Pioja blanqueaba dinero del narco con sociedades fachada y comercios en Hatillo
La banda liderada por Luis Ricardo Rodríguez Chaves, alias Pioja, blanqueó las ganancias del narcotráfico que generó al monopolizar la venta de drogas en María Reina de Hatillo mediante una amplia red de sociedades anónimas de fachada, pequeños negocios comunitarios y tiendas en centros comerciales.
Pioja dominó la venta de drogas al consumidor final entre 2020 y 2022 . Aunque actualmente afronta un juicio por el caso Imperio, las autoridades sospechan que parte de sus operaciones se mantiene bajo su control desde prisión.
Su agrupación diseñó un sofisticado engranaje de legitimación de capitales para introducir millones de colones de origen ilícito en el sistema financiero formal y darles apariencia de legalidad, según la Fiscalía. Para lograrlo, la estructura combinó la creación de personas jurídicas, la adquisición de negocios que ya operaban, transacciones bancarias estratégicas y la compra de bienes de alto valor.
En los locales se mezclaba el dinero proveniente del narcomenudeo con las ganancias legales de la operación cotidiana. Uno de los comercios adquiridos fue la tienda Mi Ropa Colombiana, ubicada en Plaza América, en Hatillo. La investigación determinó que la boutique era propiedad de Pioja y su esposa, María del Milagro Matamoros, y que era utilizada como fachada comercial para justificar depósitos bancarios y otras transacciones.
Durante los allanamientos realizados en 2022 por el caso Imperio, en ese establecimiento se incautaron más de ₡600.000 en efectivo y 178 folios con comprobantes de pagos y depósitos.
La organización también operó otros comercios en los que mezclaba el efectivo del narco con ingresos cotidianos, como la licorera Los Ángeles y el Abastecedor Los Ángeles, ubicados en la zona de mayor influencia de Rodríguez. Aparentemente, ambos eran administrados por su hermana, Norma Rodríguez, alias La Doctora o Normi. Estos locales servían para captar el dinero proveniente de los búnkeres, registrar ventas simuladas e insertar el efectivo en el sistema financiero. En la licorera se decomisaron más de ₡400.000 en efectivo, guardados en una caja fuerte y en los mostradores.
La Pulpería El Rinconcito, operada por Marta Carvajal, también habría sido utilizada para salvaguardar millones de colones en billetes y miles de monedas de diversas denominaciones, además de cientos de dólares. En este sitio, además, se dosificaban drogas y se vendía el producto.
Una verdulería situada en la Urbanización Zorobarú, en San Sebastián, aparentemente era operada por Ricardo Carballo y su hijo Kevin para Pioja. Además de funcionar como negocio mampara, se utilizaba para preparar, dosificar y almacenar drogas, así como para resguardar y trasladar el dinero de las ventas. En el sitio se decomisaron más de ₡600.000 en efectivo y armas durante el operativo.
El Súper Emanuel, ubicado en barrio María Reina, era administrado por Tiffany Rodríguez y servía como centro de acopio de efectivo y control de contabilidad, según la Fiscalía. En sus cajas registradoras y cajas de seguridad se decomisaron cientos de miles de colones y libretas de control de "plata fondo".
A estos establecimientos se suma el Hotel La Fortuna, uno de los principales sitios de operación de la banda, ubicado en el casco central de San José. El inmueble funcionaba como un activo punto de venta de drogas, pero la organización simuló un contrato de arrendamiento por ₡5,3 millones mensuales entre Mayid Cano, como arrendador, y Alexander Chaves, como arrendatario, para justificar ante los bancos los millonarios depósitos mensuales.
Sociedades mampara
Una serie de sociedades de fachada funcionaban como puente hacia el sistema bancario. La organización utilizó principalmente tres personas jurídicas para canalizar el dinero de origen ilícito hacia cuentas bancarias.
Una de ellas era Llumito Construcciones S. A., constituida en 2018, que se convirtió en pieza clave de la estructura. El propio Rodríguez Chaves fungió como presidente y apoderado generalísimo; su esposa, como tesorera; y su hermana, Norma, como fiscal. Su hija, Tiffany, también formó parte de la sociedad, que se utilizó para justificar contratos de construcción y bancarizar las ganancias.
También estaba Limpieza L y M Maro S. A., inscrita en 2020, con Pioja como presidente, su hermana como tesorera y su hija como fiscal. La empresa funcionaba bajo el mismo esquema de simulación de servicios.
En Inversiones Setecientos Treinta y Dos MGHMAR S. R. L., el yerno de Pioja, Ernesto Aragón, asumió la gerencia como apoderado generalísimo sin límite de suma en agosto de 2021. A través de esta entidad adquirieron propiedades de alto valor en San Rafael de Escazú.
El dinero de origen ilícito se transformó rápidamente en activos. Pioja adquirió un condominio en Torres Brisas del Oeste, cerca de La Sabana, valorado fiscalmente en más de ₡89 millones, además de una casa en Hatillo. A través de la sociedad también adquirieron propiedades residenciales, estacionamientos y bodegas en San Rafael de Escazú por un valor superior a ₡190 millones.
Los vehículos de lujo tampoco faltaron. La flotilla de la organización incluía modelos de alto valor como un Toyota Hilux, un BMW, un Jeep Compass, un Toyota Tacoma, un Hyundai Tucson y un Toyota 4Runner Limited, adquiridos a título personal o mediante testaferros como Wendy Avellán.
El juicio contra Pioja y su grupo continúa en curso. La Fiscalía basó gran parte de su caso penal en decenas de ventas controladas de droga: oficiales encubiertos le compraron estupefacientes a la organización con billetes previamente marcados por orden judicial.
Las pesquisas de la Oficina Especializada contra la Delincuencia Organizada del OIJ determinaron que no se trataba de una simple banda de barrio, sino de una red que incluía familiares de Rodríguez, abogados, funcionarios bancarios y testaferros para blanquear los fondos.
Pese a permanecer en prisión preventiva desde su captura, Pioja mantenía intacto el control de la organización criminal en María Reina de Hatillo, según sospechan las autoridades: mediante libretas incautadas, descubrieron que continuaba manejando cuentas y asignando roles de trabajo específicos.

