¿Por qué el volcán de Fuego es uno de los más peligrosos de América?

Si tiene solo unos segundos, lea estas líneas:

  • El volcán de Fuego es uno de los más peligrosos de América porque mantiene una actividad eruptiva casi permanente y puede generar flujos piroclásticos que descienden en minutos.
  • La tragedia de 2018, que dejó más de 200 fallecidos, transformó la gestión del riesgo en Guatemala y llevó a reforzar el monitoreo y las evacuaciones preventivas.
  • Cerca de 1,6 millones de personas viven bajo la influencia del volcán y permanecen expuestas a amenazas como flujos piroclásticos, lahares, caída de ceniza y cierres de vías estratégicas.

La nueva erupción del volcán de Fuego obligó a evacuar comunidades en Guatemala y volvió a poner la atención sobre uno de los volcanes más peligrosos de América.

Su peligrosidad no se explica por un solo factor. A diferencia de otros volcanes de la región, mantiene una actividad eruptiva casi permanente, puede generar flujos piroclásticos capaces de descender por sus laderas en cuestión de minutos y está rodeado por decenas de comunidades expuestas a estos fenómenos.

La tragedia de 2018, que dejó más de 200 personas fallecidas y una cifra similar de desaparecidos, evidenció el enorme riesgo que representa este volcán y llevó a reforzar los sistemas de monitoreo y los protocolos de evacuación.

Una actividad que casi nunca se detiene

A diferencia de muchos volcanes que pueden pasar años o incluso décadas sin registrar erupciones, el volcán de Fuego mantiene una actividad casi constante.

Con frecuencia expulsa columnas de ceniza, gases, material incandescente y, en ocasiones, ríos de lava. Sin embargo, estos fenómenos visibles no constituyen el mayor peligro.

La principal amenaza son los flujos piroclásticos, el fenómeno más letal asociado a este volcán.

Los flujos piroclásticos son avalanchas de gases volcánicos, ceniza y fragmentos de roca que descienden por las laderas a gran velocidad y con temperaturas que pueden superar los 600 grados Celsius.

Su capacidad destructiva radica en que avanzan en cuestión de minutos, arrasando todo a su paso y dejando muy poco tiempo para que las personas puedan evacuar.

Ese fenómeno fue el responsable de la tragedia ocurrida el 3 de junio de 2018, cuando una violenta erupción sepultó varias comunidades, entre ellas San Miguel Los Lotes y parte de El Rodeo.

La erupción que cambió la gestión del riesgo

La erupción del 3 de junio de 2018 es considerada el desastre volcánico más grave de la historia reciente de Guatemala. El evento dejó más de 200 personas fallecidas, una cifra similar de desaparecidos y alrededor de 1,7 millones de personas afectadas.

Los flujos piroclásticos descendieron por la barranca Las Lajas y sepultaron comunidades enteras bajo toneladas de ceniza, rocas y gases a temperaturas extremas. La rapidez con la que avanzó el material volcánico impidió que muchas familias lograran ponerse a salvo.

Tras la emergencia, la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres (Conred) recibió fuertes cuestionamientos por la demora en ordenar evacuaciones obligatorias. Además, el desastre destruyó infraestructura clave, entre ella la Ruta Nacional 14, una de las principales vías de conexión entre Escuintla y Sacatepéquez.

La tragedia obligó al Instituto Nacional de Sismología, Vulcanología, Meteorología e Hidrología (Insivumeh) y a las autoridades de protección civil a reforzar los protocolos de monitoreo y acelerar las evacuaciones preventivas cuando la actividad del volcán aumenta.

¿Cómo vigilan al volcán?

El Insivumeh mantiene una vigilancia permanente del volcán de Fuego mediante una red de monitoreo que opera las 24 horas del día.

El sistema combina estaciones sísmicas que detectan movimientos internos, sensores acústicos capaces de identificar explosiones, cámaras de vigilancia en tiempo real e imágenes satelitales que permiten seguir la evolución de las columnas de ceniza y las anomalías térmicas.

A ello se suman mediciones de gases volcánicos y una red de observadores locales, integrada por personal técnico y habitantes de comunidades cercanas que reportan cualquier cambio visible en la actividad.

Toda esta información permite emitir alertas tempranas y coordinar evacuaciones preventivas cuando existe riesgo para la población.

Personas viven bajo su influencia

El volcán de Fuego se ubica entre los departamentos de Escuintla, Sacatepéquez y Chimaltenango, donde viven alrededor de 1,6 millones de personas.

Las comunidades asentadas en sus faldas enfrentan el mayor riesgo, ya que están expuestas al descenso de flujos piroclásticos, lahares —corrientes de lodo y escombros volcánicos— y caída de rocas a través de barrancas como Ceniza, Las Lajas, Seca y Taniluyá.

El peligro también alcanza a quienes transitan por la Ruta Nacional 14, que suele cerrarse cuando aumenta la actividad volcánica.

Incluso poblaciones más alejadas sufren los efectos de la caída de ceniza, que deteriora la calidad del aire, afecta la salud respiratoria, contamina fuentes de agua y provoca pérdidas en la producción agrícola.

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