Banda narco de “Los Gery” tenía sucursales con colaboradores
La agrupación criminal conocida como Los Gery ha mantenido un modelo operativo que dividió barrios entre encargados, asignó roles específicos a cada miembro y coordinó la logística del narcomenudeo desde lugares seguros, según el expediente judicial de un juicio que ya está en etapa de conclusiones.
Cada uno de esos colaboradores posee roles o funciones claramente definidos. Dependiendo del tipo de función y del nivel jerárquico dentro del grupo criminal, se exponen en mayor o menor medida a las investigaciones, como vigilancias y seguimientos, compras controladas de droga, decomisos a terceros o intervenciones telefónicas.
La Fiscalía considera que, en algunos casos, estas personas coordinan desde lugares seguros —como viviendas o puntos de reunión— toda la logística necesaria para cumplir los objetivos del grupo, que consisten en lucrar mediante el narcomenudeo.
De hecho, la Fiscalía concluyó que la estructura presenta características como si se tratara de una empresa legal, con rangos jerárquicos, división de funciones y segmentación de áreas, entre otros aspectos.
En esta organización narcotraficante, al igual que en una empresa formal, ocurre que no todos los "colaboradores" se conocen. En la mayoría de los casos, quien es dueño o responsable de la droga ni llega a tocar la mercancía, según detalló la Fiscalía.
Pese a ello, la Fiscalía perfiló a los hermanos Gery Alexander, alias Focus, y Gary Alexander, alias Voltio o Gordo Campos Barrantes, como líder y sublíder del grupo, quienes contaban con ayuda de "gerentes" del negocio ilegal.
Así se dividían los barrios
Uno de los principales puntos de operación se ubicaba en el sector de Santiago del Monte, en Tres Ríos, en La Unión de Cartago. Allí, se presume que el encargado era Ariel Noé Loría Solís, quien tenía a su cargo varios vendedores terminales.
A ellos les exigía tener listo el dinero los domingos o lunes. Como operador de la banda, recolectaba dinero producto de la venta de drogas y suministraba estupefacientes a otros vendedores terminales, entre ellos Óscar Calderón Jiménez, considerado su mano derecha.
Además, contaba con la colaboración de su madre, Carolina Loría Solís (también acusada), quien semanalmente recibía el dinero de los demás miembros de la organización.
Según la acusación, Loría incluso habría ordenado la muerte de una persona por diferencias relacionadas con el negocio, para lo cual dispuso de otros miembros del grupo para la ejecución del homicidio.
En la zona también operaban José Antonio Vargas Cascante, alias Mickey, y Rafael Ángel Zúñiga Ramírez, quien, junto a otro miembro de la banda, mantuvo en custodia 50 libras de marihuana.
En barrio San Martín de Tres Ríos, el encargado de la operación narco era Humberto Mauricio Carvajal Calderón, alias Bacardí, quien se dedicaba tanto a la distribución de droga como al cobro de dinero de otros miembros de la organización.
No obstante, las llamadas interceptadas evidencian conversaciones entre Ariel y Bacardí, que reflejan su relación en temas de dinero. Según la Fiscalía, Bacardí se encargaba de cobrar y estaría por encima de Ariel en la estructura, además de ser cercano a Gary, el sublíder.
En barrio La Eulalia, el principal operador era Michael Sandoval Rodríguez, encargado de la distribución, venta y almacenamiento de droga. Tenía bajo su mando a varios vendedores, entre ellos su hermano Jean Carlo Sandoval Rodríguez, alias Goofy, quien cobraba dinero y portaba armas de fuego de grueso calibre.
Este sujeto comercializaba y almacenaba droga en su casa, así como en la vivienda de su madre, Sandra Rodríguez Quesada, quien también cobraba dinero y administraba la droga, según la Fiscalía.
Sandoval realizó ventas a terceros y suministró droga a otros miembros de la organización. Incluso, sin saberlo, un colaborador encubierto efectuó una compra controlada. Además, existen numerosas comunicaciones que evidencian ventas diarias de estupefacientes. Este sujeto también mantenía contacto directo con los dos hermanos líderes.
En esa comunidad también operaba Stanley Araya Araya, alias Sabusa, considerado uno de los principales vendedores de la zona, así como José Roberto Fallas Ramírez, alias Antón o Piapia, quien era de confianza de Ariel para custodiar, trasladar y cobrar dinero.
Entre Urbanización La Eulalia y Santiago del Monte, también fue designado como vendedor Michael Mora Agüero, quien incluso fue objeto de dos compras controladas por parte de agentes judiciales.
Otro vendedor en San Martín era Franyel Andrey Pérez Cordero, quien distribuía estupefacientes y, además, almacenaba droga en su vivienda, según el expediente judicial.
Influencia en Quepos
La organización también tenía a un hombre encargado de la venta de droga en los alrededores del centro comercial Terramall. Se trata de Jordan Segura Mejía, alias Tío o Piolín, a quien la Fuerza Pública le decomisó, en noviembre de 2019, casi medio kilo de marihuana. Era vecino de la urbanización Las Margaritas.
En otros puntos de La Eulalia también se designaron vendedores como Adrián Delgado Gamboa, Marlon Pérez, alias Negro; José Fernando Rojas Madrigal, alias Muelas; y Pablo Yesquen Rodríguez.
En el sector de calle Mesén, en La Unión, operaba Klever Mejías López, quien además realizaba traslados de droga y mantenía relaciones con mandos superiores.
En San Pedro de Montes de Oca, uno de los colaboradores era Pierre Grain Lachner, quien cumplía funciones de distribución y trasiego de drogas, especialmente sintéticas y cannabis, y se hacía acompañar de un sujeto conocido como "Dani El Enano".
Una de las zonas más alejadas de influencia del grupo era Quepos, donde lograron incursionar. Allí tenían a Bryan Andrey Cubillo Cordero como vendedor de crack, cocaína y marihuana, incluso en vía pública, cerca de la plaza local.
Entre los acusados también figuran otros encargados de puntos de venta directa al consumidor, como David Francisco Morales Navarro, alias Supra, quien respondía a Daniel Córdoba Fallas, alias El Enano, como proveedor y cobrador. A su vez, tenía a su cargo a vendedores como Mario Picado Solano, alias Gomitas, a quien entregaba dosis de marihuana y crack para su comercialización.
A Córdoba también le respondía Kenneth Jesús Conejo Bonilla, alias Chiky, quien almacenó droga en su vivienda, vinculada a la organización criminal.
Cerca de 26 supuestos integrantes enfrentan desde hace varios meses un juicio en el Tribunal Penal Especializado en Delincuencia Organizada por delitos relacionados con narcotráfico y sicariato. Los hermanos señalados como cabecillas afrontarán un juicio aparte, luego de que un fallo en el proceso conjunto obligara a reiniciar su causa desde cero.
La banda es considerada una de las más violentas del país, con operaciones centradas principalmente en Cartago (La Unión) y zonas de San José, en medio de disputas con otros grupos por el control de territorios para la venta de droga.


