Nuevos liderazgos criminales tardan hasta dos años en madurar tras desarticulación de bandas
Dependiendo del nivel de complejidad, a las autoridades judiciales les toma entre uno y tres años, aproximadamente, concretar investigaciones contra grupos organizados dedicados a actividades ilegales como el narcotráfico, desde el momento en que inician las indagaciones hasta poder ejecutar allanamientos y detenciones para sacar de circulación a las bandas.
Sin embargo, poco tiempo después surgen nuevos liderazgos que buscan afianzarse y tomar el control de las plazas o comunidades que quedan "vacías" tras los golpes que propinan las autoridades al desarticular una estructura criminal.
Carlo Díaz, fiscal general de la República, explica que transcurren aproximadamente entre dos y tres años desde el surgimiento de un cabecilla hasta su consolidación como líder, posterior a la desarticulación del anterior.
"La investigación criminal nos ha llevado a determinar que en algunos lugares donde nosotros hemos trabajado ya una organización criminal y logrado desarticular mediante los procesos penales, el mismo día o muy pronto surgen nuevos líderes.
Prácticamente en 2 o 3 años se crea una nueva estructura criminal, con sus nuevos tentáculos y también en un periodo muy corto adquieren varios bienes, vehículos lujosos, algunas propiedades, dinero en efectivo, que los hace consolidarse como una nueva estructura criminal que lidera una zona", explicó el jerarca.
La situación se ha convertido prácticamente en un círculo vicioso: tanto la Fiscalía como el Organismo de Investigación Judicial (OIJ) logran dar golpes contundentes e incluso encarcelar a miembros de un grupo, pero sus mismos tentáculos reaparecen o nuevos sujetos empiezan a tomar el control, lo que obliga a las autoridades a volver a actuar.
"El fenómeno criminal o las economías criminales siempre están en constante cambio y movimiento, se reestructuran, surgen nuevos liderazgos, pueden surgir traiciones dentro de los mismos grupos y esto hace que vayan mutando.
Nosotros siempre tenemos que estar pendientes de esa situación, para realizar las investigaciones y evitar que estos grupos se consoliden", puntualiza Díaz.
El fiscal general explicó que gran parte de la razón por la que estos grupos resurgen es la falta de medidas preventivas en las comunidades. Si bien al OIJ y a la Fiscalía les corresponde perseguir y sacar de circulación a los criminales, no existe una atención suficiente para contener el surgimiento de nuevos grupos.
"El fenómeno criminal creo que amerita mucha prevención y eso inicia en las calles, en las escuelas, en las iglesias, esa una atención integral.
El trabajo que realiza el Ministerio Público y el OIJ es posterior a que se cometa el delito, nosotros no hacemos ese trabajo preventivo, eso le corresponde a otras instituciones estatales, pero resulta fundamental que se haga un trabajo integral en la sociedad para prevenir que continúe el narcotráfico tomando a nuestros jóvenes", señaló el jefe del Ministerio Público.
Caso Shaggy
El ejemplo más reciente de este tipo de situaciones se presentó en la ciudadela León XIII, en Tibás, y en comunidades aledañas, con la consolidación y posterior desarticulación de Shaggy, como es conocido el narcotraficante Michael Ricardo Quesada Meléndez.
Él se convirtió en el sucesor de Dennis Iván Cabrera Espinoza, alias Manzanita, el cabecilla que monopolizó el narcomenudeo en la zona entre 2018 y octubre de 2020, aproximadamente, cuando las autoridades desmantelaron su estructura criminal.
"Aquí se había trabajado con un sujeto que lideraba una organización criminal conocido como alias Manzanita, y prácticamente cuando esta persona cae en prisión, surge un nuevo liderazgo: es el caso de alias Shaggy", explicó Díaz.
Quesada no era el sujeto que se esperaba continuara con la operación de Cabrera. Aunque sí perteneció a su grupo criminal, para llegar al mando tuvo que cometer una serie de traiciones e incluso la ejecución de exintegrantes de la banda de Manzanita.
Michael Soto, director del Organismo de Investigación Judicial (OIJ), explicó cómo el cabecilla detenido a finales de noviembre, logró volcar la situación a su favor, quitar obstáculos de forma violenta y monopolizar la venta de drogas en esa fracción del norte de San José.
"Shaggy anteriormente era parte de la estructura de la zona de alias Manzanita que hoy está privado de libertad. Cuando Manzanita quedó detenido, este otro sujeto lo traicionó, esa es la palabra y empezó incluso a eliminar a algunos de los mismos componentes del grupo.
Era del grupo de Manzanita, más no era el sucesor natural, por decirlo de alguna forma. Sin embargo, cuando se da la detención de Cabrera, Shaggy empieza a pugnar con sus compañeros, inclusive algunos mueren y él empieza a tomar el control a fuego y sangre.
Le da la espalda, traiciona a Manzanita como ocurre en las organizaciones criminales y toma el control del territorio", explicó el jefe policial.
El caso denominado Los Leones está relacionado con delitos como tráfico y comercialización de drogas, homicidios y legitimación de capitales. Se cree que esta banda estaría detrás de al menos 22 asesinatos recientes.
A la estructura criminal se le vincula con el dominio del narcomenudeo en la zona, así como con varios tumbonazos (robos de droga a otros grupos) y legitimación de capitales obtenidos de la actividad ilegal.
Shaggy es, además, uno de los protagonistas principales de la guerra criminal entre bandas en la capital, provincia que registra 266 homicidios en lo que va del 2025. En San José hay dos frentes abiertos: uno en los barrios del sur y otro al norte y este.
Cabrera Espinoza fue sentenciado en 2024 y descuenta 40 años de cárcel por liderar una organización asentada en León XIII previo al ascenso de Shaggy. Alias Manzanita era el líder criminal a cargo de las decisiones y operación de la banda.
La pena corresponde a 20 años por tráfico de drogas y 20 por legitimación de capitales. En total, él y 12 miembros de su grupo recibieron 262 años de cárcel por estos delitos. La sentencia se dictó el 21 de noviembre del 2024.
Manzanita es recordado por una pomposa mansión de varios pisos valorada en más de ₡500 millones, ubicada en esa comunidad josefina, en medio de un entorno urbano muy distinto.





