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Reportaje Especial

Familia venezolana sobrevivió al Darién y ahora vende prestiños y hace peinados para salir adelante

Familia fue secuestrada por varias horas

Por Rachell Matamoros | 10 de Nov. 2024 | 9:01 am

La historia de Adri Rico, de 29 años, junto a su esposo es de esas que no se olvidan, donde se mezcla la valentía, el sacrificio y esperanza con tal de darles un mejor futuro a sus cuatro hijos.

Desde un rincón de Venezuela, Adri con su pareja y sus pequeños decidieron dejar atrás su hogar en buscar de una mejor vida. Empacaron unas cuantas mudadas junto a sus ahorros para encaminarse al temido Darién.

Según contó Adri a crhoy.com, todo inicia con el viaje en unos cuantos buses que los llevaba hasta una zona donde tenían que tomar una lancha, la cual los iba a adentrar a mar abierto por dos horas. Sin salvavidas, ni nada que los protegiera, solo la esperanza de que llegarían con vida al otro lado.

Nosotros salimos de Venezuela rumbo a Colombia, estando en Colombia pagamos buses para llegar a una zona que se llama Necoclí y después pagar una lancha que nos llevaba a Capurganá (ambos lugares en Colombia). En esa lancha duramos muchas horas en mar adentro y el saber que ya íbamos encaminados para comenzar el recorrido en la selva uno entra en desespero, con nervios y ganas de vomitar (…)

Nosotros solo pensábamos que íbamos a entrar a una selva, con culebras, animales y gente por la zona, pero no sabíamos todo lo que nos esperaba y lo que teníamos que vivir ahí adentro. Teníamos que durar siete días y duramos 14 en la selva, contó Adri.

Ya en la zona donde tenían que llegar (a Capurganá en Colombia) encontraron a un grupo de personas con armamento pesado, es decir, "mafiosos". Según cuenta, esas personas les metía terror a todos los migrantes que llegaban y pedían de pago 100 dólares por cabeza para dejarlos pasar.

"Si no pagábamos, nos mataban. A nosotros nos secuestraron por tres horas, donde no nos dieron comida ni nada. Si no pagábamos la cantidad de dinero teníamos que esperar entre tres a cuatro días. Estuvimos como en un lugar con paredes, grande", detalló.

Horas y horas de caminata

Tras pagar el dinero que tenían que dar al grupo de armados, fue cuando lograron seguir el camino para adentrarse a la temida selva del Darién. Ella con su familia tenían que caminar desde las 5:00 a.m., hasta las 6:00 p.m.

Se comía una vez al día y lo que se comía era arroz cocinado a la leña, una masa horrible, y era lo que teníamos que darles a nuestros hijos. Ese arroz se hacía con agua del río, agua marrón, negra y con eso se cocinaba.

Nosotros caminábamos desde la madrugada hasta las 6 o 7 de la noche y a esa hora no se ve nada, uno se pierde, es horrible. El primer día que comenzamos a caminar el Darién llegamos a un lugar que era como un barrial, se nos enterraban los pies y no podíamos caminar, estábamos cansados, ahí fue cuando un muchacho haitiano nos dijo que nos podía ayudar con mi hijo y como caminaba rápido se nos perdió y pasaron varias horas donde no sabíamos de mi hijo, fue una desesperación, y ya cuando logramos pasar encontramos a mi hijo con una familia ecuatoriana, ellos lo cuidaron y alimentaron mientras nosotros llegábamos, contó entre lágrimas Adri, por el recuerdo de esos momentos tan difíciles que pasaron.

Familia venezolana. Los cuatro hijos de Adri y su esposo.

Al siguiente día, mientras cruzaban un río, tanto ella como su familia estuvieron cerca de perder la vida, esto por un remolino que se hacía, donde cientos de personas han muerto tratando de cruzar el sitio.

Ya en la selva, casi nos morimos mi esposo, mi familia y yo, porque nosotros veníamos en una parte donde había un remolino y el agua primero nos daba por los talones y cuando ya nosotros estábamos más metidos el agua ya nos llegaba por el mentón a mi esposo y a mí. Mi esposo mide 1.80 y yo 1.60 y ya yo me estaba ahogando, imagínese mis hijos, que mi hija es más chiquita que yo y mis niños son chiquiticos, entonces, mi niña tiene 11 años, el otro tiene 9, el otro tiene 6 años y la otra pequeñita tiene 4, entonces ellos se estaban ahogando y gracias a Dios había una familia de haitianos al otro lado que nos ayudaron a pasar. Hubo personas que perdieron la vida.

Nosotros veíamos morir a muchas personas, fue espantoso, había un muchacho dentro de una tienda de campaña que tenía medio cuerpo adentro y medio cuerpo afuera, el muchacho había muerto, tenía como dos días de muerto, estaba inflado y mis hijos tuvieron que ver eso o un señor que estaba sentado, como que murió de un infarto porque él tenía la mano en el pecho, aseguró Adri.

Posterior a ese trágico momento, llegando a territorio panameño, fue cuando las cosas comenzaron a ponerse aún peor, cuando toparon con personas igualmente armadas, que incluso les dieron de comer zopilote a punta de engaños.

Además, tuvieron que presenciar muertes y hasta abusos durante ese recorrido. Sin embargo, cuando lograron llegar a un punto de ayuda, pudieron establecerse un mes en Panamá, para posteriormente migrar a Costa Rica.

Familia emprendedora en San Carlos

Actualmente, esta familia venezolana reside en el sector de Ciudad Quesada, en San Carlos, Alajuela.

El objetivo de ellos era seguir su paso a Nicaragua para llegar a México y finalmente llegar a Estados Unidos, no obstante, la calidez y ayuda de los ticos hizo que ellos tomaran la decisión de quedarse en el país, ya que además, México para ellos es un país donde sus hijos correrían riesgo.

Con ventas de prestiños y peinados a base de trenzas es como esta familia trata de salir adelante. De momento, Adri trabaja en la acera del supermercado Global en el centro de Ciudad Quesada, donde sus clientas llegan para realizarse diversos peinados y trenzas.

Mientras que su esposo vende prestiños en el semáforo que se encuentra a unas cuantas cuadras. Si usted desea contactar a Adri para sus peinados, puede hacerlo a través de su página en Instagram, como "Trenzados Adri" o incluso si desea hacerle llegar una donación económica para que se ayuden, pueden hacerlo a través del sinpe móvil 7054-5883.

De momento, esta familia está requiriendo de ayudas para conseguir una cama, además de un celular para tratar de comunicarse en caso de emergencia.

La familia de Adri es un testimonio de lo que significa la resistencia humana, de cómo la esperanza puede ser la última luz en la oscuridad. Aunque aún no han alcanzado todos sus sueños, ellos permanecen unidos, con las fuerzas, para empezar de nuevo en un país distinto.

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