Infancia sin escuela, pero con sueños: doña Josefina aprendió a leer a los 81 años
Tras una niñez marcada por el trabajo y la falta de oportunidades, Josefina Esquivel decidió retomar los estudios en la adultez. Hoy, a sus 81 años, cursa cuarto grado en una escuela nocturna de Alajuelita

Josefina Porras Esquivel. Crédito: Daniel González
Nació en 1944 y acaba de cumplir un sueño que llevaba décadas guardado en su corazón: aprender a leer. Doña Josefina Esquivel Porras estudia con cuaderno y lápiz en mano, con la emoción de quien descubre un mundo nuevo cada día.
La vecina de San Josecito de Alajuelita cursa actualmente el cuarto grado en la Escuela Ismael Coto Fernández, en la modalidad nocturna, donde asiste a clases dos veces por semana: lunes y martes.
"Yo veía que todo el mundo leía y yo no podía. Tenía que pedirle a mis nietas que me leyeran tal cosa, entonces dije: '¡Nombre! Yo voy a ir a la escuela, tal vez aprenda algo. Ahí estoy, ahí voy'", relata con una sonrisa la estudiante.
Cuenta que ha avanzado con su deseo de aprender a leer, aunque también ha descubierto nuevas pasiones, como los números.
"Me encanta que el profe me ponga los números", dijo Esquivel a CR Hoy. También contó que se siente apoyada por la comunidad educativa: "El profe, el director y las compañeras me quieren mucho. Apenas no voy, me dicen: '¡Ay, cómo la extrañé! ¿Por qué no vino?'".
Aunque aún no puede leer corrido, avanza con entusiasmo. "Sé que voy a poder leerlo corrido, porque ya estoy entusiasmada en leer", afirma.

Tareas realizadas por Josefina Porras Esquivel. Crédito: Daniel González
Infancia difícil
La infancia de esta mujer de 81 años fue dura y sin oportunidades de estudio. Creció en la zona sur del país, en medio de montañas, con largas distancias para llegar a la escuela y peligros que la mantenían en casa.
"Yo era el peón de la casa, sembraba arroz, maíz… Mi papá nunca me puso en una escuela ni me llevó. Las escuelas quedaban a dos o tres horas de camino, había tigres, animales, de todo. Yo nunca pude aprender a leer", recuerda.
A los ocho años ya debía salir a vender verduras en Golfito, mientras su padre se iba a tomar. "Me llevaba, me dejaba vendiendo todo y él desaparecía. Golfito lo conozco todo, porque anduve casa por casa vendiendo", cuenta.
En medio de esa vida de trabajo, encontró compañía en la población indígena guaymí, hoy conocidos como pueblo ngäbe. Con ellos compartió juegos, aprendizajes y hasta se escapó de su casa por varios días.
"Pasé una niñez muy trágica. Con los únicos que me comunicaba era con los indígenas", narra.
La oportunidad llegó de adulta
A los 12 años se trasladó a San Mateo de Alajuela con su abuela y, años más tarde, se fue a San José. Tuvo cinco hijos y posteriormente se casó con Ernesto Montero Rodríguez, a quien describe como un hombre bueno, que apoyó la educación de ellos.
"Él puso a todos a estudiar. Como era estudiado, les ayudaba, entonces yo estaba tranquila", recuerda.
Su esperada oportunidad llegó de adulta, ya que hace cuatro años decidió dar el paso. "Ya ahora, después de vieja, se me ha metido que yo quiero aprender a leer. Aunque sea un poquito, voy a leer", asegura.
Por su parte, su hijo, Rogelio Esquivel, indicó a CR Hoy sentirse muy orgulloso de doña Josefina e incluso quiso dedicar algunas palabras.

Mensaje a los jóvenes
Antes de despedirse, Porras dejó un consejo a quienes hoy tienen acceso a la educación:
"Estudien todo lo que puedan ahora que tienen la oportunidad. Ahora está todo a mano: las escuelas, los colegios… nada más es tener ganas de estudiar. Y los jóvenes que están en el colegio y se salen, que vuelvan, por los que no pudimos. El estudio es lo más importante que hay."
Puede acceder a la entrevista de doña Josefina a través de las redes oficiales de CR Hoy.