Familias del Tempisque acomodan el turismo a las mareas y las inundaciones

En Ortega y Bolsón, las comunidades vinculadas al turismo en el Tempisque toman medidas para adaptarse al cambio climático.
Ajustar los recorridos a las condiciones del río y capacitarse para comprender los riesgos forma parte de ese esfuerzo, que busca sostener una actividad de la que dependen unas 200 familias, según Anthony Ruiz, administrador del Área de Conservación Tempisque.
Antes de salir a recorrer el Tempisque, hay una condición que organiza el trabajo: la marea.
Cuando está alta, hay más tours. Cuando baja y disminuye el caudal, los recorridos se reducen. El río marca parte de la jornada de quienes llevan visitantes a conocerlo y de quienes los reciben después con comida guanacasteca.
La actividad conecta embarcaciones, restaurantes y pequeños negocios.
Los visitantes llegan a observar aves, cocodrilos y otros animales. Después del paseo, parte de esa actividad se traslada a las mesas donde trabajan cocineras y saloneros.
La salud del río y la posibilidad de navegar tienen consecuencias en tierra.
Del paseo en lancha a la comida guanacasteca
En Hacienda Los Coyotes, Miguel Bastos recibe a los visitantes con una propuesta que combina el recorrido por el Tempisque y la cultura local.
La finca tiene tres hectáreas y media. Allí se ordeña y se crían cabras, gallinas, cerdos y vacas. También hay un trapiche.
"Este proyecto es un intento de rescatar la cultura guanacasteca", cuenta Bastos.
El lugar tiene dos salones de restaurante, una cantina, una pulpería, un pequeño museo y una tienda de artesanías. Artesanos de Guaitil llegan para mostrar su trabajo.
El paseo por el río es parte de ese recorrido.
"Después del tour, la gente pasa por acá y hace un tour cultural aquí".
La comida que ofrecen es típica guanacasteca. En temporada alta, Hacienda Los Coyotes contrata unas 20 personas, entre ellas de 10 a 12 cocineras.
Así, el movimiento de las lanchas también se relaciona con el trabajo de quienes preparan alimentos, atienden mesas y muestran las tradiciones de la zona.
Ruiz detalló que en Ortega y Bolsón hay cinco establecimientos que ofrecen alimentación a los turistas. La actividad depende, en parte, de que el ecosistema se mantenga saludable y siga atrayendo visitantes.
Cuando el agua aísla

Fotografía: Joel Morales
El agua que permite navegar también puede detener la actividad.
Según Ruiz, las inundaciones dejan aisladas a comunidades cercanas al Tempisque entre 15 y 20 días al año. Durante esos períodos se interrumpe la operación turística y se activan protocolos de emergencia.
El río puede condicionar el trabajo por extremos distintos: cuando baja el caudal, se reducen los tours; cuando las inundaciones aíslan a las comunidades, la actividad se detiene.
Para quienes viven del turismo, prepararse implica acomodar recorridos a las condiciones del agua y responder cuando las crecidas impiden continuar.
Esa relación cotidiana con el Tempisque también convierte a los boteros en aliados de su protección.
Ruiz señaló que avisan cuando encuentran cambios de coloración, olores o posibles cazadores. Sus recorridos les permiten observar señales que luego comunican a los funcionarios.
Cada embarcación debe contar con permiso de uso, seguros y certificado de navegabilidad. Los capitanes también necesitan su licencia.
El río es el lugar de trabajo y el atractivo que sostiene buena parte de la actividad.
Aprender a ajustar las actividades
En las comunidades del área de influencia de Cipancí también se realizan talleres sobre cambio climático, biodiversidad, gestión del agua y adaptación.
Eloy Méndez, consultor de Fundecodes, explicó que la capacitación busca ayudar a líderes comunales, organizaciones, microempresarios y personas que trabajan en turismo a comprender los riesgos que enfrentan.
El proyecto forma parte de actividades del Segundo Canje de Deuda por Naturaleza entre Estados Unidos y Costa Rica, gestionadas mediante la Fundación Costa Rica por Siempre y Fundecodes.
Méndez señaló que conocer esos riesgos permite pensar cómo adaptar las actividades productivas. Entre las condiciones que aborda mencionó la disminución de las fuentes de agua, el aumento de la temperatura y la erosión de los suelos.
La capacitación se suma al trabajo que ya realizan comunidades e instituciones para conservar los humedales de la cuenca.
En Corral de Piedra, por ejemplo, una asociación local participa en la rehabilitación de la laguna y recibe turismo. Sus integrantes han tenido formación en humedales, servicio al cliente, inglés y operación de embarcaciones.
Mantener agua, aprender a atender visitantes y proteger el ecosistema son tareas que se encuentran en un mismo lugar.
Conservar el río para seguir trabajando

Cipancí recibe alrededor de 15 mil turistas al año, según datos del Área de Conservación Tempisque.
Ruiz describe un recorrido donde se pueden observar garzas, cocodrilos, iguanas y monos. También llegan personas interesadas especialmente en las aves.
Ese atractivo depende de un ecosistema que necesita mantenimiento y vigilancia. Los funcionarios trabajan con asociaciones, organizaciones comunales y boteros para atenderlo.
Para las familias vinculadas al turismo, cuidar el Tempisque también significa cuidar una fuente de trabajo.
En Los Coyotes, Bastos une el paseo por el río con el ordeño, el trapiche, las artesanías y la comida local. En las embarcaciones, los recorridos se acomodan a la marea. En las comunidades, las inundaciones obligan a detenerse y activar protocolos.
La adaptación se expresa en esas decisiones cotidianas. Antes de que un visitante llegue a una mesa o conozca la finca, el río ya ha marcado parte del día.














