Miles de árboles podrían morir en Guanacaste por estrés hídrico asociado a El Niño

Estrés hídrico

El bosque de Guanacaste podría volver a perder miles de árboles por estrés hídrico.

El bosque seco de Guanacaste enfrenta una nueva amenaza por el fenómeno de El Niño. Una sequía intensa, como la que se espera, podría desencadenar un episodio de estrés hídrico similar al ocurrido en 2015, cuando miles de árboles murieron por la falta prolongada de agua.

La advertencia surge desde el Área de Conservación Guanacaste (ACG), donde especialistas recuerdan que aquel evento provocó una de las mayores afectaciones registradas en los ecosistemas secos de la provincia.

Roger Blanco Segura, encargado del Programa de Investigación y gestor del Sitio Patrimonio Natural de la Unesco en el ACG, explicó que el estrés hídrico ocurre cuando los árboles y otras plantas no logran absorber ni transportar suficiente agua para mantener sus funciones vitales.

"Los árboles son seres vivos y necesitan agua para realizar procesos como la fotosíntesis y la respiración. Durante las sequías algunas especies logran reducir la pérdida de agua cerrando los estomas de las hojas y limitando su circulación interna, pero llega un momento en que ya no pueden soportarlo y terminan muriendo", explicó.

Blanco, quien acumula cuatro décadas de trabajo en el Sistema Nacional de Áreas de Conservación (Sinac), señaló que cada especie tiene mecanismos distintos para enfrentar la falta de agua, pero ninguna está completamente protegida ante una sequía extrema.

El antecedente que preocupa

El principal referente ocurrió durante el fenómeno de El Niño de 2015, considerado uno de los eventos más intensos registrados en la región.

En el Parque Nacional Santa Rosa se documentó la muerte de más de 40 especies de árboles debido al estrés hídrico prolongado. Además, los científicos detectaron un aumento significativo en la mortalidad del bosque: la pérdida natural de árboles pasó de cerca de un 2% a alrededor de un 8% durante ese periodo.

Uno de los estudios más reveladores fue realizado por investigadores que monitoreaban la alimentación de monos.

El equipo daba seguimiento semanal a 400 árboles para registrar la producción de hojas, flores y frutos. Al finalizar la sequía, cerca de una cuarta parte había muerto.

"Encontrábamos los árboles completamente secos. Fue producto del estrés hídrico generado por ese Mega Niño", recordó Blanco.

Un escenario que podría repetirse

Para el investigador, las condiciones actuales generan una preocupación similar.

Aunque el bosque todavía luce verde y mantiene presencia de lluvias, explicó que el panorama podría cambiar conforme avance el fenómeno de El Niño.

"Vamos a enfrentarnos a esas mismas realidades. Tendremos alrededor de un 50% menos de lluvia y luego llegará la época seca. Además, este fenómeno traerá temperaturas entre uno y dos grados más altas y más viento, lo que incrementa la desecación", indicó.

Según Blanco, esa combinación aumenta la presión sobre un ecosistema adaptado a condiciones extremas, pero vulnerable ante cambios prolongados en la disponibilidad de agua.

Especies bajo presión

El estrés hídrico no afecta únicamente a los árboles. El especialista advierte que sus efectos podrían extenderse a diferentes especies que dependen del bosque seco.

Algunos animales tienen la capacidad de desplazarse hacia zonas con mayor disponibilidad de agua, como cañones de ríos o sectores con más cobertura vegetal. Sin embargo, otras especies no cuentan con esa posibilidad.

"Habrá especies, comunidades y poblaciones que serán más sensibles que otras. Algunas aves podrán moverse hacia sitios más húmedos, pero otras especies que no tienen esa capacidad podrían desaparecer de ciertos sectores", advirtió.

En el caso de los árboles, explicó que la afectación tampoco ocurre de forma uniforme.

Durante la sequía de 2015, los investigadores identificaron que los ejemplares más viejos, enfermos o ubicados en zonas con menor disponibilidad de humedad fueron los más afectados.

En cambio, otros árboles de la misma especie lograron sobrevivir porque se encontraban cerca de quebradas o en condiciones que les permitieron conservar más agua.

Un impacto que va más allá de los árboles

Blanco insiste en que la muerte de árboles representa una pérdida que afecta a todo el ecosistema.

Cada árbol desaparecido modifica las condiciones para las especies que dependen de él como fuente de alimento, refugio o espacio para reproducirse.

Por esa razón, considera que la evolución del fenómeno de El Niño deberá monitorearse durante los próximos meses, ya que podría convertirse en una de las mayores pruebas para el bosque seco tropical costarricense desde la sequía histórica de 2015.

Esta información forma parte de un especial sobre los desafíos que enfrenta Guanacaste en el marco de la conmemoración de la Anexión del Partido de Nicoya. Estas son las demás publicaciones de la serie:

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