Las cuatro similitudes que permitieron detectar al asesino serial de Limón
Cuatro femicidios ocurridos entre 2011 y 2019 en Limón compartían características que llevaron a los investigadores a sospechar que un mismo hombre estaba detrás de las muertes. Antes de conocer su identidad y de obtener una coincidencia genética, las autoridades ya habían detectado un patrón en el perfil de las víctimas, los lugares donde aparecieron los cuerpos y el método utilizado para asesinarlas.
Los crímenes se resolvieron 15 y 7 años después de ocurridos, respectivamente, mediante la revisión de expedientes y el análisis de los bancos de material genético del Organismo de Investigación Judicial (OIJ). Sin embargo, las similitudes entre los casos ya habían permitido establecer vínculos mucho antes de que el ADN señalara a Carlos Luis Forbis Jiménez, alias "Zapatero".
Las víctimas fueron Aura Madrigal, conocida como "La Gringa"; Mayling Waggon, alias "La Nica"; Melissa Morales, llamada "Frustrada"; y Elsie Martínez, conocida como "Pequeña".
Los investigadores identificaron cuatro coincidencias principales que permitieron establecer el patrón criminal.
1- Víctimas en condiciones de vulnerabilidad
Las cuatro mujeres compartían un perfil similar: vivían en condición de calle, tenían graves problemas de adicción a sustancias psicotrópicas y registraban antecedentes de prostitución, actividad que realizaban para costear su consumo diario.
Las tres primeras víctimas tenían entre 30 y 45 años. Aura Madrigal y Mayling Waggon aparecieron con una semana de diferencia a inicios de 2011, mientras que Melissa Morales fue encontrada a mediados de ese mismo año.
El patrón se repitió varios años después. A finales de 2019, las autoridades encontraron el cuerpo de Elsie Martínez, de 50 años.
2- Cuerpos abandonados en sitios solitarios
Los cuatro cadáveres aparecieron en lugares con características similares, en Cieneguita y sus alrededores, en Limón.
El cuerpo de la primera víctima fue localizado en un edificio abandonado; el segundo, en la costa de Cieneguita; y el tercero, en el cementerio municipal de Limón. Martínez, la última víctima, estaba semienterrada en la playa de Cieneguita.
Además, todas fueron encontradas desnudas o semidesnudas en sitios solitarios, algunos utilizados para el consumo de drogas o para encuentros de carácter sexual.
3- El mismo método para asesinarlas
Las características físicas de las escenas y el estado de los cuerpos también apuntaron a un mismo responsable.
En los cuatro homicidios, las mujeres murieron por asfixia mediante estrangulación con un lazo. El agresor utilizó distintos elementos para ejercer presión sobre el cuello, entre ellos trozos de tela, tiras, fajas y prendas de vestir.
En el caso de Elsie Martínez, el homicida empleó un bolso tipo cangurera azul, con correas negras, y un cordón blanco con rojo, que anudó alrededor de su cuello.
4- Indicios de un componente sexual
Otra coincidencia fue el hallazgo de fluidos en las partes íntimas de los cuatro cadáveres. Este elemento también formó parte del análisis de los investigadores sobre el patrón de agresión.
El ADN confirmó que era un mismo asesino
A pesar de las coincidencias criminológicas, los homicidios de 2011 fueron archivados temporalmente porque las autoridades no habían logrado identificar al responsable.
Sin embargo, los peritos forenses habían recuperado material genético de un hombre que estuvo en contacto con los cuerpos de Aura, Mayling y Melissa. Las muestras ingresaron al banco genético del OIJ, pero todavía no existía un sospechoso con quien compararlas.
La investigación dio un giro con el homicidio de Elsie Martínez, en diciembre de 2019. La Sección de Bioquímica extrajo un perfil genético masculino de restos de fluidos encontrados en el cuerpo de la mujer.
Al incorporar ese perfil al sistema, la base de datos arrojó una coincidencia exacta con las muestras recolectadas en los tres homicidios de 2011. Así, la prueba genética confirmó que un mismo hombre estaba vinculado con las cuatro muertes.
Los investigadores inicialmente siguieron otras líneas. Uno de los primeros imputados fue un hombre de apellidos Salazar Durán, alias "Buggy". Un testigo lo ubicó huyendo de la playa durante la madrugada del crimen y su expareja denunció que él le había confesado el homicidio. Sin embargo, la prueba genética resultó negativa.
Otra línea apuntó a un hombre de apellidos Rodríguez Zamora, alias "Chichi", quien tenía antecedentes de conductas sexuales violentas contra personas en condición de calle en Limón. No obstante, al revisar su trayectoria carcelaria, los analistas descubrieron que cumplía una condena de 35 años de prisión desde septiembre de 2014, por lo que no podía haber participado en el homicidio de 2019.
En febrero de 2026, la Unidad de Supervisores de la Oficina de Planes y Operaciones (OPO) del OIJ realizó una revisión específica del expediente. Entre las entrevistas, los investigadores encontraron la declaración de un testigo que indicó que, minutos antes de morir, Martínez había sido llamada en la playa por un sujeto conocido como "Zapatero", quien quería comprarle un cigarro.
El testigo describió a "Zapatero" como un hombre que andaba en bicicleta, recolectaba chatarra y reparaba zapatos a domicilio. Al cruzar esos datos con el Expediente Criminal Único, la OPO logró identificar a Carlos Luis Forbis Jiménez, también conocido con el alias de "Ata".
Ese mismo mes, agentes de Limón localizaron a Forbis Jiménez y le tomaron una muestra de saliva para obtener su perfil genético. Un dictamen pericial confirmó que su ADN coincidía con los fluidos recuperados del cuerpo de Elsie y con el material genético encontrado en los cadáveres de las otras tres víctimas.
Finalmente, el 29 de abril de 2026, Forbis fue detenido en la vía pública de Cieneguita. Al momento de la captura, los agentes le decomisaron cuerdas, amarras y un preservativo, elementos que, según los informes policiales, reflejaban la persistencia de su patrón delictivo.


