Lenguas indígenas enfrentan riesgo de desaparecer ¿Se pueden salvar?

9 de Ago. 2026 | 12:02 am
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Una lengua puede desaparecer cuando deja de transmitirse entre generaciones, los jóvenes dejan de hablarla y la memoria queda concentrada cada vez en menos voces.

Esa es la amenaza que enfrentan varias lenguas originarias de Costa Rica. Algunas están en riesgo de desaparecer y otras ya perdieron a sus hablantes nativos.

En el país existen ocho pueblos indígenas: bribri, cabécar, ngäbe, maleku, brorán, brunca, huetar y chorotega. Cada uno conserva conocimientos, tradiciones y formas de entender la relación con la naturaleza que están ligadas a su idioma.

Sin embargo, especialistas consideran que el país carece de políticas claras y de un interés suficiente por revitalizar estas lenguas.

Alí García, indígena bribri de Alta Talamanca y asesor de lengua y cultura en la Universidad de Costa Rica (UCR), afirma que muchas de las acciones impulsadas por el Estado no fortalecen la identidad indígena, sino que transmiten a las comunidades la idea de que su lengua y su cultura son un obstáculo que deben dejar atrás para integrarse a la sociedad.

"La lengua es nuestra identidad. Usted elimina una lengua, elimina un pueblo. Entonces, si no hay una acción para proteger la lengua, no hay una acción para que estos pueblos vivan", afirmó García.

Lo que se pierde cuando desaparece una lengua

Para los pueblos indígenas, una lengua no es únicamente un medio de comunicación. También representa una forma de interpretar el mundo, transmitir conocimientos y mantener prácticas culturales que pasan de una generación a otra.

Para García, uno de los principales problemas es que muchas iniciativas para revitalizar estas lenguas parten de un modelo educativo que no toma en cuenta cómo cada pueblo aprende y transmite sus conocimientos.

El especialista describe este proceso como una forma de "colonización lingüística". A su criterio, no basta con traducir materiales del español a una lengua indígena, porque cada idioma responde a estructuras culturales y formas de pensamiento propias.

"Básicamente, no hay un objetivo por revitalizar la lengua. Se trata de una forma de enseñar el idioma mientras se impone una forma de ver el mundo", sostiene.

La escuela no siempre logra mantenerlas vivas

El Ministerio de Educación Pública (MEP) imparte lecciones de lenguas indígenas en centros educativos ubicados dentro de algunos territorios. Sin embargo, especialistas consideran que la enseñanza enfrenta limitaciones que dificultan la recuperación de idiomas que pierden hablantes.

René Zúñiga, coordinador del Programa de Lingüística Centroamericana de la Escuela de Literatura y Ciencias del Lenguaje de la Universidad Nacional (UNA), señala que uno de los principales problemas es que no existe un currículo definido para todas las lenguas indígenas.

Esto hace que la enseñanza dependa, en buena medida, de la preparación de cada docente. Algunas personas encargadas de impartir estas lecciones conocen la cultura indígena, pero no necesariamente dominan la lengua que enseñan.

El problema se vuelve más evidente en comunidades donde quedan pocos hablantes. Zúñiga menciona el caso del buglere, una lengua con pocos usuarios que conviven en territorios donde también habita población ngäbe. Cuando no hay un docente que domine el idioma, puede terminar enseñándose otra lengua indígena.

Además, la enseñanza no siempre tiene continuidad conforme los estudiantes avanzan en el sistema educativo. Ingrid Lacayo, lideresa indígena del territorio Maleku, cuenta que sus hijos recibieron clases de la lengua en la escuela, pero dejaron de recibirlas al ingresar al colegio.

En su territorio, el colegio se encuentra fuera de la comunidad y allí ya no reciben clases de la lengua. A esto se suma que algunos jóvenes ocultan su identidad indígena para evitar situaciones de discriminación o acoso.

Un país construido desde una sola visión

Otro problema señalado por García es que las personas indígenas que dominan su lengua originaria y el español no siempre son reconocidas como bilingües.

A su criterio, esta falta de reconocimiento reduce el valor de sus capacidades lingüísticas y culturales.

Considera que esta situación puede contribuir al debilitamiento de las identidades indígenas y alejar a las nuevas generaciones de sus comunidades y sus raíces.

Zúñiga señala que esta realidad responde también a un problema estructural del país.

"Costa Rica sistemáticamente se ha encargado de hacer una población homogénea que esconde la diversidad etnolingüística del país", afirma.

El especialista considera que existe una deuda con los pueblos indígenas porque muchas instituciones todavía funcionan bajo un modelo pensado principalmente para la población mestiza del Valle Central.

Algunas lenguas están al borde de desaparecer

La situación no es igual para todas las lenguas indígenas. Algunas mantienen miles de hablantes, mientras que otras sobreviven con pocos usuarios o ya no cuentan con hablantes nativos.

Según aproximaciones de una investigación realizada por Zúñiga, el boruca y el brorán no registran hablantes nativos, aunque existen personas con conocimientos parciales de estas lenguas.

El buglere y el miskito también enfrentan una situación vulnerable debido a la baja cantidad de personas que los dominan.

En contraste, el cabécar y el bribri son las lenguas indígenas con mayor cantidad de hablantes en el país, con más de 8.000 personas.

¿Se pueden salvar?

Para García, cualquier estrategia de revitalización debe comenzar con una pregunta fundamental: ¿qué quieren las propias comunidades para sus lenguas?

A su criterio, las políticas públicas deben construirse junto con los pueblos indígenas y adaptarse a sus formas de transmitir conocimientos, entender la educación y preservar su identidad.

En esa dirección, la Universidad Nacional trabaja en un programa piloto de formación docente para fortalecer la enseñanza de lengua y cultura en algunas comunidades, según explica Zúñiga.

También existe una subcomisión de lenguas en desplazamiento que busca crear mecanismos de certificación para que los estudiantes indígenas que dominan su idioma puedan acreditar oficialmente su condición de bilingües ante la universidad.

El objetivo es que hablar una lengua indígena no se convierta en una desventaja durante la formación académica o al momento de graduarse.

La UNA y la UCR también desarrollan investigaciones y proyectos que podrían servir como punto de partida para una política pública más amplia.

Pero para García, el primer paso sigue siendo escuchar a las comunidades. La revitalización de una lengua no depende solo de enseñar el idioma, sino de garantizar que las nuevas generaciones tengan razones y espacios para seguir hablándolo.

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