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Mis 2 encuentros con el papa Francisco

Por Greivin Granados | 21 de Abr. 2025 | 8:03 am

Eran las 6:00 a. m. del jueves 7 de septiembre de 2017. Me desperté para vivir uno de los momentos más espirituales de mi vida. Viajé hasta Bogotá para participar, como peregrino, en la visita del papa Francisco a Colombia.

Junto con mi hermana Andrea, bajamos a desayunar al hotel Belvedere, donde estábamos hospedados. Tuvimos que alistar una mochila con sándwiches y papitas tostadas, sabiendo que nos esperaba una larga jornada.

La buseta oficial de la agencia de viajes tenía programado recogernos a las 7:30 a. m. y transportarnos hasta el parque Simón Bolívar, donde se celebraría la multitudinaria misa. Las calles lucían vacías y únicamente se podía acceder al recinto por medio del transporte oficial.

Cada 50 metros veía retenes policiales. Ante un evento de tal magnitud, siempre existe el riesgo de que alguien cometa alguna imprudencia que empañe la actividad, pero recuerdo la cordialidad de los oficiales, quienes, al igual que yo, tuvieron que esperar largas horas para disfrutar del momento.

Era una mañana soleada, pero con riesgo de lluvia. Aunque su trayectoria no pasó directamente por Colombia, el huracán Irma tuvo efectos indirectos, pues ya había provocado el retraso del vuelo del papa el día anterior.

Cerca del mediodía, finalmente llegó "la señora de los frescos". Ahí, nos medio cubrimos con la bandera de Costa Rica, pero ni mi hermana ni yo íbamos preparados para soportar la intensa lluvia que cayó en ese momento.

La gente perdía la esperanza, y algunos incluso comenzaron a irse ante las advertencias de que se reprogramaría la trayectoria del papamóvil. Yo fui uno de los que le dijo a Andrea que nos moviéramos a otro lugar, pero ella, con sus oraciones y con una seguridad como nunca antes la había visto, me devolvió la confianza.

Pese a que el pronóstico del tiempo era adverso, las condiciones climáticas comenzaron a mejorar. Aunque el sol ya no volvió a salir, el cese de la lluvia permitió que quienes llegamos desde temprano pudiéramos seguir esperando.

En aquel momento, mi hermana y yo nos dividimos las tareas: ella sacaba fotografías y yo tomaba videos, en caso de que el recorrido del papamóvil se mantuviera. La logística era tan cambiante que no se sabía si el vehículo del papa pasaría por el lugar donde estábamos ubicados.

Finalmente, se logró el objetivo. Ondeando nuestra bandera de Costa Rica, a las 3:27 p. m., y previo a la celebración de la Santa Misa, pasó el papamóvil. Desde el interior, vimos al sumo pontífice saludando a los feligreses. Ese saludo y esa bendición duraron apenas unos segundos, pero la espera bajo la lluvia hizo que todo valiera la pena.

Tanto Andrea como yo nos quedamos en la celebración eucarística. Un recuerdo espectacular que nos quedó a ambos fue el canto angelical del salmo 97, El Señor da a conocer su victoria, interpretado por la cantante colombiana Maía, cuyas melodías aún percibo en mi mente.

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Mi segundo encuentro

Mi segundo encuentro con el papa Francisco ocurrió el sábado 26 de enero de 2019 en la Ciudad de Panamá. En esta oportunidad, fui el enviado especial como periodista para la cobertura de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ).

La ocasión era histórica: casi 36 años habían transcurrido desde la última visita de un sucesor de Pedro a un país de América Central.

La celebración eucarística estaba programada para realizarse en la catedral colonial de Santa María la Antigua, en el Casco Viejo. Dada la cantidad de feligreses, no pude ingresar al templo, pero la fiesta se vivía a las afueras del recinto.

Para las actividades de ese sábado, no tenía la acreditación oficial, por lo que debí madrugar desde la 1:00 a. m. y dormir en el Centro de Convenciones Atlapa para anotarme en una lista de espera y ver si podía acceder a los eventos. La desvelada valió la pena.

Pese al cansancio, recuerdo con mucha nostalgia a una señora que llevó a su hija a los alrededores de la plaza. La niña soñaba con ver al papa en su país.

Tanto mi colega Jéssica Quesada, quien realizó la cobertura para CR Hoy, como yo, dimos palabras de ánimo tanto a ellas como a los peregrinos que madrugaron para conseguir el mejor sitio y ver el paso del papamóvil.

La logística panameña indicaba que Francisco no pasaría por el punto en el que nos encontrábamos, pero Quesada motivaba a la multitud con seguridad: "El papa va a venir". Esas palabras me quedaron grabadas porque me devolvieron la confianza en que tendría un segundo encuentro con el pontífice.

Hacía muchísimo calor, pero eso no impidió que miles de personas se congregaran para recibir la histórica visita desde el Vaticano.

Minutos antes de las 9:00 a. m., llegó el momento por el cual tantas familias habían acampado: el recorrido de Francisco. Con él, vino mi segunda experiencia viéndolo con mis propios ojos.

En la grabación del trayecto del papa, se escucha con potente voz un grito que decía: "¡Costa Rica, Costa Rica!", con una inmensa alegría. Por esos segundos, olvidé mi rol como periodista y saqué al niño que llevaba dentro.

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Aunque vi al papa Francisco durante los cuatro días en que estuve en la JMJ, esa mañana de sábado volvió a marcar mi vida espiritual y aligeró toda la fatiga que sentía.

En los 13 años que llevo ejerciendo como periodista, esa cobertura internacional ha sido la más emocionante. Y me atrevo a decir que también lo fue para los colegas que estuvieron conmigo: Andrés Ramírez Fernández, Allan Arroyo Castro, Laura Brenes Fernández, Lorena Bogantes González, Jéssica Quesada Palacios y yo.

Lejos de la competencia que suele decirse que existe entre los medios de comunicación, los seis que cubrimos el evento nos apoyamos mutuamente: compartimos baterías para celulares, nos ayudamos como camarógrafos para los pases en vivo y colaboramos en diversas tareas logísticas.

Hoy el papa Francisco se nos ha ido, pero su legado perdurará en quienes tuvimos la oportunidad de verlo de cerca.

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