Papa Francisco siente vergüenza por los pecados del mundo

20 mil personas esperaban al papa Francisco en los alrededores del Coliseo Romano donde se efectuó en Vía Crucis.
(AFP) El papa Francisco presidió en una Roma blindada su quinto Vía Crucis como pontífice alrededor del Coliseo, al término del cual rezó por "la sangre vertida por los inocentes" por guerras e injusticias.
Al final del sugestivo recorrido con el que se conmemora el calvario de Cristo hasta su crucifixión, el papa pronunció más de siete veces la palabra "vergüenza" para enumerar los pecados, omisiones, injusticias, escándalos y horrores que azotan al mundo y a la misma iglesia.
"Vergüenza por la sangre inocente que cotidianamente viene derramada por mujeres, niños, emigrantes, personas perseguidas por el color de la piel o por su pertenencia étnica, social, o por su fe en ti", dijo el papa con voz firme y a la vez conmovida.
Dirigiéndose al Cristo crucificado, el papa argentino reconoció su "vergüenza" "por todas las imágenes de devastación, de destrucción, de naufragio, que se han convertido en ordinarias para nosotros", agregó.
El papa reconoció también su "vergüenza por todas las veces que obispos, sacerdotes, consagrados y consagradas hemos herido tu cuerpo, la Iglesia", dijo en un alusión a los abusos cometidos por curas pedófilos.
En su oración, el pontífice pidió por "nuestros hermanos arrasados por la violencia, por la indiferencia y por la guerra" e instó a "romper las cadenas que nos tienen prisioneros en nuestro egoísmo, en nuestra ceguera involuntaria, y en la vanidad de nuestros cálculos mundanos".
El pontífice llegó al célebre monumento romano, en donde unas 20 mil personas, turistas y religiosos, entre ellos la alcaldesa de Roma, Virginia Raggi, lo esperaban, algunos con antorchas.
Roma blindada
"Roma está blindada, vigilada. Espero que no suceda nada", comentó una joven a la RAI, la televisión italiana, que transmitió en directo el evento a numerosos países.
Tanques del ejército fueron aparcados al ingreso de la gran avenida que conduce al Coliseo para impedir ataques contra la multitud con automóviles, como ocurrió en Londres y Niza.
Francisco, de 80 años, presidió como el año pasado el rito desde la terraza del Palatino, frente al imponente anfiteatro romano, sin recorrer a pie las 14 estaciones.
En cada una de las estaciones, una liviana cruz de color gris fue cargada por jóvenes, inmigrantes, religiosos.
En la décima estación una familia colombiana formada por Claver Martínez Ariza, su esposa Marlene y dos hijos llevó la cruz. En la octava, le tocó el turno a una familia egipcia.

El pontífice, vestido de rojo y en la oscuridad, se acostó sobre un tapete como símbolo de que Jesús ha muerto.
Las dos familias representaban a los dos países que el papa argentino visitará este año para instar al diálogo y la reconciliación.
Antes del Vía Crucis, el pontífice, vestido de rojo y en la oscuridad, se acostó sobre un tapete en la basílica de San Pedro, sin cruz pectoral ni anillo del pescador, como símbolo de que Jesús ha muerto.
El domingo culminarán las celebraciones de Semana Santa con la misa de Resurrección y el mensaje "Urbi et orbi", a la ciudad y al mundo.