La globalización del crimen organizado
La globalización de la economía además de facilitar la liberalización de los mercados favoreció el crecimiento exponencial de la criminalidad transnacional. Aspectos como los siguientes son precursores de estos actores criminales:
El desarrollo de los medios de comunicación internacionales, principalmente internet se convirtieron en facilitadores de diversas formas de criminalidad como fraudes bancarios, pornografía infantil, etc.; el aumento del comercio internacional y de las transacciones bancarias internacionales que ocultan y permiten el lavado de dinero; la modernización y más opciones de transporte internacional sumado a millones de movimientos complejizan el control de los envíos; una mayor porosidad fronteriza por acuerdos como el de Schengen en la Unión Europea que posibilitan la circulación más rápida de mercancías; el tráfico de drogas como principal negocio ilícito mundial que genera miles de millones en ganancias que se reparten entre productores e intermediarios en los países productores generalmente pobres y los países consumidores generalmente ricos.
De ese modo, el crimen organizado transnacional es una amenaza de escala planetaria junto con la proliferación de mafias poderosas como las japonesas, rusas, italianas, chinas, norteamericanas, por ejemplo, la cosa nostra, la camorra, los yakusa que ya en la década de los 80 hicieron alianzas y pactos de colaboración con los carteles colombianos y mexicanos como el primer caso probado en 1988 en Aruba donde se celebró una cumbre entre representantes del Cartel de Medellín y de la Cosa Nostra siciliana para el envío de 565 kilos de cocaína a Castellmare, señalándose que sería el primero de una serie de envíos para que la Cosa Nostra obtuviera el monopolio del tráfico de cocaína en Europa Occidental.
Se producen entonces complejas actividades ilícitas, moviendo capitales de un país a otro con gran rapidez recurriendo a la corrupción para lograr sus objetivos, comprando jueces, policías, políticos o a la violencia para eliminar a los incorruptibles (Dickie, 2008). Con la globalización del crimen organizado los distintos grupos se dividen sus áreas de influencia en el planeta y establecen marcos permanentes de colaboración.
A finales del siglo XIX el crimen comienza a expandirse de unos continentes a otros. En la segunda mitad del XX aparecen conexiones entre diversos grupos que coordinan para establecer redes de tráfico, primero de droga y tabaco posteriormente de armas y personas, de todo aquello que proporcione jugosas ganancias. Fernando Bermejo, psicólogo y criminólogo da cuenta de múltiples encuentros en distintas ciudades del mundo entre diferentes actores de la criminalidad para coordinar sus operaciones y relaciones colaborativas y opina que para afrontar esta amenaza es preciso encontrar las fórmulas de colaboración internacional y acabar con la impunidad que estas organizaciones encuentran en Estados corruptos que se benefician de esta criminalidad a la que amparan narcoestados, paraísos fiscales, etc.
En América Latina, además de la presencia de los grupos criminales transnacionales, se vinieron asentando con propósitos terroristas actores estatales extremistas como Irán responsable del atentado a la AMIA en Argentina en 1983 relacionado con la muerte del fiscal del caso Alberto Nissman, Siria y Venezuela que se alió con actores no estatales insurgentes como las FARC y el FLN de Colombia, que incursionaron en el narco para financiar sus operaciones. Como resultado se creó un entramado de múltiples imbricaciones peligro potencial para la degradación de las sociedades, así como de la democracia y sus instituciones.
Es imposible gestionar eficientemente la crisis de inseguridad que nos agobia si no se toma en cuenta el contexto del crimen organizado transnacional debido a la interdependencia entre los países. Con mayor razón, no se llegará a soluciones eficaces si prevalece una perspectiva tan local de la problemática en las autoridades responsables de la toma de decisiones en los distintos poderes de nuestro Estado. Tampoco se puede combatir con éxito a un enemigo del que se desconoce su funcionamiento. A esta circunstancia se suma que ningún país está en condiciones de acometer solo el combate a un fenómeno que es transnacional por lo que resulta imprescindible la cooperación internacional y el cumplimiento de los compromisos internacionales en la materia como las convenciones de la ONU.
Internacionalista