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Lanamme le recuerda al MOPT y al Conavi los 14 puntos que deben valorar sobre riesgos en una ruta

Accidente en Interamericana Norte provocó 9 muertes y decenas de heridos

Por Pablo Rojas | 20 de Sep. 2022 | 4:16 pm

(CRHoy.com) El Laboratorio Nacional de Materiales y Modelos Estructurales (Lanamme) de la Universidad de Costa Rica (UCR) recomendó al Ministerio de Obras Públicas y Transportes (MOPT) y el Consejo Nacional de Vialidad (Conavi) una serie de puntos que deben valorar en una carretera, por riesgo de deslizamiento o hundimiento.

Sin referirse concretamente a la emergencia sucedida el pasado 17 de setiembre en la carretera Interamericana Norte, a la altura de Cambronero, donde un deslizamiento arrastró un autobús y una motocicleta a un precipicio, provocando la muerte de 9 personas, la institución apuntó que las recomendaciones dadas están al amparo de la ley 8114 (que les permite fiscalizar obras viales y rutas nacionales).

"En este no se realiza un análisis sobre el caso concreto, ni se prejuzga sobre posibles causas o responsables. Se trata de una recomendación general aplicable a todas las rutas con alta vulnerabilidad", detalló el laboratorio.

La entidad detalló que la gestión del riesgo en infraestructura deben ponderar aspectos relacionados con la vulnerabilidad de la infraestructura y las amenazas que se pueden presentar en el sitio.  Esto, incluye los 14 siguientes puntos:

  • Condiciones de la superficie de rodamiento: condiciones del Índice de Regularidad Internacional (IRI) y de la Resistencia al deslizamiento (Grip Tester), que tienen que ver con el confort y la seguridad vial respectivamente.
  • Condiciones de drenajes: tanto el drenaje superficial (cunetas, contracunetas, quiebragradientes, alcantarillas) como los subdrenajes.
  • Señalización y demarcación vial: si satisface las necesidades del sitio, incluye sistema de contención vial.
  • Clima: lluvias, corrientes de agua, durante el periodo de invierno (lluvia estacional y de alta intensidad) y para condiciones especiales por fenómenos atmosféricos (huracanes y tormentas).
  • Topografía: pendientes, presencia o no de vegetación y su tendencia a deslizamiento.
  • Tipos de suelos:  según sea el tipo, así su facilidad de degradación con presencia de lluvia.
  • Estructuras geológicas: fallas y plegamientos, por ejemplo, donde resulta necesario conocer la posición del material y si existe un favorecimiento a su deslizamiento.
  • Sismicidad: cuyas vibraciones pueden favorecer el deslizamiento de materiales y aún más en presencia de lluvias.
  • Vulcanismos: cuyas vibraciones y material liberado puede afectar ríos y recargar taludes y desestabilizarlos.
  • Zonas de inundaciones: durante el periodo de invierno (lluvia estacional y de alta intensidad) y para condiciones especiales por fenómenos atmosféricos.
  • Actividad humana: generadora de riesgos.
  • Historial de vulnerabilidad: conocer la vulnerabilidad de las rutas para considerar cuánto aumenta su vulnerabilidad con los eventos que se están presentando.
  • Mantenimiento: estrategias y políticas de mantenimiento vial a corto, mediano y largo plazo.
  • Establecer elementos disparadores: en términos de las amenazas se debería ponderar la existencia o probabilidad de aparición de los distintos "elementos disparadores", como por ejemplo, presencia de fallas locales o zonas de inestabilidad local, presencia de eventos climáticos significativos, tales como huracanes, tormentas, temporales, presencia de sitios con deficiente manejo de aguas superficiales, así como aspectos relacionados con la operatividad de las vías, como el volumen de tránsito en una vía principal, presencia de infraestructura sensible como casas de habitación, edificaciones de servicio como hospitales, bomberos, escuelas, entre otros.

Para el Lanamme, el funcionamiento de toda infraestructura vial debería estar sustentada en un análisis integral de todos los elementos antes mencionados, considerando de forma prioritaria aspectos de seguridad vial, calidad de vida de los usuarios y competitividad país en cada una de las etapas del ciclo de vida de una obra.

Ahora, una vez que se conozcan todas las anteriores condiciones, es necesario desarrollar un plan de gestión de riesgos, donde se establezcan las amenazas, probabilidad, impacto, riesgo y vulnerabilidad; y a partir de estas valoraciones establecer acciones de mitigación, antes, durante y luego de presentada la amenaza, a través de protocolos según sea el caso.  En los protocolos, al menos se debe establecer con claridad:

  • ¿Qué se debe hacer?
  • ¿Por qué se debe hacer?
  • ¿Cuándo se debe hacer?
  • ¿Dónde se realizará?
  • ¿Quién lo debe hacer?
  • ¿Cómo se debe hacer?
  • ¿Cuánto se gastará?

Según la entidad, ese plan se debe realizar para cada etapa del ciclo del desarrollo de un proyecto: planificación, diseño, construcción, operación y mantenimiento.  

En el caso de los taludes, existen una gran variedad de técnicas de estabilización encaminadas a la solución de problemas particulares. La selección de cada solución se ve influenciada por la combinación de muchos factores, entre los cuales se puede mencionar la geometría de los taludes, la geología de los materiales por los que están conformados, la intensidad de las precipitaciones, la meteorización, la sismicidad, etc. Así pues, es necesario que las entidades públicas y privadas implementen diversas técnicas de mitigación de deslizamientos, tanto estructurales como no estructurales, según las particulares de cada talud.

Así las cosas, para el laboratorio, se hace necesario incluir en la gestión de infraestructura el concepto de mitigación, entendiendo mitigación como toda acción que busca reducir la vulnerabilidad o atenuar los daños potenciales sobre la vida y los bienes causados por un evento geológico (como un sismo), hidrológico (como una inundación), climático (como las precipitaciones), entre otros.

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