Logo

El fin del Nuevo Start: qué implica para el mundo que EE. UU. y Rusia se queden sin “freno” nuclear

Por Gustavo Arias | 6 de Feb. 2026 | 5:12 am

Si tiene solo unos segundos, lea estas líneas:

  • El fin del Nuevo Start deja a Estados Unidos y Rusia sin límites verificables sobre sus arsenales nucleares, eliminando el último acuerdo de control de armas heredado de la Guerra Fría y aumentando el riesgo de errores de cálculo en un contexto de alta tensión global.
  • El colapso del tratado refleja la ruptura política entre Washington y Moscú y el nuevo peso de China, cuyo crecimiento nuclear bloquea un acuerdo bilateral y complica la posibilidad de un marco multilateral en el corto plazo.
  • El escenario que se abre combina contención económica con mayor incertidumbre estratégica, sin una carrera armamentística inmediata, pero con menos transparencia, más desconfianza y un riesgo sistémico mayor para la seguridad global.

Esta semana, el reloj de la seguridad global cruzó un umbral temido durante años por diplomáticos y expertos. El Tratado de Reducción de Armas Estratégicas, conocido como Nuevo Start, expiró de forma oficial. Con ello, las dos mayores potencias nucleares del planeta quedaron sin un marco legal que limite sus arsenales por primera vez en más de medio siglo.

La desaparición del acuerdo, firmado en 2010 por Barack Obama y Dmitri Medvédev, no representa un trámite burocrático. Marca el desmantelamiento del último pilar de control de armas heredado de la Guerra Fría.

En un contexto de alta tensión geopolítica, con la guerra en Ucrania activa y una rivalidad creciente con China, Washington y Moscú entran en territorio desconocido.

Estas son las claves para entender la magnitud del cambio.

¿Qué era el Nuevo Start y por qué resultaba vital?

El Nuevo Start no era solo un documento firmado en Praga. Funcionaba como un sistema de frenos entre las dos superpotencias que concentran más del 80% de las ojivas nucleares del mundo.

El tratado fijaba límites claros y verificables. Permitía a Estados Unidos y Rusia desplegar un máximo de 1.550 ojivas estratégicas cada uno y restringía a 700 el número de misiles y bombarderos operativos.

La base real del acuerdo no estaba solo en los números, sino en la transparencia. El principio de "confía, pero verifica" autorizaba hasta 18 inspecciones anuales en bases militares del adversario. Ese intercambio constante de información reducía el riesgo de errores de cálculo y ataques por sorpresa.

Ese flujo de datos se interrumpió. Las inspecciones se suspendieron durante la pandemia y luego tras la invasión rusa de Ucrania en 2022. Aun así, la vigencia legal del tratado mantenía los límites numéricos, que ahora desaparecieron.

¿Por qué colapsó el acuerdo Nuevo Start?

El final del Nuevo Start responde a una erosión diplomática prolongada, acelerada por la guerra en Ucrania y los cambios en el equilibrio global. En 2021, ambas partes extendieron el tratado por cinco años, al inicio del mandato de Joe Biden. Poco después, la relación bilateral volvió a deteriorarse.

En febrero de 2023, Rusia suspendió su participación como respuesta al apoyo militar de Estados Unidos a Kiev. Moscú prometió respetar los límites mientras el tratado siguiera vigente.

El golpe definitivo llegó por la falta de consenso político para una nueva prórroga o un acuerdo sucesor. En setiembre de 2025, el presidente ruso, Vladimir Putin, propuso una extensión de un año para ganar tiempo. El presidente estadounidense, Donald Trump, calificó la idea como "buena", pero la Casa Blanca no avanzó en un proceso formal.

Trump reiteró una posición ya conocida: un tratado bilateral con Rusia carece de sentido si no incluye a China. "Si expira, expira", afirmó el mandatario. Moscú lamentó el fin del acuerdo, pero anunció que actuará según sus intereses nacionales ante la falta de respuesta de Washington.

¿Qué papel juega China?

China se convirtió en el principal punto de fricción. Para Estados Unidos, el arsenal chino crece a un ritmo acelerado y se moderniza con rapidez. Washington considera insuficiente un acuerdo que no incluya a Pekín.

Estimaciones del Pentágono y de organismos internacionales sitúan el arsenal chino en unas 600 ojivas, con la posibilidad de superar las 1.000 antes del final de la década.

Pekín rechaza de plano unirse a negociaciones tripartitas. El gobierno chino alega una profunda asimetría. Rusia y Estados Unidos poseen miles de ojivas. China sostiene que solo participará en negociaciones cuando ambas potencias reduzcan sus arsenales a niveles similares, un escenario poco probable en el corto plazo.

Para Washington, el dilema resulta complejo. Debe disuadir a dos rivales nucleares al mismo tiempo. En Moscú, además, crece la desconfianza hacia proyectos estadounidenses de defensa antimisiles, como el llamado "Domo de oro", al que atribuyen un potencial desequilibrio estratégico.

¿Qué escenario se abre ahora?

Con la expiración del tratado, ni Estados Unidos ni Rusia enfrentan límites formales sobre el número de armas nucleares desplegadas. En teoría, esto abre la puerta a una carrera armamentística tanto en cantidad como en tecnología.

Expertos advierten que ambos países podrían reactivar ojivas almacenadas y aumentar su despliegue con relativa rapidez. Sin embargo, una expansión inmediata resulta poco probable.

Las restricciones económicas y técnicas pueden actuar como freno. Rusia, desgastada por la guerra en Ucrania, señaló que no planea aumentar su arsenal de forma inmediata. Estados Unidos, por su parte, enfrenta elevados costos para modernizar sus equipamiento nuclear.

Una posible negociación

En medio de la incertidumbre surgió una señal inesperada. Delegaciones de ambos países acordaron en Abu Dabi restablecer el diálogo militar de alto nivel, suspendido antes de la invasión a Ucrania. El gesto sugiere un intento por mantener canales abiertos y reducir el riesgo de accidentes.

Funcionarios estadounidenses también indicaron que podrían respetar de forma voluntaria los límites del tratado mientras exploran nuevas vías diplomáticas.

Aun así, la incertidumbre domina el panorama. El "Reloj del Juicio Final", que mide la cercanía a una catástrofe global, marca 85 segundos para la medianoche, su punto más crítico. Sin un tratado que permita verificar las acciones del adversario, la desconfianza se impone y en el mundo nuclear, la desconfianza suele alimentar la escalada.

Comentarios
0 comentarios