¿Puede la IA convertirse en una amenaza para la economía de EE. UU.?

Si tiene solo unos segundos, lea estas líneas:
- La inteligencia artificial se convirtió en uno de los principales motores de la economía de Estados Unidos al impulsar inversiones multimillonarias en infraestructura, chips y centros de datos.
- El principal riesgo es que las inversiones no generen el aumento de productividad y los retornos que hoy esperan los mercados, lo que podría afectar a la economía estadounidense.
- Aunque los especialistas no ven una crisis inminente, advierten que la competencia con China y la incertidumbre sobre el verdadero potencial de la IA mantienen abierto el debate sobre su impacto a largo plazo.
En pocos años, la inteligencia artificial (IA) pasó de ser una tecnología experimental a convertirse en una de las principales apuestas económicas de Estados Unidos. Las grandes empresas tecnológicas invierten cientos de miles de millones de dólares en centros de datos, chips y nuevos modelos de IA. Esa carrera impulsó a Wall Street, fortaleció la inversión privada y convirtió a esta industria en uno de los motores del crecimiento económico del país.
Sin embargo, ese protagonismo también plantea una pregunta cada vez más frecuente entre economistas y analistas: ¿qué ocurriría si esas inversiones no generan los resultados que hoy esperan los mercados?
Aunque los especialistas descartan que exista una crisis inminente, advierten que una parte creciente de la economía estadounidense depende del éxito de una tecnología cuyo verdadero potencial todavía está en desarrollo.
¿Por qué la IA mueve tanta economía?
El economista Rodrigo Cubero explica que el impacto económico de la IA va mucho más allá del desarrollo de programas informáticos.
La expansión de esta tecnología impulsa la construcción de centros de datos, aumenta la demanda de servidores y chips especializados, genera empleo altamente calificado y fortalece la inversión privada.
Además, muchas empresas ya utilizan herramientas de inteligencia artificial para automatizar procesos y aumentar su productividad.
Tomás de Camino Beck, director de la Escuela de Sistemas Inteligentes de la Universidad Cenfotec, coincide en que el auge también beneficia a industrias que, a simple vista, parecen alejadas de la tecnología.
La construcción, la manufactura, la producción de semiconductores e incluso el sector energético crecieron para responder a la enorme demanda de infraestructura que requiere la IA.
Ese fenómeno llevó a compañías como Microsoft, Meta, Amazon, Google y OpenAI a invertir cientos de miles de millones de dólares en nuevos centros de datos.
¿Dónde está el riesgo?
Precisamente porque la IA adquirió tanto peso en la economía.
Cubero explica que una parte importante del optimismo de los mercados descansa en la expectativa de que esas inversiones generarán fuertes incrementos de productividad durante los próximos años.
Pero ese resultado todavía no está garantizado.
De Camino señala que muchas personas ya realizan su trabajo con mayor rapidez gracias a la inteligencia artificial, aunque eso no significa automáticamente que las empresas produzcan más o aumenten sus ingresos.
"Depende también de la demanda y del modelo de negocio", resume.
En otras palabras, la IA ya está cambiando la economía, pero aún falta comprobar si generará el crecimiento que hoy descuentan los inversionistas.
¿Existe una burbuja?
Esa incertidumbre alimenta las comparaciones con la burbuja de las empresas puntocom de finales de la década de 1990.
En ambos casos, una tecnología emergente despertó enormes expectativas y elevó el valor de compañías que prometían transformar la economía.
Sin embargo, ambos especialistas consideran que existen diferencias importantes.
Cubero afirma que todavía no hay evidencia suficiente para concluir que exista una burbuja financiera.
Mientras tanto, De Camino recuerda que muchas herramientas de inteligencia artificial ya producen beneficios concretos y forman parte del trabajo diario de empresas, universidades y centros de investigación.
Aunque reconoce que algunas compañías podrían estar sobrevaloradas, considera que el desarrollo de la IA ya dejó de ser únicamente una promesa.
La competencia con China aumenta la presión
La carrera tecnológica también tiene un componente geopolítico.
Para Cubero, la competencia entre Estados Unidos y China incentiva la innovación y acelera la inversión en investigación y desarrollo.
No obstante, De Camino advierte que ambos países siguen estrategias diferentes.
Mientras Estados Unidos concentra buena parte de su ventaja en el desarrollo de chips de alto rendimiento y modelos cerrados, China apuesta por liberar parte de sus modelos para facilitar su adopción y reducir costos.
Si esa estrategia prospera, el liderazgo tecnológico mundial podría redistribuirse con mayor rapidez de la prevista.
¿Qué pasaría si el entusiasmo desaparece?
Si los inversionistas concluyen que la inteligencia artificial no generará los retornos esperados, el impacto podría extenderse mucho más allá del sector tecnológico.
Los especialistas consideran que podrían presentarse consecuencias como:
- Una caída en el valor de las acciones de las principales empresas tecnológicas
- La reducción o postergación de proyectos para construir centros de datos.
- Una menor inversión en investigación y desarrollo.
- Mayor volatilidad en los mercados financieros.
- Una desaceleración del crecimiento económico estadounidense.
A esto se suma otro desafío: el enorme consumo de electricidad y agua que requieren los centros de datos, un factor que ya genera resistencia en algunas comunidades y que obligará a desarrollar modelos más eficientes.