Mirá vos: ¡Nuestras relaciones con Nicaragua siempre han sido complicadas!
Desde la época la Independencia, Nicaragua era un imán para los costarricenses.

Los alajuelenses productores de tabaco, con una recua de mulas, se iban a hacer negocios a Nicaragua.
Allá por los años de la independencia, vivían en Alajuela un señor Rodríguez casado con una señora Solórzano, con varios hijos pequeños. (Para evitar demandas por injurias o calumnias, mejor no digamos nombres).
Rodríguez se dedicaba a sembrar sus parcelas de tabaco y productos de comedera, igual que hacían otros agricultores de la zona, y estaba en santa paz y armoniosa concordia con su esposa, la Solórzano.
Una vez al año, en el verano, los tabaqueros alajuelenses alistaban una recua de mulas para ir juntos a Nicaragua a vender el producto. Pero en uno de esos viajes Rodríguez no volvió y según dieron a entender los otros tabaqueros -que no querían hablar mucho, ni meterse en chismes ni enredos- el hombre había encontrado en León una cama calentita donde quedarse.
Entretanto, desesperada por el abandono, la doña Solórzano se presenta ante las autoridades de Alajuela y pide un permiso para disponer de los bienes de la familia, en vista de la ausencia prolongada del marido infiel, que la tiene a ella y a sus hijos en una situación de hambre.
En León, Rodríguez se entera de las gestiones de Solórzano y se deja venir de emergencia y en un tristrás arregla las cosas con su esposa. Pero al año siguiente mi señor vuelve a quedarse en Nicaragua. Y en ese jueguito estuvo mucho tiempo, se quedaba allá y volvía para acá para no perder sus derechos sobre las propiedades.
El asunto interesante es que tampoco doña Solórzano se quedaba muy quedita. Si vemos los bautizos de sus hijos, notaremos que a partir de la denuncia de abandono -que se conserva en el Archivo Nacional- ella tiene intercalados hijos legítimos de Rodríguez con hijos de padre no conocido.
En dos platos, cada vez que el viejo regresaba le hacía un hijo Rodríguez, pero apenas la dejaba para volverse con su querendeca en León, la Solórzano se buscaba un repuesto y tenía un chiquito, que por supuesto no era Rodríguez.
Lo que es la vida, ahora uno escucha señoras beatas escandalizadas y poniendo cara de Dolorosa de cuaresma porque dicen que las nicas le están quitando los maridos a las ticas, quesque un amarre, que agua de calzón, que la trampa suelta.
¡Como si fuera gran novedad! Nada, que siempre hubo y siguen habiendo viejos caraebarro y poca pena.
Los ticos nos íbamos a Nicaragua

El rey de España le dio a Juan Vazquez de Coronado el título nobiliario de Adelantado.
Ve vos, antes era al revés: éramos los ticos los que nos íbamos para Nicaragua a buscar mejores oportunidades.
En años coloniales, algunas gentes del Valle Central, cansadas de la eterna pobretería y el aislamiento de estas tierras, viajaban a León o Granada, ciudades prósperas y cultas, donde se estaba mejor y había escuelas, seminarios y universidades para poner a los hijos en las carreras de curas o abogados.
A Granada, precisamente, fue a parar una familia de ticos descendientes de Juan Vázquez de Coronado, los Montiel, quienes hartos de las brumas de Cartago, se llevaron para Nicaragua el título de Adelantado de Costa Rica, que le había dado el rey a don Juan.
Ese título, que es una dignidad nobiliaria hereditaria y tenía un sueldo anual de unos mil pesos, lo disfrutaron los Montiel hasta la independencia en 1821.
Por mucho tiempo más, los Montiel fueron una familia destacada e influyente en Nicaragua. Uno de ellos -Alejandro Montiel Argüello- ocupó el puesto de canciller en alguno de los gobiernos de Somoza.
Según datos del genealogista Joaquín Alberto Fernández, a Montiel Argüello -o alguno de su parentela- le hubiera correspondido hoy en día ser Adelantado de Costa Rica. Claro, si el título aún tuviera validez.