El ABC del conflicto entre Estados Unidos e Irán: guía para entender qué está pasando y por qué
El 28 de febrero, el mundo amaneció con una noticia que alteró el tablero internacional: una escalada militar en Medio Oriente.
En una ofensiva conjunta, Estados Unidos e Israel bombardearon objetivos estratégicos en Irán, ataques que no solo destruyeron infraestructura militar clave, sino que también provocaron la muerte del líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jamenei.
Aunque para un país como Costa Rica el conflicto pueda parecer geográficamente distante, sus efectos son inmediatos y tangibles: presiona el precio de los combustibles, alimenta la inflación y añade incertidumbre a la economía global.
Estas son las claves para entender cómo se desencadenó esta crisis, quiénes son los actores centrales y qué está realmente en juego.
La chispa que encendió el polvorín
La guerra actual no comenzó de la noche a la mañana, sino que fue el resultado del colapso de un frágil proceso diplomático. Durante las semanas previas a los bombardeos, Estados Unidos e Irán mantuvieron negociaciones mediadas por Omán para intentar frenar el programa nuclear iraní.
Aunque los reportes indicaban que Teherán había aceptado dejar de enriquecer uranio y permitir inspecciones de la ONU, la administración de Donald Trump consideró que esto no era suficiente. La diplomacia se estancó y la vía armada tomó su lugar.
El primer golpe y la justificación de Washington
Bajo el nombre de "Operación Furia Épica", las fuerzas estadounidenses e israelíes atacaron. El primer objetivo de esta vasta ofensiva fue decapitar al régimen: los misiles impactaron el complejo del líder supremo en Teherán, así como instalaciones nucleares, fábricas de misiles, bases navales y sistemas de defensa en varias ciudades iraníes.
Para justificar esta intervención, Donald Trump argumentó que buscaba eliminar una "amenaza inminente" para el pueblo estadounidense y sus aliados, impedir definitivamente que Irán obtuviera un arma nuclear y destruir su capacidad militar.
Sin embargo, la Casa Blanca sumó un objetivo mucho más ambicioso: provocar un cambio de régimen. Trump hizo un llamado directo a los ciudadanos iraníes para que aprovecharan la intervención y derrocaran a su gobierno, prometiéndoles que esta sería "su única oportunidad en generaciones".
El papel de Israel y el objetivo estratégico
En esta ofensiva, Israel no es un actor secundario, sino el coautor de los ataques a través de su propia operación, denominada "Rugido del León". Para el Estado israelí, la posibilidad de que Irán desarrolle una bomba atómica representa una amenaza existencial.
Tanto Washington como el gobierno israelí de Benjamin Netanyahu consideran a Irán un objetivo estratégico prioritario, no solo por sus ambiciones nucleares, sino por su vasto programa de misiles balísticos y su papel como financista de grupos armados regionales.
El peso regional de Irán y el factor religioso
El poder de Irán no se limita a sus fronteras, su influencia se extiende por todo Medio Oriente a través del llamado "Eje de la Resistencia". Se trata de una red de milicias armadas y financiadas por Teherán, que incluye a Hezbolá en el Líbano, los rebeldes hutíes en Yemen y Hamás en Gaza, además de grupos en Irak y Siria.
Esta rivalidad geopolítica está profundamente atravesada por un factor religioso. Tras la Revolución de 1979, Irán se consolidó como una teocracia defensora del islam chiita, lo que lo puso en confrontación directa con potencias sunitas como Arabia Saudita y alimentó una narrativa de rechazo absoluto a la existencia del Estado de Israel y a la influencia estadounidense.
La legitimidad del régimen iraní se basa, en gran medida, en este discurso antiimperialista.
El tablero del Golfo y los países atrapados en el fuego cruzado
La respuesta de Irán a los bombardeos no se hizo esperar, y sus misiles apuntaron directamente a los vecinos árabes del Golfo Pérsico, como Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Bahréin y Catar.
Estos países juegan un papel delicado: albergan importantes bases militares de Estados Unidos y, por lo tanto, se convirtieron en el blanco de las represalias iraníes.
El conflicto quebró la burbuja de seguridad que caracterizaba a ciudades turísticas y financieras como Dubái, demostrando que los aliados árabes de Washington están pagando el precio militar de su cercanía con Occidente.
El estrecho de Ormuz: el cuello de botella mundial
La preocupación internacional no es solo política, sino económica, y tiene un nombre geográfico: el estrecho de Ormuz. Esta es una angosta franja de mar entre Irán y Omán por donde transita el 20% del petróleo mundial y el 33% de los fertilizantes del planeta.
Tras los bombardeos, el tránsito naviero comercial se paralizó, disparando de inmediato los precios globales del crudo y del gas natural. Para cualquier economía del mundo, la interrupción de esta vía significa un encarecimiento de la energía, el transporte y la producción de alimentos, lo que explica el pánico en los mercados financieros.
La figura de Jamenei y el laberinto político iraní
Para entender el impacto del ataque, es fundamental comprender a quién iba dirigido. El ayatolá Alí Jamenei, muerto en los bombardeos a sus 86 años, era la máxima autoridad de Irán desde 1989.
En el particular sistema político iraní —una mezcla de república y teocracia—, el líder supremo tiene un poder absoluto, por encima del presidente o el parlamento, es quien controla las Fuerzas Armadas, el sistema judicial y la política exterior.
Por años, Jamenei fue un estratega implacable que reprimió violentamente cualquier protesta social y mantuvo una postura radical contra Occidente. Su muerte repentina es determinante porque deja un vacío de poder sin precedentes en un régimen que ahora lucha por su supervivencia.
Según la Constitución iraní, el país quedó temporalmente en manos de un consejo de liderazgo formado por tres figuras: el presidente Masoud Pezeshkian, el jefe del Poder Judicial y un alto clérigo, quienes deben sostener el Estado hasta que se elija un sucesor.
Los actores clave en esta nueva etapa
El conflicto se encuentra ahora en un punto crítico con múltiples frentes abiertos. Los protagonistas que definirán el desenlace son claros: por un lado, Estados Unidos e Israel, decididos a mantener la superioridad aérea y desmantelar al régimen teocrático. Por otro, el mermado pero resiliente Estado iraní, sostenido por la temida Guardia Revolucionaria, un ejército ideológico de élite que controla la economía y la defensa del país.
A ellos se suman los grupos armados aliados de Irán, como Hezbolá, que ya comenzaron a atacar a Israel desde el Líbano.
Finalmente, la población iraní se mantiene como una incógnita fundamental: si bien muchos desean el fin del régimen tras años de represión, el miedo y la violencia del aparato estatal dificultan la revolución ciudadana a la que apela la Casa Blanca.

