¿Adictos a las malas relaciones de pareja?
El adicto a las relaciones depende de otra persona de la misma manera que quien necesita una droga para funcionar

Existen personas adictas a la conquista, al sexo y al enamoramiento. Foto de archivo.
Así como existe la adicción al trabajo, a las apuestas o a las drogas, también se puede ser adicto a las relaciones y depender de una relación de la misma manera que quien necesita una droga para funcionar.
Cuando una persona depende de otra, lo hace porque sin ella no puede tomar decisiones ni funcionar.
Al mismo tiempo, existe quien permite que dependan de él, y lo hace porque necesita ser el héroe de la historia, y cumple un rol de "codependiente", ya que está asumiendo el papel de "mesías". Esa persona necesita que lo necesiten.
Según el consejero familiar, Alex Grant, la adicción a las relaciones se puede explicar por ejemplo, "si una persona tiene una relación con otra que es alcohólica, lo hace porque ha decidido ‘salvarlo'".
"Esta persona entra en una alianza con el adicto y se vuelve su cómplice, se convierte en el colchón que impide que l otro toque fondo. Eso mismo pasa en las relaciones de pareja", explicó.
Existen personas adictas a la conquista, al sexo y al enamoramiento. Los adictos a la conquista son quienes necesitan estar constantemente ligando, "siempre están coqueteando, independientemente que la relación termine en un acto sexual. A esa persona lo que le produce satisfacción es que puede conquistar a otra persona", señaló.
Y agregó: "Puede tener un matrimonio, pero la relación no le llena, y lo que necesita es seguir conquistando. No busca una relación sino la adrenalina de conquistar".
En tanto, los adictos al sexo, ven en el otro a un potencial encuentro o experiencia sexual. "Esta persona no discrimina y según sea su gusto o preferencia sexual, necesita estar teniendo encuentros sexuales, para tratar de saciar ese vació", dijo.
Los adictos al enamoramiento son personas enamoradas del amor, que quieren permanecer en la relación mientras está en la etapa inicial, "pero una vez que deben avanzar pierden el interés y saltan a otra historia para volver a comenzar con otra pareja que es lo que le produce placer", advirtió.
Según Grant, al final todas las adiciones, ya sean a las sustancias, actividades o relaciones, "buscan llenar un vació, escapar de la realidad o anestesiar un dolor".
La adicción a relaciones, como cualquier otra adicción requiere de un acompañamiento profesional y de grupos de apoyo.
Tal como hay grupos de alcohólicos anónimos, también hay de codependientes anónimos, hasta donde acuden personas con patologías similares que a través de seguir la metodología de los 12 pasos y compartir testimonios que luego, "les permiten comenzar procesar el origen de su propia adicción y a trabajarlo desde allí", señaló.
De acuerdo con Grant, se podría decir que la persona adicta a las relaciones no se sana nunca, "lo que ocurre es que se vuelve un adicto en recuperación, siempre estará propenso a recaer".
Una de las precauciones que sugirió tomar en cuenta el consultor familiar es tomarse el tiempo necesario para conocer con más profundidad a la otra persona. La idea es cultivar una amistad y a la vez tratar de conocer el historial de esa persona.
"Si no quiere presentar a la familia o amigos o no hace parte al otro de sus redes sociales, eso puede ser una señal de que hay algo que oculta", advirtió.
"Soy codependiente"
María Elena es el nombre ficticio de una ejecutiva, que lleva dos años en terapia por adicción a las relaciones.
Al contar su historia, reconoció que hace mucho tiempo sabía que algo anormal pasaba en sus relaciones de pareja e incluso con su hijo, pero no hacía nada por superarlo.
"Estaba a tanto que la codependencia era una adición, pero admitir que uno es adicto es la parte más difícil. Hasta libros compraba sobre el tema, pero no los leía porque había una negación", dijo.
Después de su divorcio, esta mujer de 50 años tuvo dos relaciones y con personas muy parecidas, "con un pasado difícil y yo con mucho deseo de rescatarlos, pero ambas terminaron muy mal", mencionó.
La última relación dijo que fue una locura. Según María Elena esta pareja era un agresor, "no contestaba el teléfono y eso hacía que aumentara mi ansiedad, lo llamaba diez o quince veces", recordó.
Pero la relación con su hijo de 25 años también era insana. "El salía en la noche y me hacía una novela en la cabeza. No dejaba de pensar en si chocaba, si se le pasaba algo, lo que para mi era una tortura" dijo.
Hasta que un día aceptó que las cosas no andaban bien y pidió ayuda. No quería seguir sintiendo ansiedad desmedida, "era una angustia permanente que me comía", agregó.
Fue recién hace dos años, que decidió tratarse. María Elena señaló que ha sido un proceso muy duro, "el hecho de aceptar que soy codependiente y hablar con otras personas que sufren lo mismo, me hizo comprender que no estaba sola. Estar ahí y aceptar que tienes un problema serio y que si no lo resuelves afectas la vida de personas cercanas, te hace empezar a sanar", mencionó.
Con su hijo reconoció que se terminó el conflicto y a nivel personal empezó a ver qué quiere realmente para su vida. "Ahora espero que llegue una persona sana, porque ya no tengo que estar resolviendo los rollos de nadie", concluyó.