Orlando Aguirre: El Poder Judicial no puede entregar su independencia

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Al anunciar que no buscará la reelección al término de su mandato, el presidente saliente de la Corte Suprema de Justicia, Orlando Aguirre, urgió a modernizar el sistema de justicia mediante el uso de la tecnología y la eficiencia de los procesos, al tiempo que advirtió que la imparcialidad, el debido proceso y la separación de poderes son pilares irrenunciables.

En un pronunciamiento dirigido a la ciudadanía, Aguirre Gómez confirmó su decisión de no postularse para un nuevo período al frente del Poder Judicial, cargo que dejará formalmente al concluir su designación el próximo 26 de setiembre.

Explicó que las responsabilidades en la jefatura de la Corte se ejercen por plazos definidos y que su determinación de dar un paso al lado obedece a una visión enfocada en el futuro de la institución. Aclaró que mantendrá la plenitud de sus facultades hasta el último día y que, posteriormente, continuará sirviendo al país como magistrado de la Sala Segunda.

Al reflexionar sobre su gestión, señaló que debió liderar el Poder Judicial en una época de alta exigencia pública, en la que la institución tuvo que aprender a explicarse con mayor claridad ante la sociedad y a defender el lugar que la Constitución Política le asigna dentro de la democracia.

Uno de los ejes centrales del discurso del jerarca fue la defensa de la separación de poderes. Aguirre sostuvo que la experiencia reciente demuestra que ni la independencia de los jueces ni el régimen democrático pueden darse por sentados, pues cada generación tiene la responsabilidad de defenderlos frente a los desafíos de su época.

Destacó las manifestaciones de ciudadanos que, en semanas recientes, salieron a las calles para respaldar la institucionalidad y la autonomía del sistema judicial. Según el magistrado, esas muestras evidencian que la independencia judicial no pertenece a los jueces ni a las autoridades de turno, sino a la ciudadanía.

Aguirre señaló que el Poder Judicial tiene el deber imperativo de adaptarse para seguir siendo la institución que Costa Rica requiere. Entre las prioridades planteadas para esta transformación destacó una mayor celeridad procesal, con el fin de reducir los tiempos de respuesta y agilizar la resolución de las causas.

También urgió a mantener la cercanía y la claridad, mediante un servicio más comprensible, transparente y accesible para la ciudadanía, así como a aprovechar de manera responsable las nuevas tecnologías y la ciencia de procesos para optimizar la gestión judicial.

Pese a la imperiosa necesidad de modernización, Aguirre fue enfático al trazar un límite entre lo estructuralmente renovable y los valores esenciales a los que la justicia jamás debe renunciar.

Bajo la premisa de "cambiar sin doblegarse", enfatizó que la institución debe preservar inquebrantables la autonomía para juzgar sin presiones ni interferencias externas; la imparcialidad, que garantiza que los jueces decidan "sin miedo ni favor"; la aplicación estricta de las garantías procesales para todas las partes, y la capacidad efectiva de hacer valer la Constitución y someter al cumplimiento de la ley incluso a quienes ejercen el poder político.

Al concluir su mensaje, Orlando Aguirre hizo un llamado a recordar que las instituciones democráticas trascienden a las personas que las antecedieron y sobrevivirán a quienes temporalmente las dirigen.

Reafirmó que la fortaleza del Estado de derecho radica en su permanencia, al tiempo que agradeció a sus compañeros magistrados, a los servidores del Poder Judicial y a la ciudadanía por la defensa continua de una justicia independiente.