Logo

Japón ante un poder concentrado: qué implica la supermayoría de Sanae Takaichi

Por Gustavo Arias | 12 de Feb. 2026 | 4:22 am

Si tiene solo unos segundos, lea estas líneas:

  • Japón entra en una etapa de poder concentrado sin precedentes recientes, tras la victoria aplastante del Partido Liberal Democrático de Sanae Takaichi, que le otorga una supermayoría legislativa y un control del Parlamento no visto desde la posguerra.
  • El respaldo electoral se apoya más en el fenómeno Takaichi que en el partido, con una primera ministra que rompió moldes, capitalizó su popularidad —la llamada "Sanaemanía"— y convirtió la elección en un plebiscito sobre estabilidad y fortaleza política. 
  • La nueva mayoría abre espacio para decisiones importantes, desde un giro fiscal expansivo que inquieta a los mercados hasta una política de seguridad más directa frente a China y un debate latente sobre la Constitución pacifista.

Japón se encuentra ante un escenario político inédito. El Partido Liberal Democrático (PLD), liderado por la primera ministra Sanae Takaichi, ganó las elecciones generales y aseguró una supermayoría de 316 escaños en la Cámara Baja. El resultado otorga al oficialismo un control del poder legislativo sin precedentes desde la posguerra.

La apuesta de Takaichi por elecciones anticipadas, convocadas pocos meses después de asumir el cargo, sorprendió. Sin embargo, el triunfo aplastante consolida su liderazgo, debilita a la oposición y abre una nueva etapa política. El reto ahora consiste en transformar ese respaldo en respuestas concretas frente a una economía estancada y un entorno internacional cada vez más tenso.

La "Sanaemanía"

El resultado no se explica solo por la estructura tradicional del PLD. Takaichi rompió con el perfil clásico del dirigente japonés. A sus 64 años, sin herencia política y con una imagen personal poco convencional, conectó con votantes jóvenes y sectores desencantados.

Su afición a las motocicletas y a la música heavy metal, sumada a una estrategia digital efectiva, alimentó un fenómeno mediático conocido como "Sanaemanía". Los índices de aprobación superaron el 70% y arrastraron a un partido golpeado por escándalos de corrupción recientes.

Takaichi convirtió la elección en un plebiscito sobre su figura. Planteó una disyuntiva clara: estabilidad y fortaleza frente a una oposición fragmentada. El mensaje caló. La izquierda y la Alianza de Reforma Centrista no lograron articular una alternativa creíble.

Sanae Takaichi: una aplanadora legislativa con límites políticos

La aritmética parlamentaria refuerza el poder de la primera ministra. El PLD y su socio de coalición, el Partido de la Innovación de Japón (Ishin), controlan 352 de los 465 escaños de la Cámara Baja. Esa mayoría permite anular vetos de la Cámara Alta, donde el oficialismo no domina.

El margen de maniobra facilita la aprobación de presupuestos y leyes ordinarias sin depender de negociaciones complejas. Aun así, el poder no resulta absoluto. Takaichi prometió gobernar con humildad, consciente del desgaste rápido que han sufrido líderes anteriores.

La coalición con Ishin tampoco está libre de fricciones. Persisten diferencias sobre reformas institucionales y coordinación electoral, lo que podría tensionar la gobernabilidad a mediano plazo.

Economía: estímulo estatal frente al riesgo fiscal

La economía se perfila como la prueba decisiva. La inflación y la caída del poder adquisitivo marcaron la campaña. Takaichi propone una estrategia expansiva, conocida ya como "Sanaenomics", basada en mayor gasto público y apoyo directo a sectores estratégicos.

Entre sus promesas figuran la suspensión temporal del impuesto al consumo sobre alimentos y fuertes inversiones en industria y defensa. El enfoque rompe con la disciplina fiscal tradicional, pero despierta inquietud en los mercados.

Japón carga con la mayor deuda pública del mundo desarrollado. El anuncio de más gasto provocó volatilidad en el yen y preocupación en el mercado de bonos. Analistas advierten que sin reformas estructurales, el estímulo podría alimentar la inflación, que ya duplicó el precio del arroz en un año.

El desafío consiste en aliviar a los hogares sin desatar una crisis fiscal, en paralelo al intento del Banco de Japón por normalizar las tasas de interés tras décadas de política monetaria expansiva.

Seguridad, China y el debate constitucional

En política exterior y defensa, Takaichi marca un quiebre con la cautela tradicional de Japón. Su victoria refuerza un giro hacia una estrategia más explícita de disuasión frente al avance de China y a un entorno regional más volátil.

La primera ministra promueve una reinterpretación —y eventual reforma— del Artículo 9 de la Constitución pacifista, con el objetivo de reconocer sin ambigüedades a las Fuerzas de Autodefensa como un ejército formal y ampliar su margen de actuación.

Ese objetivo enfrenta obstáculos. La reforma constitucional exige mayorías calificadas en ambas cámaras y un referendo nacional. El PLD no cuenta con los votos necesarios en la Cámara Alta, y no habrá elecciones allí hasta 2028.

En el corto plazo, el gobierno apunta a medidas pragmáticas: elevar el gasto en defensa al 2% del PIB, reforzar la alianza con Estados Unidos y profundizar la cooperación militar, sin abrir de inmediato el debate constitucional.

El reto demográfico y el horizonte político de Sanae Takaichi

El reto estructural más complejo es demográfico. Japón envejece a un ritmo acelerado y su población activa se contrae, una combinación que presiona el sistema de pensiones, reduce la base tributaria y limita el crecimiento económico.

Frente a ese escenario, Takaichi descarta la inmigración masiva, una opción políticamente sensible, y plantea una estrategia centrada en la automatización, la innovación tecnológica y una mayor incorporación de mujeres al mercado laboral.

El enfoque, sin embargo, presenta tensiones internas. Analistas y sectores críticos advierten que una agenda social conservadora puede obstaculizar ese objetivo. La resistencia a reformas simbólicas, como permitir que las mujeres casadas conserven su apellido, se interpreta como una señal de rigidez cultural que choca con la necesidad de ampliar y diversificar la fuerza laboral.

Comentarios
0 comentarios