(Fotos) Salvadoreñas transforman con murales un barrio marcado por las pandillas

Por AFP
22 de Oct. 2026 | 11:24 am

En un barrio de El Salvador donde la MS-13 marcaba su territorio con grafitis, tres salvadoreñas pintan pájaros, flores y paisajes. Sus murales multicolores buscan hacer frente a las secuelas de la violencia de las pandillas y a la exclusión histórica de las mujeres en el arte.

Con paletas, pinceles y aerosoles, Patricia Vega, Marcela Alvarenga y Elizabeth Guardado ayudan a cambiar el rostro de la colonia 10 de Octubre, un laberinto de casas humildes y calles empinadas donde, hace unos años, era imposible entrar sin permiso de un pandillero.

"En mi vida hubiera pensado meterme aquí", dice Vega en una de las callejuelas del barrio, ubicado en la localidad de San Marcos, a unos 10 kilómetros de San Salvador.

La joven, de 30 años, recuerda que las mujeres eran "blancos" de la violencia machista de los pandilleros y que crecían escuchando advertencias de sus padres sobre los lugares que debían evitar.

La Mara Salvatrucha (MS-13) y Barrio 18 controlaban el 80 % del territorio salvadoreño, según datos oficiales, pero fueron desmanteladas durante la ofensiva que inició el presidente Nayib Bukele en 2022, una estrategia que organizaciones no gubernamentales señalan por sus graves violaciones de los derechos humanos.

La colonia 10 de Octubre fue cercada en 2024 durante un operativo que dejó cientos de capturas. Desde entonces, militares y policías patrullan permanentemente la zona y, en muchas ocasiones, se detienen a observar las pinturas.

"El mural representa un antes y un después", dice Alvarenga, de 27 años, al destacar la satisfacción que siente de contribuir a la "reconstrucción" de un lugar del que antes se podía salir sin vida.

Miedo a sobrevivir

En una de las escaleras del barrio, Guardado pasa un rodillo con pintura verde sobre una pared descolorida en la que todavía se lee "Hollywood", el nombre de la clica (célula) de la MS-13 que dominaba la comunidad.

Las tres muralistas viven en Mejicanos, una localidad situada a 15 kilómetros de allí que también estuvo plagada de pandilleros. Desde niñas, aprendieron a mantenerse alerta.

Vega llama a esa sensación "miedo de la supervivencia" y, aunque el lugar ha cambiado, prefiere no contarle a su madre dónde estaba pintando para no preocuparla.

Ese temor persiste entre los vecinos. Varios se detuvieron a admirar los murales, pero rehusaron hablar con la AFP para evitar ser identificados por los "remanentes" de las pandillas que, según aseguran, todavía existen.

La mujer de la casa cuya pared Guardado pintó para cubrir el grafiti se mostró discretamente satisfecha de que desapareciera un símbolo de la violencia que marcó a su comunidad.

Más que musas

Vega, Alvarenga y Guardado son las primeras mujeres invitadas por PigmenTrip, un colectivo que busca transformar comunidades y fomentar la inclusión social mediante el arte urbano, para intervenir las paredes de la colonia 10 de Octubre.

Para Guardado, pintar los muros también significa "romper barreras" sociales. "Es una forma de empoderarme como mujer, joven y profesional", dice.

"No es algo fácil de conseguir. Es una gran oportunidad y un gran reto por ser mujeres y jóvenes. Tenemos que irnos abriendo caminos y ser lumbreras para otras", agrega la joven de 30 años.

Sin embargo, reconoce que, fuera de esos muros, las mujeres aún enfrentan obstáculos en el mundo del arte, donde suelen relegarlas al papel de "musas" o "ayudantes" de los artistas hombres, mientras el acoso persiste.