Tica fue elegida para homenaje a uno de los directores de orquesta más reconocidos del mundo
Fuera de las fronteras costarricenses, grandes artistas nacionales dejan en alto no solo su nombre, sino también la bandera de Costa Rica, demostrando el talento y el potencial que existe en el país. Ese es el caso de Gimena Sánchez, cantante lírica que recientemente se graduó de la prestigiosa escuela The Juilliard School, una de las academias más reconocidas de Nueva York.
Sánchez permaneció 4 años en esta institución, donde se destacó como una de las mejores estudiantes en diversas áreas: teoría musical, humanidades e historia de la música. Esa constancia la llevó a recibir uno de los máximos galardones otorgados por la academia: el John Erskine Prize, que premia logros académicos y artísticos, según indica el sitio web oficial de la institución.
Durante su etapa en Juilliard, Sánchez enfrentó momentos difíciles, como el desafío de estar lejos de su tierra natal. Sin embargo, su sueño fue siempre su mayor motivación. No solo logró graduarse, sino también ser reconocida como una de las grandes artistas de su generación. En su acto de graduación, portó con orgullo un collar con la bandera de Costa Rica.
Ese día, los premios la tomaron por sorpresa. Pero más allá de la emoción por el reconocimiento, fue elegida para presentarse como una de las cantantes en la ceremonia. Para ella, ese momento fue un sueño hecho realidad: pasar de cantar en escuelas o colegios a hacerlo en una de las instituciones más prestigiosas del mundo.
Sánchez tuvo el honor de rendir homenaje al maestro Gustavo Dudamel, uno de los directores más reconocidos del mundo y actual titular de la Orquesta Filarmónica de Nueva York. El momento fue profundamente simbólico, ya que Sánchez siempre ha admirado su trabajo.
He seguido su carrera desde que comencé a cantar. Estaba enamorada de todo lo que él hacía. La canción que interpreté era un homenaje para él y fue curioso, porque cuando empecé a cantarla me di cuenta de que la conocía: era una de las que mi papá solía cantar en casa. La conexión fue increíble, relató Sánchez.
¿Cómo comenzó la historia de Gimena en la música? Para muchos, llegar tan lejos puede parecer imposible, pero la historia de Sánchez demuestra lo contrario. Su camino está lleno de esfuerzo, disciplina y pasión, lo que la convirtió en una de las pocas costarricenses graduadas de Juilliard.
Desde muy pequeña, la música estuvo presente en su vida. Su papá y su abuelo tocaban el saxofón, y ella pasaba el tiempo cantando. Su madre, al notar su talento, decidió inscribirla en una academia de música en San José.
Allí permaneció unos 5 o 6 años perfeccionando su voz, pero su inquietud por seguir aprendiendo la llevó a audicionar para la etapa básica de la Universidad de Costa Rica (UCR), donde estudió durante dos años. Fue entonces cuando tomó la decisión de preparar audiciones para distintas instituciones en el extranjero.
Era un año de pandemia, así que las audiciones eran virtuales. Pensé que era una gran oportunidad para aplicar a todas partes sin tener que viajar. Con la ayuda de mis profesores de la etapa básica armamos un plan. Grabamos con distanciamiento entre el pianista y la cantante, explicó Sánchez.
Para ella, compartir su historia es una forma de inspirar a quienes sueñan con estudiar en el extranjero: demostrar que sí es posible y que no deben dudar en intentarlo.
En Costa Rica hay mucho talento, y Sánchez, junto a otros artistas nacionales que han llegado a Juilliard, lo confirma. Sin importar las circunstancias, los jóvenes artistas costarricenses demuestran que el talento puede más que cualquier adversidad.
El arte es lo más crucial que puede existir, porque somos quienes mantenemos viva la creatividad de una sociedad. Damos un respiro, enseñamos desde el corazón. Eso es lo que me motiva cada día: cómo el arte puede abrir puertas y ampliar la visión del mundo que tenemos, concluyó.

