La yunta de los gemelos Ferraro
Cuando oímos la palabra yunta, pensamos automáticamente en una pareja de seres animados asidos por un yugo y jalando parejo en las tareas del campo. Pero la palabra yunta es mucho más amplia. Proviene del latín (lunctus), que significa juntos, de ahí que se la utilice como sinónimo de compañero, de cómplice, de amigo, de camarada.
En mi caso, cuando oigo la palabra yunta, pienso inevitablemente en una de las yuntas más profundas que he conocido: la de los hermanos Ferraro Dobles. Gemelos, nacidos el 10 de febrero de 1940, ambos doctores, cirujanos, unidos por unos yugos imaginarios: unos valores, una vocación, un compromiso.
En el temperamento se distinguían un poco. Fernando era más impulsivo. Oscar, quizás, más sereno, pero de no ser por esos pequeños detalles, parecían dos gotas de agua.
Los conocí en los años noventa y, desde entonces, mantuve una amistad y admiración por ambos. Mi primer contacto fue con Fernando. Los conocí personalmente durante los procesos de construcción del programa de salud para la campaña de 1998, del Dr. Miguel Angel Rodríguez. Programa que coordinaba el Dr. Rogelio Pardo Evans, futuro Ministro de Salud y luego de Ciencia y Tecnología.
Yo no pertenecía a ese equipo, pero me invitaban de vez en cuando para hablar de los aspectos jurídicos y algunos datos económicos y sociales de la salud en el país (especialmente de la CCSS), así como de la Reforma del Sector Salud (aprobada durante el Gobierno del Presidente Calderón Fournier) y en la que había participado cuando ejercía de Director de Reforma del Estado (1992-94), bajo la dirección del Dr. Carlos Vargas Pagán, quien ejercía de Ministro de Planificación. El equipo de salud conformado para esa campaña, reunía interdisciplinariamente a múltiples profesionales de la salud, conocedores, reconocidos y respetados.
Antes de conocerlos personalmente, fui testigo de una entrevista televisiva al Dr. Fernando Ferraro, en 1993, después del éxito del primer trasplante de hígado en el país. Recuerdo con admiración su respuesta cuando la periodista lo señaló como el héroe de esa odisea: el Dr. Ferraro humildemente le contestó, una y otra vez, que no había un héroe, sino que se trató de un esfuerzo de décadas de un equipo conformado por múltiples profesionales y de un éxito de su Hospital, el Calderón Guardia, y de la Seguridad Social costarricense.
Tenía múltiples motivos para sacar pecho, pero no lo hizo. Quedé impresionado por su humildad, la que compartía con su hermano Oscar, como pude comprobar en múltiples ocasiones. Por eso, cuando el Presidente Rodríguez me invitó a formar parte de su gobierno al frente de la CCSS, le pedí que me acompañara.
No fue un cargo que busqué ni sé a ciencia cierta por qué llegué al mismo. Sí recuerdo alguna conversación antes de las elecciones del año 98, que a instancias del Dr. Pardo mantuve con el futuro Presidente de la República. Recuerdo haber insistido en que si de verdad se quería un Ministro Rector del Sector Salud, era esencial que el Presidente Ejecutivo de la CCSS, sintonizara plenamente con el concepto y con el propio Ministro. Recordé una frase de Winston Churchill, a propósito de la guerra fría que se avecinaba al término de la II Guerra Mundial. Él decía, poco más o menos: "Yo sabía lo que había que hacer en la Europa de la postguerra, pero los barcos de Roosevelt cruzaban todos los días el Atlántico". Algo parecido agregué: el Ministro de Salud puede saber lo que se debe hacer en materia de la Salud, pero los profesionales de la CCSS son los que manejan los presupuestos, los Hospitales, las Clínicas y los EBAIS, por lo que esencial que trabajen unidos y sin mezquindades institucionales.
Aceptado el cargo. La primera pregunta del Presidente y del Ministro electos, fue a quién escogería como Gerente Médico. Sugirieron algunos nombres muy prestigiosos, pero mi respuesta instantánea fue el Dr. Fernando Ferraro. Y argumenté, básicamente, que yo era un abogado joven (tenía 39 años) y asumiría la institución más grande y querida del país, después de más de 20 años en que solo la habían dirigido médicos reconocidos, y que por ello era esencial que el Gerente Médico (brazo derecho del Presidente Ejecutivo de la CCSS), fuera un médico prestigioso, reconocido y respetado por su gremio, por la institución y por el país; con el que podríamos acercarnos a las distintas instancias del sector para acometer las múltiples tareas pendientes: desde los consejos técnicos hospitalarios hasta los colegios profesionales y la propia Academia de Medicina. Propuse su nombre antes siquiera de preguntarle si aceptaría el encargo, pero tenía la convicción de que por su compromiso con la institución, lo asumiría orgulloso.
Se trataba, en efecto, del Dr. Ferraro. Y por si fuera poco, pudimos construir juntos un equipazo que lo acompañó y, entre todos ellos, el Dr. Oscar Ferraro. Fernando había venido "con feria": su hermano Oscar. Los dos y un equipo interprofesional y administrativo extraordinario del que tendré ocasión de hablar en otra ocasión, eran funcionarios de la Institución y por eso, no había necesidad de contratar personal externo. Una de las ventajas de la CCSS, que hay que cuidar a toda costa, es que cuenta con unos profesionales de primer nivel en todas las áreas profesionales.
Any Pérez recordaba bien que "Fernando Ferraro es festivo, tranquilo y ordenado. Sus manos ambidiestras inauguraron los trasplantes de hígado en el país… Es hombre de equipo, docente entregado y gemelo telepático y travieso, aunque diga ser "el bueno". Fue apodado Trampero en una época; lo impacienta la pérdida de tiempo de los jóvenes, "bota ansias" en su finca en Tárcoles y pone música en el quirófano".
Su hermano Oscar, quien luego de una exitosa carrera como médico y cirujano, asumió la tarea de dirigir el Instituto del Cáncer con la meta de construir un Hospital del Cáncer como querían el propio Presidente, su Ministro, el Dr. Jaramillo y el suscrito, no para sustituir ningún servicio oncológico de la CCSS, sino para complementar sus tareas, de la misma manera que el Hospital de Niños no eliminó los servicios de pediatría de los demás hospitales. Al contrario, los fortaleció. La pusilanimidad y hasta cierta mezquindad, lamentablemente, evitaron posteriormente la construcción del ese Hospital. Ya lo decía Oscar Ferraro, "hay que eliminar la idea del cáncer como sinónimo de muerte. Un caso que se detecta a tiempo puede ser tratado con gran éxito. Lo más importante es que los costarricenses eliminen sus miedos sobre esta enfermedad".
La reciente partida del Dr. Oscar Ferraro Dobles, hermano gemelo del Dr. Fernando Ferraro, quien partió hace algunos años, enluta a sus familias, a sus amigos, al cuerpo médico nacional, al Hospital Calderón Guardia y a la institución a la que entregaron, abnegadamente, los mejores años de sus vidas, su bonhomía y sus vastos conocimientos. Que Dios los tenga en su gloria.