Tres horas y media después: lo que nos dejó el debate presidencial de ¡OPA!
'Se busca presidente: El gran reto' apostó por un formato y lenguaje más cercano al entretenimiento. La ausencia de la candidata oficialista marcó para bien el clima del intercambio, mientras la duración excesiva y algunas decisiones de producción jugaron en contra del fondo político

El debate presidencial organizado por el canal ¡OPA! apostó por diferenciarse del molde tradicional y lo consiguió. Lo hizo con innovación, con un formato propio y con una puesta en escena que rompió con décadas de careos políticos previsibles. Pero también pagó el costo de esa apuesta: una transmisión de tres horas y media, insufriblemente larga, cargada de explicaciones y dinámicas que terminaron diluyendo el impacto de las intervenciones.
El ejercicio se realizó en el marco de Se busca presidente: El gran reto, transmitido en vivo desde El Mercadito, en barrio La California, una locación inusual para un debate político y que terminó siendo uno de los grandes aciertos de la noche.
A pocos días de las elecciones del 1° de febrero, el debate evidenció que si bien la contienda en apariencia luce fragmentada, de fondo lo que tiene es una mayoría de aspirantes con más coincidencias que choques ideológicos, una vez que quitamos de la discusión a la candidata oficialista. Y si bien estos ejercicios difícilmente cambiarán el voto de quienes ya están decididos y probablemente tampoco inclinen de forma determinante a los indecisos, siguen siendo una vitrina relevante para contrastar estilos, equipos y formas de entender el poder.
Ocho invitados de veinte
De las 20 personas que estarán en la papeleta presidencial, ¡OPA! invitó a ocho de los aspirantes más reconocibles: Natalia Díaz Quintana (Unidos Podemos), Claudia Dobles Camargo (Coalición Agenda Ciudadana), Fabricio Alvarado Muñoz (Nueva República), Álvaro Ramos Chaves (Liberación Nacional), Eliécer Feinzaig Mintz (Partido Liberal Progresista), Juan Carlos Hidalgo Bogantes (Unidad Social Cristiana), Ariel Robles Barrantes (Frente Amplio) y José Aguilar Berrocal, del Partido Avanza, quien fue incorporado de último tras confirmarse la ausencia de Laura Fernández, del Partido Pueblo Soberano.
Hay que decirlo sin rodeos: no tener a la candidata oficialista afectó el debate, pero para bien. Cuando Fernández participa en este tipo de foros —algo poco frecuente— la tensión se eleva y los calificativos abundan, tanto hacia ella como desde su atril. Esta vez, sin ese némesis común al que todos adversan, el intercambio fue mucho más constructivo, privilegiando las ideas por encima de la polémica.
Fue refrescante, después de cuatro años marcados por un lenguaje confrontativo en la política nacional, propiciado desde Zapote por un presidente altanero y su séquito complaciente, volver a tener espacios para la contrastación de propuestas concretas.
Eso sí, la excepción, sin ninguna sorpresa, fue Fabricio Alvarado, quien llegó, como es habitual, a la defensiva y con los tacos de frente, en un registro que ya forma parte de su marca política y que contrastó con el tono general del resto de aspirantes.
Además, la ausencia de la candidata chavista le abrió la puerta a Aguilar Berrocal, quien se suma a los debates como el "novato del año": el debutante que logró despegarse del amplio pelotón de candidaturas minoritarias sin peso suficiente en las encuestas. Ese salto implica mayor visibilidad y cuestionamientos de mayor calado, como los que le lanzó Juan Carlos Hidalgo al confrontarlo por sus posturas controversiales en temas como la vacunación. Es el costo —y también la señal— de haber entrado al Juego de Tronos.
Innovación en el formato: acierto y un gran pero
El programa rompió con el molde tradicional que durante años marcó los careos presidenciales, heredado del bipartidismo y luego ampliado conforme el sistema político se fragmentó y nuevos actores, muchos con fuerte presencia en redes sociales, entraron en escena.
El debate de Opa fue distinto, sugerente, muy suyo. En lugar del careo frontal, apostó por múltiples segmentos, dinámicas variadas y participación de expertos que cuestionaron a los aspirantes sobre temas específicos. Cada candidato preparó sus respuestas acompañado de figuras de su entorno. Sin embargo, el principal problema del formato fue su duración. Al tratarse de dinámicas nuevas, la producción recurrió a explicaciones extensas, con segmentos instructivos que en varios momentos resultaron casi tan largos como las propias respuestas de los políticos. El programa se alejó del debate político tradicional para adentrarse en un terreno más cercano al entretenimiento, con ecos de concursos de talentos y certámenes de belleza.
Eso suma valor como espectáculo, pero convierte la transmisión en una experiencia maratónica que exige demasiado del televidente y termina jugando en contra de la claridad del mensaje.
Aún así, este tipo de ejercicios le reportan réditos claros a ¡OPA!, una televisora pequeña si se le compara con Teletica o Repretel, pero que claramente aspira a más. No sería extraño que para muchos televidentes esta haya sido la primera vez que sintonizaron el nuevo canal 38.
Sabida es, además, la afinidad de la televisora con la causa chavista. No es secreto: así ha sido su tratamiento de informaciones generadas desde Zapote y el propio propietario del canal fue hasta hace poco parte del comando de campaña de Laura Fernández. Aun así, hay que reconocerlo: los colores no se le echaron de ver a ¡OPA! en la transmisión de este domingo por la noche.
En la producción se notaron manos conocidas, como la de Gastón Carrera, ideólogo en Costa Rica de algunos de los grandes éxitos históricos de Repretel —especialmente A todo dar—, y Frederick Fallas, durante años cabeza de Informe 11 y hasta hace poco coordinador de producción de formatos de la televisora de La Uruca. Esa experiencia se reflejó en un programa que, aunque con trasfondo político, se manejó más desde el lenguaje del entretenimiento televisivo que desde los formatos noticiosos acartonados y predecibles.
Además, la elección del El Mercadito como sede del debate fue un acierto. Sacar la transmisión de un estudio televisivo tradicional y apropiarse de un espacio urbano, visualmente atractivo, permitió que los candidatos se movieran con mayor libertad e incluso interactuaran entre los distintos bloques. El ambiente fue distendido, incluso cómodo, tanto para los aspirantes como para la audiencia, lo que ayudó a bajar tensiones y a alejar el ejercicio del ritual rígido del debate clásico.

Expertos y rotafolios
Uno de los bloques centrales fue el de los expertos, quienes plantearon casos prácticos que los candidatos debían resolver con marcadores, papel y rotafolios, en un formato más cercano a una clase universitaria que a un programa político tradicional. La idea, en principio, fue atractiva y ayudó a ver a los políticos en un registro menos confrontativo y más aterrizado.
También fue interesante identificar quiénes son los alfiles de cada candidato: especialistas que acompañaron al aspirante y participaron del ejercicio frente a la consulta. Esto permitió verlos no solo como individuos con el deseo personal de ser presidentes, sino como líderes de equipos de trabajo.
Sin embargo, el segmento tuvo problemas. Muchos de los expertos eran rostros nuevos para la audiencia, con criterios que podían resultar tan discutibles como los de los candidatos que evaluaban. Además, varias preguntas fueron excesivamente largas y complejas, más propias de una defensa de tesis universitaria que de un programa televisivo, y el uso de "tarjetas" para emitir una suerte de veredicto resultó inapropiado: que solo un candidato recibiera tarjeta roja abre la puerta a suspicacias innecesarias.
Careos
Los careos entre candidatos fueron, en general, cordiales. Claudia Dobles y Álvaro Ramos se profesaron mutuo respeto; Natalia Díaz y Eliécer Feinzaig evitaron golpes mayores, conscientes de las similitudes en sus propuestas; Juan Carlos Hidalgo y José Aguilar mostraron algo más los dientes, aunque sin perder la compostura.
Donde sí saltaron chispas fue en el intercambio entre Fabricio Alvarado y Ariel Robles. Ambos buscaron desacreditar al otro, aunque el frenteamplista logró colocar golpes más efectivos frente a un aspirante evangélico que volvió a refugiarse en lugares comunes y respuestas de machote.
La conducción y un "after game" fuera de lugar
La conducción estuvo a cargo de Douglas Sánchez y Jorge Obando, en un registro sobrio, aunque por momentos extenso. Ambos son los rostros de ¡OPA! en noticias y cobertura política y la televisora apostó fuerte por darles protagonismo, al punto de que probablemente pasaron más tiempo en pantalla que cualquiera de los aspirantes presidenciales.
También resultó prescindible, al menos en el lugar en que se insertó, el bloque de análisis dirigido por Gilberto Valencia junto a dos especialistas, planteado como un comentario de medio tiempo al estilo futbolero. Ese espacio alargó innecesariamente la transmisión y habría funcionado mejor como análisis posterior, ya con el debate concluido, a modo de after game.
Los anuncios: catálogo de la nueva política
Mención aparte merecen los anuncios pagados, que ocuparon buena parte de los segmentos publicitarios. Hubo abundante pauta de Natalia Díaz, Claudia Dobles, Álvaro Ramos, Eliécer Feinzaig, Fabricio Alvarado y Juan Carlos Hidalgo.
El conjunto bien podría servir como caso de estudio en cursos universitarios de comunicación política. Se vieron piezas de notable calidad, como el anuncio de Álvaro Ramos que aludió a un episodio de violencia en una escuela de Juan Viñas, junto a otras francamente incómodas, como las de Natalia Díaz, que rozaron lo cringe por su tono acartonado y forzado.
En el medio, Hidalgo quitándo vendas, Feinzaig en un registro cercano al sketch televisivo y Fabricio recurriendo al mismo tono recalcitrante de 2018 y 2022. Todo ello como parte de una nueva estética política: candidatos sin corbata, más distendidos, incluso informales para los estándares de generaciones anteriores. Y en esto, todos los gestos cuentan, sean las tenis Adidas de Hidalgo o la sutileza de Claudia Dobles para amarrarse el pelo en una cola antes de dar una respuesta.
El debate de ¡OPA! —aunque la televisora insistió en enmarcarlo como otro tipo de producto— no fue perfecto, pero fue distinto, y eso ya se agradece. Sin duda le quedan amplias oportunidades de mejora, especialmente en duración y foco.
Con las elecciones a la vuelta de la esquina, a todos nos hacen bien nuevas formas, más propositivas, de guiar al votante frente a una instancia decisiva. En esto, ¡OPA! se salió para bien del molde. Ahora toca afinar.
Programa: Se busca presidente: El gran reto
Canal: ¡OPA!, Canal 38
Conductores: Douglas Sánchez y Jorge Obando
Horario: Domingo, 18 de enero (transmisión en vivo de tres horas y media)
Lugar: El Mercadito, barrio La California