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Venezuela y su petróleo: cuánta riqueza hay realmente y qué frena su explotación

Por Gustavo Arias | 8 de Ene. 2026 | 3:28 am

Si tiene solo unos segundos, lea estas líneas:

  • Venezuela posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, pero gran parte de ese crudo es pesado o extrapesado y no resulta fácilmente rentable en las condiciones actuales.
  • Décadas de desinversión, colapso institucional y deterioro de PDVSA dejaron a la industria con infraestructura obsoleta y una producción muy inferior a su potencial, cuya recuperación exigiría inversiones masivas.
  • La intención de Washington de controlar el petróleo venezolano enfrenta límites legales, riesgos políticos y un complejo tablero geopolítico.

Tras la captura de Nicolás Maduro, Donald Trump expresó su intención de que empresas estadounidenses asuman el control de los recursos energéticos de Venezuela.

El mandatario sostiene que busca recuperar activos que, según su versión, fueron "robados" a compañías de su país décadas atrás. La expectativa de una riqueza petrolera inmediata, sin embargo, choca con una realidad técnica, financiera y política compleja.

¿Cuán grandes son realmente las reservas de petróleo de Venezuela?

Según los datos más recientes de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), Venezuela concentra las mayores reservas probadas de crudo del mundo. El total asciende a 303.221 millones de barriles, cerca del 17% de las existencias globales. El país supera así a potencias como Arabia Saudita.

La mayor parte de ese volumen se localiza en la Faja Petrolífera del Orinoco. Este yacimiento figura como el más grande del planeta por volumen certificado.

La magnitud real de esas reservas, no obstante, genera debate. Mientras el Estado venezolano respalda esas cifras, especialistas independientes advierten que gran parte del crudo figura como "recurso en sitio" y no como reserva económicamente recuperable en las condiciones actuales.

Algunos analistas plantean una estimación más conservadora. Sitúan las reservas efectivamente explotables entre 100.000 y 110.000 millones de barriles. El país no realiza auditorías internacionales exhaustivas de sus yacimientos desde hace años.

¿Por qué es tan difícil y costoso extraer este crudo?

El principal obstáculo radica en la calidad del petróleo venezolano. La mayoría corresponde a crudo pesado y extrapesado, una sustancia densa y viscosa, más cercana al asfalto que al petróleo convencional.

Este crudo presenta altos niveles de azufre. Esa característica lo vuelve más contaminante y corrosivo para ductos y equipos.

Para su exportación, requiere procesos adicionales complejos. Entre ellos figuran el uso de diluyentes importados o la construcción de plantas "mejoradoras" que transforman el crudo denso en uno más liviano.

Estos procedimientos elevan de forma significativa los costos de producción. Los proyectos solo resultan rentables con precios internacionales altos. Analistas estiman que el punto de equilibrio ronda los $80 por barril, por encima de los valores recientes, que oscilan entre $60 y $70 .

¿En qué estado se encuentra la infraestructura tras décadas de crisis?

La industria petrolera venezolana vivió un colapso profundo. En la década de 1990 producía cerca de 3,5 millones de barriles diarios. A finales de 2024 y comienzos de 2025, la cifra apenas superaba el millón de barriles por día.

Ese nivel representa menos del 1% del suministro mundial. El deterioro responde a años de desinversión, escaso mantenimiento, corrupción y una fuga masiva de personal calificado. La estatal PDVSA perdió gran parte de su capital humano.

La infraestructura muestra un avanzado estado de obsolescencia. Muchos de los más de 3.400 kilómetros de oleoductos superan los 50 años de uso y registran fallas frecuentes.

Las refinerías operan muy por debajo de su capacidad. Por ejemplo, el Centro de Refinación Paraguaná figura entre los casos más críticos. El país incluso importa combustibles para cubrir su demanda interna.

Especialistas calculan que la recuperación de los niveles históricos de producción exigiría inversiones de entre $180.000 y $250.000 millones en la próxima década.

¿Cuáles son los obstáculos políticos y legales?

Pese a la retórica de Trump sobre el control de la industria, el camino legal presenta incertidumbre. El mandatario sostiene que Venezuela expropió activos estadounidenses en 2007, durante el gobierno de Hugo Chávez, y plantea usar la producción actual como mecanismo de compensación.

El derecho internacional reconoce la soberanía de los Estados sobre sus recursos naturales. Expertos subrayan que el petróleo pertenece a la nación venezolana y no a actores externos.

La presidenta designada, Delcy Rodríguez, intenta mantener un vínculo pragmático con Washington. Aun así, insiste en que su gobierno actúa sin "influencia externa" y rechaza cualquier forma de tutela.

Las petroleras estadounidenses, como ExxonMobil o ConocoPhillips, también muestran cautela. La inestabilidad política y los riesgos regulatorios frenan compromisos de largo plazo. Las empresas esperan garantías contractuales y fiscales claras antes de invertir miles de millones de dólares.

¿Qué papel juegan las sanciones y la geopolítica regional?

Las sanciones impuestas por Estados Unidos desde 2017 alteraron el mapa petrolero venezolano. Las medidas limitaron el acceso de PDVSA a financiamiento y prohibieron el comercio de crudo con empresas estadounidenses.

Ante ese escenario, Venezuela reforzó su relación con China. Pekín se convirtió en su principal comprador y acreedor. La deuda acumulada ronda los $50.000 millones y se paga con envíos de petróleo.

Washington busca ahora revertir esa dinámica. Su objetivo es que el crudo venezolano vuelva a las refinerías estadounidenses, diseñadas para procesar petróleos pesados.

La estrategia tiene dos frentes. Por un lado, asegurar energía más barata para la economía estadounidense. Por otro, reducir la influencia de China, Rusia e Irán en la región.

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