió a su favor, nunca volvió a tener problemas para recibir el tratamiento.
Por eso no duda en agradecer públicamente al personal del Hospital Calderón Guardia. Habla del compromiso de médicos, enfermeras y funcionarios con una admiración que se mantiene intacta.
Dice que la atención fue "para quitarse el sombrero" y reconoce la dedicación con la que enfrentan diariamente el cuidado de pacientes oncológicos.
Cuando la respuesta llegó demasiado tarde
No todas las historias tuvieron el mismo desenlace. Mientras algunos sobrevivientes hoy hablan de proyectos, trabajo y controles médicos alentadores, una familia recuerda que la resolución llegó cuando el tiempo ya se había agotado.
Su hijo pidió mantener el anonimato. Su padre murió tras enfrentar un cáncer de próstata avanzado. Su testimonio refleja la otra cara de quienes recurrieron a la Sala Constitucional.
El diagnóstico llegó en 2020, en plena pandemia.
Desde el principio, el oncólogo les explicó que el medicamento indicado para el tratamiento hormonal no estaba disponible en la Caja y que debían presentar un recurso de amparo si querían acceder a él. También les advirtió que el proceso podía tardar.
El cáncer ya había hecho metástasis en los huesos y otras partes del cuerpo. La familia decidió no esperar.
Con ayuda de familiares en Alemania comenzaron a comprar el medicamento por cuenta propia. Aunque en ese país era más barato, el tratamiento representaba cerca de ₡2 millones al mes.
Era un esfuerzo enorme, pero también era la única alternativa para darle más calidad de vida. El hijo recuerda que el cambio fue evidente.
Su padre recuperó bienestar durante esos meses. La enfermedad seguía avanzando, pero el medicamento le permitió vivir con una mejor calidad de vida mientras esperaban una respuesta.
La resolución finalmente llegó, la Caja suministró la primera dosis, pero un mes después, su padre falleció.
Para la familia no queda duda de que el proceso terminó demasiado tarde.
Si no hubieran tenido la posibilidad económica de comprar el tratamiento durante varios meses, creen que ni siquiera habría alcanzado a recibir el medicamento por parte de la institución.
Más allá del desenlace, el hijo recuerda con frustración la lentitud que marcaría todo el proceso del diagnóstico y tratamiento durante la pandemia.
Explica que siempre les hicieron creer que, una vez confirmada la enfermedad mediante la biopsia, todo avanzaría con rapidez. Eso nunca ocurrió.