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Menos tiempo para fiscalizar: Propuesta de recorte al control político en la Asamblea Legislativa despierta alarmas

Plan para reducir el control político a 30 minutos semanales desata críticas por debilitar la fiscalización en el Congreso

Por Carlos Mora | 4 de Abr. 2026 | 1:35 am

 

La idea de reducir el tiempo destinado al control político en el Plenario Legislativo encendió las alertas entre actuales y futuros diputados, quienes advierten que la medida recortaría uno de los principales mecanismos de fiscalización del Poder Ejecutivo.

La discusión surge en medio de la elección de la próxima Presidencia del Congreso, donde la diputada oficialista electa y aspirante a ese cargo, Yara Jiménez, planteó abiertamente la necesidad de ajustar estos espacios. "Si yo pudiera, me gustaría limitar el control político", afirmó en días recientes, al cuestionar el uso que se le da a este tiempo dentro de las sesiones.

Sus declaraciones provocaron reacciones inmediatas. Desde la oposición, varios legisladores aseguran que no se trata de un simple ajuste administrativo, sino de un posible golpe al equilibrio de poderes. Recuerdan que este es uno de los espacios más visibles para cuestionar al Poder Ejecutivo, donde se denuncian irregularidades, se exigen explicaciones y se ponen sobre la mesa temas que muchas veces no llegan a discutirse en proyectos de ley.

La diputada del Partido Unidad Social Cristiana (PUSC) y vicepresidenta del Congreso, Vanessa Castro, fue tajante al decir que "quitar o limitar el control político es debilitar la democracia".

Jiménez, por su parte, defiende la postura bajo el argumento de la eficiencia. Señala que algunos mecanismos de control político se convirtieron en un uso poco productivo del tiempo legislativo y cuestionó el funcionamiento de las comisiones investigadoras, al considerar que en ciertos casos generan "cargas innecesarias". Incluso, fue más directa en otras declaraciones: "Se han despilfarrado recursos públicos y tiempo de los diputados".

¿Cuánto se quiere recortar?

Actualmente, el Plenario dedica cerca de 30 minutos por sesión a este tipo de intervenciones, en un espacio que, aunque no está definido de forma expresa en un solo artículo del Reglamento de la Asamblea Legislativa, se ha consolidado como práctica parlamentaria. Es, además, uno de los momentos de mayor visibilidad política dentro del Congreso.

El presidente de la República, Rodrigo Chaves, aseguró que la futura presidenta de la Asamblea Legislativa, Yara Jiménez, limitaría el control político únicamente a los miércoles y por apenas 30 minutos en el próximo periodo legislativo. "Aquí no vamos a venir a hablar paja… será los miércoles… media hora", afirmó durante su programa semanal desde Casa Presidencial.

Esto implicaría, en la práctica, eliminar el control político los lunes, martes y jueves, como ocurre actualmente.
Por su parte, la presidenta electa de la Asamblea Legislativa, Laura Fernández, también respaldó la medida y ha apoyado la idea de limitar las comisiones investigadoras.

La propuesta generó un fuerte rechazo en diputados electos del PUSC y del PLN. Abril Gordienko y Álvaro Ramírez criticaron la intención de reducir este espacio, señalando que el control político es una función clave para fiscalizar, denunciar y dar voz a los legisladores. Además, advirtieron que no puede modificarse de forma unilateral, ya que requiere una reforma al Reglamento legislativo aprobada por el Plenario.

Ariel Robles Barrantes, diputado del FA y excandidato presidencial. CRH

Denuncias de peso

En la práctica, el control político se convirtió en una vitrina para impulsar cuestionamientos de alto impacto a nivel nacional.
Un ejemplo claro ocurrió en enero de 2023, cuando el Plenario acordó abrir un debate reglado después del espacio de control político para cuestionar al Ministerio de Hacienda por el manejo del llamado "megacaso" de evasión fiscal. La discusión fue impulsada por fracciones de oposición y rápidamente escaló a nivel nacional.

El Plenario acordó referirse al tema en medio de fuertes críticas al Ejecutivo. Posteriormente, el caso siguió generando presión política: incluso en 2024, la diputada frenteamplista Sofía Guillén lo calificó como un posible "show mediático para perseguir adversarios".

En esa misma línea, el control político también abrió espacio para cuestionar presuntos ataques del Gobierno a la libertad de prensa. Diputados llevaron al Plenario señalamientos por declaraciones del Ejecutivo contra medios de comunicación.

Legisladores del Frente Amplio (FA), como Ariel Robles Barrantes, han llevado al debate legislativo denuncias sobre el Refugio Nacional de Vida Silvestre Gandoca-Manzanillo, señalando posibles irregularidades en su gestión y presionando a las autoridades para dar explicaciones públicas. El tema se ha mantenido de forma constante en la agenda, lo que muestra cómo el control político también sirve para sostener discusiones en el tiempo.

Estos casos dejan claro que el control político no es solo un espacio simbólico: en la práctica, funciona como una herramienta de presión inmediata. Permite poner temas en agenda, mover el debate público, generar reacciones fuera del Congreso y, en algunos casos, abrir la puerta a interpelaciones o investigaciones.

Choque político llegaría a Sala IV

Aunque la presidencia legislativa puede ordenar el debate y ajustar los tiempos, ese margen no es ilimitado. Reducir de forma importante el control político podría abrir cuestionamientos serios, incluso a nivel constitucional, por tratarse de una función clave del Congreso.Así lo afirmó el politólogo Carlos Carranza, analista de la Universidad Nacional.

Para el experto, en el fondo el debate no es nuevo, ya que siempre habrá tensión entre avanzar con la agenda legislativa o mantener espacios fuertes de fiscalización. "Hay diputados que consideran que este tiempo se presta para discursos repetitivos o poco productivos, pero otros lo defienden como una de las pocas herramientas reales para ejercer presión directa sobre el Poder Ejecutivo", explicó.

Señaló que la discusión apenas arranca, pero ya apunta a convertirse en un nuevo foco de choque político. Lo que está en juego no es solo cómo se ordena el tiempo en el Plenario, sino hasta dónde llega una de las herramientas más visibles —y sensibles— del control democrático en el país.

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