Macho Coca: “Le doy gracias a EE. UU. que me está llevando, me están salvando”

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Gilbert Bell, extraditado por narcotráfico y conocido como Macho Coca, agradeció a Estados Unidos por sacarlo de Costa Rica: asegura que el traslado "le está salvando la vida" frente a las torturas, el aislamiento extremo y las condiciones de insalubridad que dice haber sufrido durante un año y ocho meses en el módulo de máxima seguridad de La Reforma.

En una declaración brindada instantes antes de su extradición, catalogó el centro penal como una "prisión de tortura para el ser humano" y detalló una serie de presuntas violaciones a sus derechos fundamentales, que van desde la privación del sueño y la desnutrición hasta la negligencia médica y la presencia de plagas en su celda.

Según Bell, el trato inhumano comenzó desde su ingreso al módulo de alta contención: durante sus primeros 90 días de reclusión, un funcionario le prohibió el ingreso de una cobija y lo sometió a bajas temperaturas pese a ser un adulto mayor. Asegura además haber pasado 100 días continuos en una celda a oscuras, sin recibir luz solar.

Tras notificársele su proceso de extradición, los custodios comenzaron a despertarlo cada media hora durante toda la noche, algo que justificaron como una supuesta "orden del fiscal general", versión que Carlo Díaz desmintió.

Bell también relató que fue trasladado al área conocida como "La Hummer", donde los guardias golpeaban los portones metálicos durante la madrugada. Por esa exposición sonora constante, afirma que desde hace tres meses sufre un zumbido en la cabeza que le impide dormir.

El privado de libertad asegura haber perdido 45 kilogramos por las condiciones higiénicas y alimentarias a las que dice estar sometido. Relata que convivía con cucarachas y ratas que llegaban a caminarle por el rostro, y que su dieta se limitaba a dos panes con medio vaso de café en el desayuno, porciones reducidas de arroz sin sal con huevo, atún o picadillo, y apenas un banano o una naranja por semana; según su relato, llegó a pasar hasta 18 horas en ayuno entre comidas.

Al ser ubicado en el sector A1, dice haber convivido con una plaga de palomas y haberse visto obligado a lavar su celda hasta cinco veces al día por el exceso de excrementos, cuyo polvo, asegura, le provocaba infecciones y picazón en los ojos durante las noches.

Bell es diabético desde hace 21 años y celíaco, con acreditaciones médicas del propio penal, pero afirma que las autoridades tomaron su condición celíaca como "un vacilón".

Ante las cámaras, mostró una bolsa con cajas y blísteres de medicamentos para evidenciar, según dijo, la sobremedicación a la que fue sometido en lugar de recibir atención especializada. Sostiene que, ante emergencias de salud, debía esperar hasta ocho días para ser atendido por un médico general, sin acceso a especialistas.

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Bell añadió que el desgaste físico, el aislamiento y la falta de sueño le provocaron episodios de grave desorientación: llegó a perder la noción de su propia identidad, olvidar su número de cédula y tardar 28 días en recordar el nombre de la mascota de su hijo de seis años.

Según su testimonio, un privado de libertad llamado Julio, que presuntamente orina sangre y tiene un solo riñón, tampoco recibe traslado hospitalario, y hay otros reos en estado severo de anemia.

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Alias Compadre

Gabriel Lozano, alias "Compadre", otro extraditado que compartió reclusión con Bell, respaldó sus acusaciones y detalló que la privación del sueño también se ejecuta mediante intervenciones directas en las celdas durante la madrugada. Según su testimonio, oficiales que identificó preliminarmente como miembros de la Unidad Especial de Intervención (UEI) interrumpen el descanso de los reclusos ingresando armados cada 30 o 45 minutos.

"Se asoman por un hueco y nos apuntan, y nos alumbran con una luz intensa", relató Lozano, quien subrayó que esta práctica contradice las normativas que prohíben el ingreso de personas armadas al penal.

Bell y Lozano fueron extraditados hoy hacia Estados Unidos por narcotráfico internacional.