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“Imagen ecológica de Costa Rica es un mito”, dice ambientalista

Recibió un disparo en emboscada donde asesinaron a ecologista hondureña

Por Pablo Rojas | 13 de Sep. 2016 | 12:04 am

Es el principal testigo del crimen de la ambientalista hondureña Berta Cáceres, asegura que su cabeza tiene precio en Honduras y no vive tan tranquilo después de la noche del 3 de marzo, cuando presenció el asesinato a balazos de su colega en una casa ubicada en el departamento de La Esperanza.

Seis meses después del crimen -aparentemente motivado por la oposición a un proyecto hidroeléctrico- Castro está en Costa Rica por segunda ocasión en su historia. Con pulseras en sus manos, camiseta oscura y una camisa desabrochada, aún guarda muchas preguntas sobre lo ocurrido.

Sin embargo, tiene claro que la lucha hay que darla y que los trabajos de los ambientalistas no responden a intereses personales. Es algo que va más allá. Por eso está aquí, dando su lucha y exponiendo puntos de vista sobre el discurso ambiental costarricense. 

"Costa Rica es una gran interrogante. Al mismo tiempo hay esa imagen de país verde y sustentable. Pero, ya conociendo un poco más, nos damos cuenta que esa imagen es un mito y hay los mismos problemas", expuso Castro, en entrevista con CRHoy.com.

Castro es activista mexicano y el único testigo del crimen de Cáceres. CRH

Castro es activista mexicano y el único testigo del crimen de Cáceres. CRH

El ambientalista, oriundo de Chiapas (México) es uno de los expositores del Congreso Latinoamericano sobre Conflictos Ambientales (Colca 2016). Según dice, en Costa Rica también se percibe resistencia a grandes proyectos hidroeléctricos o al uso de químicos en la agricultura.

"Esto se ve en la piña, en los cultivos o incluso en la palma aceitera. Es un país de contrastes, como que su imagen es muy distinta y hay muchas problemáticas que se están viviendo. No es equiparable Costa Rica con otros países, sin embargo me voy encontrando con gente, comunidades y organizaciones interesantes que están luchando por el medio ambiente aquí", citó el activista.

"En Honduras mi cabeza tiene precio"

Castro pasó casi un mes retenido en Honduras tras el crimen de Cáceres y permaneció refugiado en la Embajada de México por temor a represalias.

No es para menos: estuvo en el sitio la misma noche en que asesinaron a Cáceres y un disparo de uno de los sospechosos rozó su oreja. El balazo no fue suficiente para acabar con él y esa infalibilidad lo hizo –al mismo tiempo- un testigo valioso y un blanco deseado.

"Ya eran muy recurrentes las amenazas (contra Cáceres) por la lucha contra el proyecto hidroeléctrico Agua Zarca.  Nunca pensé que sería en ese momento que la asesinarían; luego me enteré que en meses previos hubo intentos de matarla", expresó el mexicano.

No está convencido de la efectividad o transparencia de las autoridades policiales de Honduras ni ya tampoco con el gobierno. Sospecha que Cáceres era un obstáculo no solo para empresarios, sino también para los intereses de los grupos de poder que manejan ese país.

"No pienso regresar a Honduras. No en este gobierno y mientras las condiciones subsistan (…) Políticos y muchos funcionarios están involucrados en intereses", señaló Castro.

El ecologista lidera la organización Otros Mundos, reitera que no abandonará la lucha por proteger los Derechos Humanos y apuntó que lo hecho por Berta multiplicó la lucha en 'todos los pleitos'.

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