Empujones, celos y “bromas”: la violencia que muchas familias normalizan
Lo que muchos ven como “bromas” o celos puede ser el inicio de una violencia que se intensifica en fin e inicio de año, advierte un fiscal especializado

Imagen con fines ilustrativos
Si tiene solo unos segundos, lea estas líneas:
- La violencia intrafamiliar no siempre son golpes: ofensas, burlas, celos, control, empujones y tocamientos "en broma" son conductas que se normalizan en muchos hogares y también están sancionadas por la ley.
- El consumo de alcohol, especialmente en fin e inicio de año, es el principal factor que agrava estas conductas, ya que desinhibe, potencia los celos y facilita que la violencia escale progresivamente.
- Reconocer las señales tempranas y buscar ayuda a tiempo es clave para evitar desenlaces más graves, proteger a las víctimas y romper el ciclo de violencia que también afecta a niños, niñas y adultos mayores.
Durante la época de fin e inicio de año, cuando las familias suelen pasar más tiempo juntas y aumentan las celebraciones, también se incrementan los factores de riesgo asociados a la violencia intrafamiliar.
Uno de los principales problemas es que muchas de estas conductas violentas se encuentran tan arraigadas en la convivencia cotidiana que llegan a percibirse como normales, bromas o "vacilones".
Así lo explicó José Zúñiga, fiscal de la Unidad de Género de la Fiscalía de Desamparados, durante el programa Voces MP del Ministerio Público, en el que advirtió que la violencia no siempre se manifiesta mediante golpes visibles, sino que puede presentarse de formas mucho más sutiles, pero igualmente sancionadas por la ley.
Según el fiscal, dentro de los hogares se han venido normalizando conductas como las ofensas verbales, las burlas constantes, las frases con doble sentido, los empujones o los jalones de cabello, especialmente durante reuniones familiares o celebraciones en las que hay consumo de alcohol. Estas acciones, en muchas ocasiones, no son identificadas como violencia ni denunciadas.
"Muchas veces las víctimas lo ven como normal, lo ven como un vacilón; ven como normal que un hombre te ofenda, te diga alguna palabra grosera o grotesca", explicó Zúñiga.
El problema, según detalló, es que esta normalización permite que la violencia escale. Conductas que inicialmente se toleran como bromas pueden evolucionar hacia agresiones cada vez más graves.
Advirtió que "si un día te empujan en son de broma, otro día te van a llegar a dar un golpe y lo van a ver normal, y otro día te van a dar un golpe más fuerte y ya se va a ver normal".
El fiscal también señaló que las conductas sexualizadas dentro del hogar suelen minimizarse. Acciones como dar una nalgada, tocar el pecho o realizar comentarios de contenido sexual se justifican en algunos contextos como chistes, cuando en realidad están contempladas dentro de los tipos de violencia sancionados por la legislación costarricense.
Celos, manipulación y miedo a denunciar
De acuerdo con la Ley N.º 8589, también llamada Ley de Penalización de la Violencia contra las Mujeres, existen distintos tipos de violencia: física, psicológica, sexual y patrimonial. La violencia psicológica incluye ofensas, amenazas, chantajes y restricciones a la autodeterminación, como impedir que una mujer vista de cierta forma, salga de su casa o tome decisiones propias.
Zúñiga explicó que uno de los principales indicadores de alerta es el control excesivo, el cual suele manifestarse de manera progresiva. Preguntas constantes sobre dónde está la pareja, a qué hora regresa, con quién se encuentra o exigencias de enviar fotografías o realizar videollamadas para comprobar su ubicación son señales claras de una relación violenta.
A esto se suman los celos enfermizos, las mentiras, la manipulación emocional y la culpabilización de la víctima por los conflictos dentro de la relación. Muchas veces, estas situaciones no se denuncian por miedo, dependencia económica o temor a quedarse sola.
Otro factor que agrava este tipo de conductas es el consumo de alcohol, especialmente durante diciembre. El fiscal aseguró que, en su experiencia, el alcohol es el factor número uno presente en los casos de violencia intrafamiliar que atiende.
"El alcohol desinhibe, saca pensamientos negativos, celos incontrolables y acrecienta la conducta de control y agresión", explicó.
A diferencia de una persona que sabe controlar su consumo, quienes no lo hacen y además presentan comportamientos agresivos tienden a ejercer violencia con mayor facilidad.
Niños y adultos mayores: víctimas invsibles de la violencia
El impacto de esta violencia no se limita únicamente a la pareja. Niñas, niños, adolescentes y adultos mayores que conviven en el mismo hogar también se ven afectados, aun cuando no sean víctimas directas de la agresión. Según Zúñiga, estas personas suelen convertirse en testigos de los episodios de violencia, lo que les genera afectaciones psicológicas significativas.
En el caso de los menores de edad, es común observar llanto, intentos de intervenir en defensa de la víctima y, en algunos casos, incluso agresiones directas por parte del agresor.
Los adultos mayores, por su parte, experimentan angustia, impotencia y deterioro emocional al no poder ayudar a la víctima debido a su condición de vulnerabilidad.
El fiscal insistió en que reconocer estas conductas a tiempo es clave para evitar desenlaces más graves. La violencia intrafamiliar, explicó, suele seguir un patrón de aumento progresivo si no se detiene desde las primeras señales.
Por ello, hizo un llamado a no minimizar las ofensas, los empujones, los controles ni las "bromas" que generan incomodidad o miedo. Identificar estas conductas y buscar orientación en juzgados de violencia doméstica, fiscalías de género u oficinas de atención a la víctima puede marcar la diferencia entre perpetuar el ciclo de violencia o lograr una vida en paz y tranquilidad.