Bab el-Mandeb: el estrecho que puede poner en jaque al comercio mundial

El estrecho de Bab el-Mandeb conecta el mar Rojo con el golfo de Adén y forma parte de una de las principales rutas marítimas entre Asia y Europa. AFP
Si tiene solo unos segundos, lea estas líneas:
- Bab el-Mandeb conecta el mar Rojo con el golfo de Adén y es clave para el comercio entre Asia y Europa.
- Los ataques de los hutíes llevaron a las navieras a desviar sus barcos alrededor de África, con recorridos más largos.
- La crisis puede aumentar los costos de transporte, provocar retrasos y encarecer algunos productos importados.
El estrecho de Bab el-Mandeb es una de las principales puertas de entrada al mar Rojo y un punto estratégico de una de las rutas marítimas más importantes del planeta: la que conecta Asia con Europa a través del Canal de Suez.
Por sus aguas pasan barcos cargados con petróleo, combustibles, alimentos, materias primas, vehículos, productos tecnológicos y mercancías fabricadas en distintos puntos de Asia que tienen como destino Europa y otros mercados.
El problema es que esta ruta quedó en medio del conflicto de Yemen y de los ataques lanzados por los hutíes contra embarcaciones en el mar Rojo y sus alrededores.
¿Qué es el estrecho de Bab el-Mandeb?
Bab el-Mandeb conecta el mar Rojo con el golfo de Adén y, por esta vía, con el océano Índico.
Está ubicado entre Yemen, en la península arábiga, y Yibuti y Eritrea, en la costa oriental de África.
En su punto más estrecho tiene aproximadamente 26 kilómetros de ancho. La isla yemení de Perim divide el paso en dos canales.
Su nombre en árabe suele traducirse como "Puerta de las Lágrimas", una denominación relacionada con la peligrosidad que históricamente se asocia con estas aguas.
Hoy, su importancia está principalmente ligada al comercio internacional. Bab el-Mandeb es un paso fundamental para los barcos que utilizan el mar Rojo para llegar hasta el Canal de Suez y continuar hacia el Mediterráneo.
¿Por qué es tan importante para el comercio mundial?
La principal razón es que forma parte de una de las rutas más cortas entre Asia y Europa.
Un barco que viaja desde Asia hacia Europa puede atravesar el océano Índico, pasar por el golfo de Adén, cruzar Bab el-Mandeb, recorrer el mar Rojo y llegar al Canal de Suez. Desde allí continúa por el Mediterráneo hacia distintos puertos europeos.
Esta ruta permite ahorrar tiempo y distancia frente a la alternativa de rodear África por el cabo de Buena Esperanza.
Por este corredor también circulan petróleo, combustibles, gas natural licuado y una gran variedad de mercancías, desde alimentos y ropa hasta vehículos, componentes industriales y productos tecnológicos.
¿Qué tienen que ver los hutíes?
Los hutíes son un movimiento político y armado de Yemen que controla buena parte del territorio del país, incluida una extensa zona de su costa sobre el mar Rojo.
El grupo mantiene desde hace años un conflicto con el Gobierno yemení y cuenta con el respaldo de Irán.
Tras el inicio de la guerra entre Israel y Hamás, en octubre de 2023, los hutíes comenzaron a atacar o amenazar embarcaciones en el mar Rojo. El grupo sostiene que estas acciones están relacionadas con el conflicto palestino.
Para realizar sus ataques utilizan misiles, drones y otras armas, lo que incrementa el riesgo para los barcos comerciales.
Aunque los hutíes aseguran que determinados barcos o países no son sus objetivos, para las compañías navieras la posibilidad de un ataque puede ser suficiente para cambiar de ruta.
¿Cómo puede un ataque contra un barco afectar al comercio mundial?
El primer efecto es el desvío de las embarcaciones.
Si una naviera considera demasiado peligroso atravesar el mar Rojo, puede enviar sus barcos alrededor de África. Esa alternativa agrega miles de kilómetros al recorrido.
Los barcos pasan más tiempo en el mar, consumen más combustible y necesitan más días para completar cada viaje.
Además, el aumento en los tiempos de navegación puede reducir la cantidad de viajes que una misma embarcación realiza durante un período determinado. Esto genera menos capacidad disponible para transportar mercancías.
Las compañías pueden entonces redistribuir parte de su flota y sus contenedores, lo que aumenta la presión sobre otras rutas marítimas y puede elevar el precio de los fletes.
¿Qué pasa si los barcos dejan de utilizar el mar Rojo?
Si el desvío se mantiene durante semanas o meses, el impacto puede crecer rápidamente.
El Canal de Suez recibiría menos tráfico procedente de Asia, mientras que los barcos que opten por rodear África necesitarían más tiempo para llegar a sus destinos.
Esto puede traducirse en entregas más lentas, mayores costos de transporte y presión sobre las cadenas de suministro.
El problema no afecta únicamente a los países cercanos al mar Rojo. El transporte marítimo funciona como una enorme red: los barcos y contenedores pasan de un continente a otro siguiendo diferentes itinerarios.
Si una ruta necesita más embarcaciones para cubrir una distancia mayor, esas unidades pueden dejar de estar disponibles temporalmente para otros recorridos.
¿Puede terminar afectando los precios?
Sí. Un recorrido más largo implica más combustible, más tiempo, más tripulación y mayores costos operativos.
A esto se suma el posible aumento de los precios de los fletes marítimos. Las empresas importadoras pueden absorber parte de ese incremento, pero también trasladarlo al precio final de los productos.
Una crisis prolongada en el mar Rojo también puede generar presión sobre los precios de la energía. Cuando aumenta el riesgo en una ruta utilizada para transportar petróleo y combustibles, los mercados reaccionan ante la posibilidad de una menor oferta o mayores costos de transporte.
Aunque América está al otro lado del mundo, sus empresas también forman parte de las cadenas comerciales internacionales. Por eso, un problema que comienza en Bab el-Mandeb puede terminar reflejándose en costos de transporte más altos, retrasos en entregas y mayores precios de importación en otros mercados.
¿El peligro es solamente para los barcos?
No.
Los ataques representan un riesgo directo para las tripulaciones y las embarcaciones, pero sus consecuencias pueden ir más allá.
Un impacto puede provocar incendios, derrames de combustible o contaminación del mar, con posibles daños para los ecosistemas de la zona.
Además, una crisis prolongada puede afectar a las comunidades que dependen de la actividad portuaria y marítima.
El estrecho y las aguas que lo rodean también son una zona estratégica desde el punto de vista militar. Por eso, cada ataque o amenaza aumenta la tensión en una de las principales arterias del comercio mundial.