OIJ cuadriplicó decomiso de marihuana en 2025
Durante el 2025, año que todavía no ha concluido, el Organismo de Investigación Judicial (OIJ) logró prácticamente cuadruplicar la cantidad de marihuana confiscada con respecto al año anterior, lo que evidencia la labor de este cuerpo policial en la lucha contra el narcotráfico.
En 2024, la policía judicial sacó de circulación 2.495 kilogramos de marihuana en el territorio nacional. En el transcurso de este año, sin contabilizar aún el mes de diciembre, ya se ha logrado la incautación de 10.304 kilogramos.
Esto representa un incremento del 313 % de un año a otro, cifra que todavía podría aumentar con los decomisos de las últimas semanas del año.
Michael Soto Rojas, director a. i. de la entidad, destacó que, además del trabajo del OIJ, a nivel general se ha decomisado más droga en comparación con los últimos dos o tres años.
"Un dato a nivel nacional de todas las policías: anda aproximadamente de las 62 o 63 toneladas entre marihuana, cocaína y todas las drogas. Eso es un dato muy relevante aunque no llega todavía a los niveles de 2020 y 2021 que se decomisaron 71 toneladas cada año.
Este es un buen dato policial, significa que los cuerpos de policía están haciendo bien su trabajo, pero también es un mal dato para el país: significa que hay mucha droga trasegándose por el territorio y aguas costarricenses", indicó Soto.
Esta cifra cobra especial relevancia, ya que durante los últimos años la intercepción e incautación de droga en el país había disminuido de forma significativa. El Instituto Costarricense sobre Drogas (ICD) realiza una recopilación periódica de estos datos.
En ellas se contabiliza la droga decomisada y reportada por la Oficina de Planes y Operaciones del OIJ, la Dirección de Inteligencia y Análisis Criminal (DIAC) del Ministerio de Seguridad Pública, las policías municipales y la Policía Penitenciaria.
Estas cifras depuradas muestran que el año récord fue 2021, cuando se les arrebató a las organizaciones criminales casi 66 toneladas de droga. Ese volumen duplicó, por ejemplo, las 34,5 toneladas decomisadas en 2018, año en el que comenzaron a incrementarse las confiscaciones.
El año 2022, cuando asumió el Gobierno el mandatario Rodrigo Alberto Chaves Robles, se convirtió en un punto de inflexión, dado que a partir de entonces la cantidad de droga incautada empezó a disminuir.
De 2021 al año siguiente, la cifra bajó cerca de una cuarta parte, es decir, una caída del 25 % en tan solo 12 meses. Para 2023 y 2024 la reducción fue aún mayor, al ubicarse en torno a las 43 toneladas, niveles que no se registraban desde hacía varios años.
Gobierno se defiende pese a caída
La diferencia entre las incautaciones del OIJ y las del Gobierno radica en el músculo operativo disponible. El Ministerio de Seguridad Pública tiene bajo su mando el Servicio Nacional de Guardacostas (SNG), el Servicio de Vigilancia Aérea (SVA), la Policía de Control de Drogas (PCD), la Policía de Fronteras, la Fuerza Pública, entre otros cuerpos policiales.
Además, el OIJ se dedica a desestructurar, investigar y perseguir a los grupos criminales, mientras que la responsabilidad del Poder Ejecutivo es evitar que la droga ingrese o circule por el territorio nacional, así como prevenir que llegue a estas estructuras de narcotráfico.
Pese a estos números y a la disminución en los decomisos, tanto el mandatario Chaves como su ministro de Seguridad, Mario Zamora Cordero, han defendido los resultados. En un inicio, el discurso oficial sostuvo que las cifras previo a esta administración presentaban inconsistencias.
En meses más recientes, el Gobierno ha intentado destacar como un logro que Costa Rica sea el segundo país de Centroamérica que más incauta droga, aunque se mantiene notoriamente por detrás de Panamá, pese a que por las condiciones geográficas y delictivas, esto ha sido normal.
"Muchas personas antigobierno han tenido el discurso de que hemos dejado de incautar droga en Costa Rica. Ostentamos ese segundo lugar gracias al esfuerzo de nuestros héroes de azul y una organización independiente e internacional nos da la razón", indicó el jerarca.
Para respaldar sus declaraciones, Zamora citó informes de la organización InSight Crime, los cuales, en realidad, evidencian la amplia brecha existente entre Costa Rica y Panamá.
Por ejemplo, esa misma organización señala que el país canalero cuadruplicó el decomiso de cocaína en 2024 en comparación con Costa Rica. En ese periodo, Panamá sacó de circulación 99,3 toneladas métricas de esta sustancia, frente a apenas 27 toneladas decomisadas en el país.
Por doquier
La policía judicial ha identificado cuatro principales puntos del territorio nacional por donde ingresa la mayor cantidad de cargamentos de droga, todos ellos caracterizados por una escasa o nula presencia policial.
Punta Burica, la remota península fronteriza compartida por Panamá y Costa Rica; el Golfo Dulce, ubicado entre los cantones de Golfito y Puerto Jiménez; Bahía Drake, y el triángulo de Osa que se forma entre esa bahía, la Isla del Caño y el Parque Nacional Corcovado, convierten a las aguas del Pacífico sur costarricense en la región más vulnerable al ingreso de lanchas cargadas con cocaína y marihuana provenientes de Colombia y Ecuador.
Otro punto identificado como sensible para el trasiego internacional de narcóticos es Cabo Velas, distrito de Santa Cruz, Guanacaste, muy cercano a la altamente turística zona de Tamarindo.
El patrullaje antinarcóticos que realiza Estados Unidos en el mar Caribe junto con fuerzas navales de diversos países, las dificultades logísticas para la exportación, los constantes decomisos y la sobreoferta de droga producida en Colombia son algunas de las razones que han llevado a los grupos criminales a modificar las rutas de traslado por las aguas cercanas a Costa Rica.
En el país, las organizaciones criminales que importan o reciben droga desde Sudamérica han comenzado a utilizar la costa pacífica en lugar del litoral atlántico para introducir toneladas de estupefacientes.
Esto responde, en parte, a que países como Jamaica dejaron de ser exportadores de droga hacia Costa Rica. Los mapas de calor que registran las rutas en los rastreadores GPS de lanchas decomisadas muestran un cambio significativo entre 2018 y 2022.
Una parte de la droga que ingresa al país se destina al consumo local, pero el grueso del producto ilícito continúa siendo para la exportación por vía aérea, terrestre o marítima.
Los grupos de crimen organizado dedicados al trasiego interoceánico no han dejado de enviar droga hacia Europa u otros destinos, pese a la instalación de escáneres en la Terminal de Contenedores de Moín (TCM), en Limón.
En respuesta, han afinado y adoptado nuevas técnicas para ocultar los estupefacientes en las exportaciones que salen desde Costa Rica, principalmente a través de los muelles del Caribe.
Entre estas prácticas figura la introducción de cocaína en chatarra exportada en contenedores, ya que los metales dificultan su detección. Además, han comenzado a ocultar la droga en lugares poco habituales, como los sistemas de refrigeración o entre la madera de las tarimas.
Asimismo, han desarrollado tácticas para impedir que la imagen del escáner penetre hasta los compartimentos donde se esconden los estupefacientes. Otro método consiste en colocar la droga dentro de los frigoríficos y equipos de refrigeración de los contenedores, en lugar de ocultarla entre las mercancías.


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