Las sillas vacías
Ante los cambios en el mapa de influencias geopolíticas se hace necesario repensar el propósito, la estrategia y la capacidad de ejecución de nuestra política exterior. Costa Rica ha construido una sólida política exterior de Estado, que trasciende períodos constitucionales de gobierno y basada en seis pilares fundamentales: i) la defensa de la democracia, la integridad territorial y la soberanía nacional; ii) la promoción, la protección y el respeto de los derechos humanos y libertades fundamentales; iii) la promoción de la paz, del desarme, y de la seguridad nacional, regional y mundial; iv) el fortalecimiento del Derecho Internacional y el desarrollo de un multilateralismo efectivo; v) la promoción del desarrollo sostenible, en sus tres aproximaciones – social, económica y ambiental -, y la coordinación y representación política en las negociaciones ambientales internacionales, y vi) el fortalecimiento de la Cooperación Sur-Sur y la Cooperación Triangular. Cada gobierno tiene la responsabilidad histórica, el compromiso moral y la obligación inexcusable para con las futuras generaciones de defender y promover activamente estos cimientos de nuestra identidad nacional.
Una estrategia inteligente, articulada y con capacidad operativa: para lograr que nuestra política exterior se conecte coherentemente con nuestro plan nacional de desarrollo se requiere una inquieta habilidad para navegar en el multilateralismo, hoy bajo amenaza, defendiéndolo, alzando la voz y promoviendo su efectividad, así como identificar socios bilaterales de conveniente perfil para el establecimiento de alianzas estratégicas, en diferentes niveles, más allá de la relación comercial. Nuestra huella en la plataforma multilateral pasa por candidaturas estratégicamente planteadas, inteligentemente trabajadas y oportunamente comunicadas; participación protagónica en espacios internacionales con costarricenses en puestos claves de dirección que sean parte y sumen a la intención país; un liderazgo regional, promoviendo iniciativas potables que coincidan con los intereses de las otras partes. Se debe estructurar, bilateralmente, diferentes niveles de asociaciones estratégicas con criterio de anillos concéntricos de influencia, potenciando el diálogo político, la cooperación en diferentes niveles y la generación de espacios económicos, garantizando eso sí, que la defensa y promoción de la institucionalidad democrática y de los derechos humanos, bajo la sombrilla protectora de la libertad de prensa y expresión sean nuestro sello. De forma paralela nuestra institucionalidad pública, con el acompañamiento del sector privado y de la academia, caminando juntos hacia un mismo objetivo: Costa Rica una voz firme y escuchada, fiable y respetada con capacidad de convocatoria.
El entorno que nos rodea está en constante cambio: Las grandes potencias se enfrentan por dibujar un nuevo orden global caracterizado por tensiones geopolíticas, así como por el proteccionismo y el nacionalismo. Tenemos que aprender a navegar en esas turbulentas aguas. Si el multilateralismo falla sufriremos. Podemos ser amigos, aliados, socios y vecinos de todos, eso sí, defendiendo con meridiana claridad nuestros intereses y prioridades. Es necesario pensar más integralmente en los costarricenses en el exterior, despertar del adormecimiento y asumir el liderazgo que nos corresponde en Latinoamérica y repensar los mecanismos de vinculación con Asia, África, y el mundo Árabe. Enfrentemos el fenómeno migratorio con óptica de movilidad humana.
Una política pública de cooperación internacional para el desarrollo: a pesar de nuestras limitaciones y rezagos, debemos dar los primeros pasos para construir una política pública de cooperación internacional para el desarrollo, para ello contamos con una diplomacia profesional que es producto del talento de mujeres y hombres que han empeñado sus capacidades en la defensa de los intereses de Costa Rica. La diplomacia es el único camino para la paz, para lograr equilibrios y reducir las brechas entre los países. Tengamos claro que la inserción de Costa Rica en el mundo tendrá valor si genera beneficios para nuestro pueblo. Se requiere de una nueva arquitectura de coordinación inter institucional, y de su financiamiento para definir, con visión y claridad nuestra hoja de ruta a mediano y largo plazo. Adentrémonos en una economía del conocimiento, incluyendo las áreas STEM y la inteligencia artificial, seguridad alimentaria, océanos, cambio climático y sostenibilidad, incorporando una política exterior feminista, para mencionar algunos, y así lograr que nuestra participación histórica como miembros activos y coherentes con nuestro devenir en la comunidad internacional nos permita ocupar las sillas vacías. De lo contrario otros las ocuparán.