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Los esclavos chinos de Tomás Guardia: una página negra de nuestra historia

Guardia compró uno para que le cocinara

Más de 600 braseros chinos vinieron para la construcción del ferrocarril. La foto es del siglo XX.

Más de 600 braseros chinos vinieron para la construcción del ferrocarril. La foto es de inicios del siglo XX. Internet.

Llegaron al puerto de Puntarenas el 1 de febrero de 1873. Eran 653 chinos, de entre 18 y 40 años, y venían trabajar en la construcción del ferrocarril en Costa Rica.

Eran hombres sanos, robustos, de buenas costumbres y adictos al trabajo, de acuerdo con las condiciones del contrato.

Para proteger a los braseros, el Congreso de la República aprobó un decreto que estipulaba que los inmigrantes tendrían las mismas garantías individuales y laborales de que gozaban los costarricenses.

Varios estudiosos hablan de la llegada de estos orientales, una práctica que también se llevó a cabo en otros países de América Latina. Tres de ellos son:

  • El historiador Óscar Aguilar Bulgarelli en su libro La huelga de los tútiles 1887-1889 (Editorial Uned, 2015),
  • La historiadora Lucy M. Cohen en Emigración china de Macao a Costa Rica 1873-1874 (Revista de Ciencias Sociales 119, 2008), y
  • El artista y escritor Otto Apuy, en su novela Viaje al remoto Puntalin (Editorial Uned, 2016).
En Costa Rica tenemos una fuerte influencia de la cultura china. Foto Internet.

En Costa Rica tenemos una fuerte influencia de la cultura china. Foto Internet.

Apuy cita como fecha de arribo de los chinos el 31 de enero de 1873 en el vapor italiano Glensannox, procedente de Macao y con escala en Honolulú (Hawái).

Aunque otros migrantes chinos ya se habían establecido en Costa Rica, algunos en condiciones de "semiesclavitud" en Guanacaste, según Apuy, la llegada del grupo numeroso causó diversas reacciones entre la población, desde apoyo y críticas hasta curiosidad.

Trato brutal

Pese al decreto de protección a estos inmigrantes, el trato con los braceros fue brutalmente discriminatorio.

Según Aguilar Bulgarelli, no solo se les pagaba un salario equivalente al 20% de lo que ganaba un obrero costarricense, sino que recibían un trato mucho más severo. Solo tenían derecho a 3 días libres al año (vacaciones), trabajaban hasta 12 horas diarias y tenían comida de pésima calidad.

"Incluso, con el objeto de mantener un cierto nivel de rendimiento en el trabajo, la compañía llegó al extremo de venderles opio (…) a vista y paciencia del gobierno de Costa Rica. Su precio era de 16 pesos la libra: el equivalente a 4 días de trabajo", subraya.

El historiador advierte que lo más inaudito es que en el contrato de trabajo se hablaba de "compra" de chinos por un período de 8 años. Esta cláusula los ponía en condición de esclavos.

La realidad era que el empresario Otto Hubbe, comisionado del gobierno para contratar a los orientales, contemplaban traerlos para venderlos, muchos años después de que la esclavitud, formalmente, había sido abolida en el mundo.

"El  precio era de 350 pesos sin escogencia por parte del comprador o 400 pesos si se insistía en seleccionarlos. Altas 'personalidades' políticas y empresariales del país se vieron mezclados en este deleznable tráfico de seres humanos, empezando por el propio presidente Tomás Guardia (1870-82)", apunta.

El historiador estadounidense Jeffrey Casey, citado por Aguilar Bulgarelli, detalla que la venta prosiguió durante 1873, aunque a escala reducida, pero volvió a incrementarse a partir de febrero de 1874, "debido probablemente a los problemas financieros de la empresa y del gobierno".

Tomás Guardia

Tomás Guardia.

"Entre el 13 de febrero y el 25 de mayo (1974), la empresa vendió los contratos de 154 chinos. Entre los compradores de chinos destacan algunos hombres de importancia en la sociedad costarricense. El presidente Tomás Guardia compró 14, uno de ellos para cocinero. El ministro de Obras Públicas, Salvador Lara, compró uno para cocinero y el gobernador de Alajuela compró dos. Muchos de los chinos fueron vendidos también a extranjeros que venían a trabajar con la empresa (constructora del ferrocarril)", detalla Casey.

El 5 de febrero de 1874, los chinos se alzaron en huelga y se negaron a trabajar.

[quote] Ante la actitud agresiva de los representantes de la compañía y de los contratistas de los chinos estos reaccionaron con mayor violencia defendiéndose con piedras y palos. Ante estos hechos Juan Myers, uno de los representantes de la compañía, solicitó al gobernador de Cartago el envío de efectivos del ejército para restablecer el orden; éste a su vez solicitó el permiso correspondiente al ministro de Gobernación y, con su venia, se envió una tropa de veinticinco hombres al mando del capitán Chinchilla, quien llegó esa misma noche a Paraíso, donde se embriagó con sus hombres. Esa misma noche se trasladó al campamento en donde los orientales estaban ya dormidos, y apostados en las ventanas de las viviendas de los chinos en el campamento, abrieron fuego a discreción, provocando una verdadera carnicería y asesinato de aquellos humildes trabajadores.  Óscar Aguilar Bulgarelli [/quote]

En el siglo XIX los chinos llegaron en calidad de esclavos. Hoy su herencia enriquece nuestra cultura. Foto Internet.

En el siglo XIX los chinos llegaron en calidad de esclavos. Hoy su herencia enriquece nuestra cultura. Foto Internet.

El resultado fue 6 muertos, 7 heridos y  13 torturados, por orden de Chinchilla, quienes luego fueron encarcelados. A partir de estos hechos, el trato fue más severo con los orientales, con jornadas de trabajo más extensas; se les azotaba o encadenaba por cualquier motivo.

El final de estos atropellos llegó el 15 de abril de 1874, cuando se suspendieron los trabajos del ferrocarril. Para esta fecha, de los 653 chinos, solo se "recogieron" 189. La diferencia (464) habían sido vendidos a otros dueños, habían huido o muerto.

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