Mundo insólito – Moda asesina

crinolinas
(CRHoy.com) – La belleza y la moda forman un histórico y peligroso tándem que, aún en nuestro tiempo, la mujer sigue sin entender ni dosificar.
Este extravío proviene desde los tiempos de sus trajes espumosos de faldas almidonadas y armazones de tela y varilla del siglo XV, hasta el actual, de ropas ajustadas, tacones altos y dietas criminales.
La crinolina, creación del Paris de mediados del siglo XIX, era por ejemplo una suerte de atuendo-jaula tan incómoda que transformó la arquitectura de las casas para que ellas pudieran entrar y salir.
Era, además, todo un riesgo en una época en que, debido a su aparatosidad, podía incendiarse muy fácilmente si quienes la lucían se acercaban más de la cuenta a chimeneas, lámparas o cocinas.
Tanto así que, en 1858, el New York Times informó de que ese tipo de vestuario producía alrededor de tres muertes por semana…Hasta que una de las peores desgracias ocurrió apenas cinco años después.
En una iglesia de Santiago de Chile murieron, en un incendio devastador, más de 2000 personas que, en medio del pánico, no pudieron escapar del fuego en parte debido a la multitud de mujeres con crinolinas.
Por aquellos tiempos se daba el caso también de mujeres que asistían al teatro luciendo guardainfantes (indumentaria que ocultaba los embarazos) o ahuecadores y que, para el acomodador, eran todo un dolor de cabeza debido a que por sus armazones no cabían en las sillas, ni caminando, ni en ninguna parte.
El Teatro Continental de Filadelfia fue testigo de la muerte de nueve bailarinas víctimas de las llamas de sus propias faldas, para no mencionar a las tres mil mujeres que murieron de la misma forma a lo largo de una década.
Otra pieza peligrosa del vestuario femenino fue el famoso corsé que las damas de la aristocracia y nobleza se encajaban para lucir un talle exquisito, unos pechos erectos y un caderamen de diosa mitológica.
Los médicos de entonces lo dejaron muy claro: debido a la presión que ejercía alrededor de la cintura, el corsé causaba deformaciones graves en el cuerpo al punto de lesionar varios órganos, alterar las costillas y afectar la respiración.

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Lo confirmó la investigación del especialista estadounidense Robert Latou al concluir que un 20% de las mil mujeres estudiadas que usaban esa prenda habían sufrido una sensible pérdida de su capacidad pulmonar respiratoria.
El asunto es que han pasado muchos años de modas, estilos y vanidades, pero el peligro para las mujeres aún sigue latente si se toma en cuenta, por ejemplo, las dietas suicidas a las que innecesariamente se someten para verse más flacas.
Si bien ya no podemos culpar del todo al corsé, los pantalones, blusas, sostenes, mallas, shorts y leggings apretados las obligan a mantener posturas peligrosas para el cuello, la cadera, la espalda, los brazos y todo el organismo en general.
Ni qué decir de los tacones altos, altísimos, que usan a lo largo de muchas horas en detrimento de los tobillos, pies y columna, para no hablar de los enormes y pesados bolsos, químicos peligrosos para alaciar el pelo, maquillajes vencidos y tatuajes y piercing practicados por gente inexperta.
Pero el tema no acaba aquí: las cirugías plásticas nos llevarían por un extenso camino sembrado hoy de muchas víctimas que, llevadas por la vanidad, fallecieron en su intento por practicarse una liposucción, como es el caso de Costa Rica.
Además de este procedimiento, el agrandamiento de glúteos, la remodelación del abdomen y los implantes mamarios son las tres prácticas de mayor demanda en el país, y en el mundo, no exentas de riesgos.
