Segunda vuelta en Portugal: guía para entender las elecciones de este domingo
Si tiene solo unos segundos, lea estas líneas:
- Portugal enfrenta una segunda vuelta presidencial inédita desde 1986, tras una primera ronda sin mayorías que dejó fuera al centroderecha y abrió un duelo entre continuidad institucional y ruptura del sistema.
- La elección define el equilibrio de poder en un sistema semipresidencialista, donde el presidente tiene facultades clave para vetar leyes, disolver el Parlamento y condicionar la estabilidad del gobierno conservador en minoría.
- António José Seguro parte como favorito frente a André Ventura, en una contienda que pondrá a prueba la resistencia institucional portuguesa y medirá la consolidación de la ultraderecha como actor central del reordenamiento político.
Portugal afronta este domingo una cita electoral inédita en décadas. Por primera vez en casi 40 años, el país no logró elegir a su jefe de Estado en una sola votación. El resultado obliga a millones de ciudadanos a volver a las urnas para definir el rumbo político inmediato.
Lo que está en juego va más allá de un nombre. La elección enfrenta dos visiones opuestas: la continuidad institucional que encarna el socialista António José Seguro y la ruptura del sistema tradicional que promueve André Ventura, líder de la ultraderecha.
Estas son las claves para entender qué está en juego:
Un escenario inédito desde 1986
La última segunda vuelta presidencial en Portugal ocurrió en 1986. Entonces, Mário Soares alcanzó la presidencia tras una remontada histórica. Desde ese año, todos los jefes de Estado lograron la mayoría absoluta en la primera votación.
Esa tradición se rompió el 18 de enero. Ningún candidato alcanzó el 50% de los votos. António José Seguro, exlíder del Partido Socialista, sorprendió con un 31%. André Ventura quedó segundo con un 23,5%.
El resultado dejó fuera de competencia a los candidatos del centroderecha. Supuso, además, un golpe para el primer ministro, Luís Montenegro, cuyo aspirante no superó la primera ronda. El balotaje plantea ahora una confrontación directa entre moderación institucional y cuestionamiento frontal del sistema.
El poder real del presidente en Portugal
Desde fuera, la presidencia en sistemas parlamentarios suele parecer simbólica. En Portugal no lo es. El país funciona bajo un modelo semipresidencialista que otorga al jefe de Estado competencias decisivas.
El presidente actúa como garante de la Constitución y árbitro político. Dispone, además, de la facultad de disolver la Asamblea de la República y convocar elecciones anticipadas si aprecia un bloqueo institucional. También puede vetar leyes, ejerce como comandante supremo de las Fuerzas Armadas y designa al primer ministro.
Por eso, el resultado de este domingo influirá de forma directa en la estabilidad del actual gobierno conservador en minoría.
Dos candidatos, dos visiones
António José Seguro se presenta como el candidato de la estabilidad. Exministro y figura histórica del socialismo, construyó un discurso de unidad nacional. Ha sumado apoyos más allá de la izquierda, incluidos referentes del centroderecha y expresidentes conservadores como Aníbal Cavaco Silva y António Ramalho Eanes.
Su mensaje gira en torno a la defensa de la democracia y de los servicios públicos. Se ofrece como un árbitro institucional sereno frente a la confrontación política. Los sondeos lo sitúan como claro favorito, con una intención de voto cercana al 67%.
André Ventura representa el ascenso de la extrema derecha en Portugal. Fundó Chega en 2019 tras una etapa como comentarista televisivo. En pocos años convirtió a su partido en la tercera fuerza política del país.
Ventura plantea la elección como un plebiscito contra el sistema. Promete una sacudida institucional y acusa a sus rivales de inmovilismo. Las encuestas anticipan una derrota, pero su estrategia apunta a consolidar liderazgo opositor y arrastrar a la derecha clásica hacia posiciones más duras.
Una campaña marcada por el mal tiempo en Portugal
El cierre de la campaña quedó atravesado por una crisis climática. Las borrascas Kristin y Leonardo provocaron inundaciones, daños materiales y al menos una víctima mortal. La situación alteró la logística electoral y tensó el debate político.
Ventura pidió aplazar las elecciones a escala nacional. Argumentó falta de condiciones para votar en igualdad. Las autoridades electorales y el presidente saliente, Marcelo Rebelo de Sousa, rechazaron una suspensión general. Solo autorizaron retrasos puntuales en municipios afectados, como Alcácer do Sal.
El episodio se convirtió en munición política. Ventura criticó la respuesta del gobierno de Montenegro y reforzó su discurso de denuncia. Seguro también elevó el tono y cuestionó la eficacia de los servicios de emergencia. La principal incógnita ahora es el impacto del mal tiempo en la participación, con el riesgo de una baja afluencia.
Lo que viene: cohabitación y reordenamiento político
Si se cumplen las proyecciones, António José Seguro ganará la presidencia y Portugal entrará en una etapa de cohabitación. El país tendría un presidente socialista y un primer ministro conservador. Ese equilibrio exigirá negociación constante y pondrá a prueba la capacidad de diálogo entre las principales fuerzas políticas.
El resultado de André Ventura también tendrá lectura europea. Incluso con una derrota, un avance por encima del 30% confirmaría su objetivo estratégico: redefinir la derecha portuguesa y consolidar a Chega como una fuerza estructural.
