¿Qué es un río atmosférico y por qué llegará a Chile?

Un río atmosférico es una extensa corriente de vapor de agua que se desplaza por la atmósfera y puede provocar lluvias intensas.

Un río atmosférico es una extensa corriente de vapor de agua que se desplaza por la atmósfera y puede provocar lluvias intensas.Imagen con fines ilustrativos.

Un río que nadie puede ver se dirige hacia Chile y podría dejar lluvias importantes en varias regiones del país durante los próximos días.

Se trata de un río atmosférico, una extensa corriente de vapor de agua que se desplaza por la atmósfera y que, al encontrarse con determinadas condiciones, puede potenciar las precipitaciones.

El fenómeno previsto para esta semana estará asociado a un sistema frontal y podría incrementar las lluvias desde la zona centro-sur hacia el sur de Chile.

Un río atmosférico es una banda larga, estrecha y transitoria de la atmósfera que transporta grandes cantidades de vapor de agua. En términos sencillos, funciona como una especie de corredor de humedad en el cielo.

Estas corrientes suelen originarse sobre regiones tropicales y subtropicales, donde la evaporación de los océanos aporta enormes cantidades de humedad. Después, los vientos las trasladan hacia latitudes medias y altas.

Cuando esa corriente húmeda llega a una zona montañosa o se encuentra con determinadas condiciones atmosféricas, el aire asciende, se enfría y el vapor comienza a condensarse. El resultado puede ser lluvia intensa o, en zonas suficientemente frías, nevadas abundantes.

¿De dónde sale tanta agua?

El gran depósito de humedad de los ríos atmosféricos está en los océanos.

En las regiones tropicales, la radiación solar calienta constantemente la superficie marina y favorece la evaporación. Parte de esa agua pasa a la atmósfera en forma de vapor y queda incorporada a masas de aire cálido y húmedo.

Aquí entra en juego una característica fundamental de la atmósfera: el aire cálido puede contener más vapor de agua que el aire frío. Por eso, las regiones tropicales pueden acumular grandes cantidades de humedad antes de que esta se transforme nuevamente en agua líquida.

Después, los grandes sistemas de circulación atmosférica comienzan a transportar esa humedad. Los vientos asociados a sistemas meteorológicos y las corrientes en altura pueden concentrarla en corredores largos y relativamente estrechos.

¿Por qué pueden provocar lluvias tan intensas?

El problema comienza cuando toda esa humedad encuentra las condiciones adecuadas para descargarse.

Uno de los mecanismos más importantes ocurre cuando el río atmosférico llega hasta una cadena montañosa. El aire húmedo se encuentra con el relieve y es obligado a ascender.

A medida que asciende, la presión disminuye y el aire se expande y se enfría. Como el aire frío puede contener menos vapor de agua, parte de esa humedad comienza a condensarse en gotas de agua o cristales de hielo.

Si el suministro de humedad continúa llegando desde el océano, el proceso puede mantenerse durante horas o incluso más tiempo. Por eso, en determinadas circunstancias, un río atmosférico puede alimentar precipitaciones persistentes sobre una misma región.

Las montañas no son la única condición que puede intensificar las lluvias. Estos fenómenos también pueden interactuar con frentes y sistemas de baja presión. Cuando una masa de aire cálido y húmedo se encuentra con aire más frío, el aire cálido puede verse obligado a ascender, favoreciendo nuevamente la condensación y las precipitaciones.

En Chile, la cordillera de los Andes y la configuración de la costa y del territorio pueden desempeñar un papel importante en la forma en que estas masas de humedad terminan descargándose.

¿Qué tiene que ver el cambio climático?

El cambio climático tiene una relación importante con la cantidad de humedad que puede transportar la atmósfera.

A medida que aumenta la temperatura del planeta, los océanos y otras superficies pueden aportar más vapor de agua a la atmósfera. Además, el aire más cálido tiene una mayor capacidad para contener humedad.

Esto no significa que cada río atmosférico vaya a producir automáticamente lluvias más intensas. La cantidad de precipitación que finalmente se registra depende también de la trayectoria del fenómeno, su duración, la temperatura, los vientos, el relieve y la interacción con otros sistemas meteorológicos.

Por eso, los científicos estudian el cambio climático no solo para determinar si estos eventos serán más frecuentes, sino también para conocer cómo podría cambiar la cantidad de humedad que transportan y la intensidad de las precipitaciones asociadas.

¿Significa que habrá más ríos atmosféricos?

No necesariamente.

El aumento de las temperaturas puede modificar las condiciones que favorecen estos fenómenos, pero eso no significa simplemente que habrá una mayor cantidad de ríos atmosféricos en todas las regiones del planeta.

Lo que sí preocupa a los científicos es que, en un mundo más cálido, los ríos atmosféricos que se formen puedan transportar mayores cantidades de vapor de agua.

En otras palabras, el cambio climático puede alterar tanto la cantidad de humedad disponible como la intensidad de algunos episodios de precipitación relacionados con estos corredores de humedad.

Además, sus efectos no son iguales en todas partes. Mientras una región puede recibir lluvias beneficiosas para sus reservas de agua, otra puede enfrentar precipitaciones excesivas, deslizamientos o inundaciones.

¿Qué riesgos representan?

Un río atmosférico no es necesariamente sinónimo de desastre. De hecho, estos fenómenos pueden desempeñar un papel importante en el suministro de agua de algunas regiones y contribuir a recuperar reservas después de períodos secos.

El problema aparece cuando llega demasiada humedad en poco tiempo o cuando el fenómeno permanece durante varias horas sobre una misma zona.

Las lluvias intensas pueden provocar crecidas de ríos, inundaciones, deslizamientos de tierra y daños en carreteras, viviendas e infraestructura. En las zonas cordilleranas, además, la precipitación puede presentarse en forma de nieve y aumentar el riesgo de aludes bajo determinadas condiciones.

El peligro también depende de cuánto esté preparado el territorio para recibir esas precipitaciones. Una misma cantidad de lluvia puede tener efectos muy diferentes dependiendo del suelo, la saturación previa, la topografía y la existencia de infraestructura adecuada para evacuar el agua.

Por eso, los meteorólogos no observan únicamente la presencia de un río atmosférico. También analizan su intensidad, trayectoria, duración y la manera en que interactuará con el resto de las condiciones meteorológicas.

¿Cómo se detectan?

Aunque desde la superficie no podemos ver un río atmosférico como vemos un río convencional, los meteorólogos pueden identificarlo mediante diferentes herramientas.

Los satélites permiten observar grandes extensiones de la atmósfera y detectar zonas con elevados niveles de humedad. También se utilizan mediciones de temperatura, presión, viento y vapor de agua obtenidas mediante estaciones meteorológicas, globos y otros instrumentos.

A esa información se suman los modelos numéricos de predicción meteorológica. Estos sistemas procesan enormes cantidades de datos para estimar hacia dónde se desplazará la corriente de humedad y qué condiciones encontrará durante su recorrido.