3 de cada 4 estudiantes que dejaron las aulas a medio año eran de programas para adultos

Crédito: Marcelo Guzman Villalta.
Tres de cada cuatro estudiantes que dejaron las aulas durante la primera mitad de 2026 estaban matriculados en programas de educación para jóvenes y adultos, según datos del Ministerio de Educación Pública (MEP).
En total, el ministerio registró 9.959 casos de exclusión educativa. De ellos, 7.440 correspondieron a estas modalidades, que representan el 7,6% de la matrícula nacional.
La tasa de exclusión permite dimensionar el abandono en cada modalidad educativa y conocer qué porcentaje de estudiantes dejó de estudiar durante el primer semestre.
En los programas de educación para jóvenes y adultos, la tasa fue del 10,28%: uno de cada diez estudiantes abandonó las aulas. En las demás modalidades, los porcentajes fueron considerablemente menores:
- Primaria: 0,10%.
- Secundaria académica: 0,56%.
- Educación técnica: 0,49%.
Pese a estas cifras, los programas para jóvenes y adultos registraron una mejora respecto a 2025. A mediados de ese año, 10.843 estudiantes habían dejado las aulas en estas modalidades, para una tasa de exclusión del 14,42%.
La exclusión es mayor entre los 25 y 35 años
Los estudiantes de 25 a 29 años registraron la mayor tasa de exclusión educativa, con un 12,8%. Les siguieron quienes tenían entre 30 y 35 años, con un 11,6%. Entre las personas de 18 a 24 años, el porcentaje fue del 9,8%.
Estos datos corresponden a estudiantes de esas edades en todo el sistema educativo, no solo a quienes asisten a programas para jóvenes y adultos.
Andy Vargas Rodríguez, coordinador enlace del Programa de Educación Abierta de la Universidad de Costa Rica (UCR) con el MEP, relacionó estos resultados con las responsabilidades laborales y económicas que enfrentan los adultos jóvenes.
Según explicó, entre los 18 y los 35 años muchas personas buscan incorporarse al mercado laboral y alcanzar estabilidad económica. En esa etapa también comienzan a asumir gastos propios, deudas y responsabilidades familiares, por lo que pueden dar prioridad al trabajo.
Además, quienes apenas comienzan su vida laboral suelen tener menos posibilidades de solicitar permisos o ajustar sus horarios que quienes cuentan con empleos más estables.

Trabajo, cuido y gastos dificultan continuar estudiando
Muchos adultos regresan a las aulas para terminar el colegio, mejorar sus oportunidades laborales o continuar estudios superiores. Otros buscan completar una etapa educativa que dejaron pendiente años atrás, explicó Vargas.
Sin embargo, retomar los estudios implica combinar las clases con el trabajo, las responsabilidades familiares y las labores de cuido. Estas obligaciones dificultan la asistencia y pueden llevar a abandonar nuevamente la formación.
Los horarios son uno de los principales obstáculos. Algunos estudiantes trabajan durante el día y estudian por la noche, mientras que otros tienen jornadas laborales variables que les impiden asistir con regularidad. Vargas también mencionó la inseguridad que enfrentan quienes regresan a sus casas después de las lecciones.
A esto se suman los gastos de transporte, alimentación y materiales. Aunque las clases son gratuitas, estos costos representan una barrera para quienes dependen de ingresos diarios, pues asistir a lecciones también puede significar perder horas de trabajo.
Ante estas dificultades, Vargas considera necesario ofrecer horarios y opciones de estudio más flexibles, así como ampliar los apoyos económicos para que los adultos puedan continuar su formación sin descuidar sus responsabilidades familiares.